Aprovechar la vida VI. El factor

Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.  

Concepción Arenal

Un factor es cada uno de los números que se multiplican para obtener un resultado. Aprovechar la vida depende inmensamente de esa capacidad que tengamos de contemplarnos a nosotros mismos como ese o esos factores. De nosotros depende qué elegimos hacer mayor o menor en la vida, que tenga mayor o menor peso o impacto, incluso podemos nulificar o simplemente hacerlo desaparecer y reconquistar un punto cero, un nuevo lugar de partida.

Imagine ese gran poder que tenemos si nos enfocamos en ello. Imagine cuánto mejor sería su vida si descubriese ese arte de multiplicar lo bueno, minimizar lo malo e incluso hacer desaparecer para sí mismo aquellas circunstancias o consecuencias que a nadie benefician. Es como pensarse a uno mismo como un filtro, un control de seguridad y de calidad para la vida. Porque no todo merece nuestra atención, porque no siempre le damos el valor que tienen los momentos favorables, y porque tantas veces confundimos un problema con una solución.

Y sí, hay circunstancias que consideramos un problema cuando, en realidad, traen consigo más solución que problema… Aquella gente que se va, aquellos espacios de donde uno decide removerse, aquellos temas que por años se regocijaban en nuestra mente sin ninguna piedad o control hasta que pensamos distinto… o aquellos sentimientos que creímos irrenunciables y aprendimos a vivir con ellos desde otro lugar. Todo eso es llamado problema, cuando resulta ser una solución, simplemente comprendiendo el poder que tenemos de hacer algo como el factor multiplicador que somos en nuestra vida y el impacto que permitimos o no que nos causen. Créame, no es sólo el tiempo el que pone las cosas en su lugar, tampoco es su cerebro por sí mismo el que va aclarando sus ideas, ni su sistema nervioso el que se equilibra por obra de gracia. Es uno mismo el que se empeña en dirigir a su favor todo lo anterior, no es sólo la voluntad, sino el empeño, la disciplina y ese factor es comprender que no somos la consecuencia de lo que nos sucede, sino la causa y, cuando la causa se modifica todo cambia y se transforma.

Ésa es la clave de convertirnos en el factor, en una especie de gestor absolutista sobre nuestra propia vida. En ese control que permite la entrada, coordina las salidas, y ejecuta el cumplimiento de la norma con la que se ha prometido. ¿Sencillo? No, pero sí mucho más que seguir viviendo como alfil de todo lo que sucede en el tablero de una vida que no hemos querido ni dirigir ni defender ni analizar ni reflexionar, ni cambiar o quizá porque viven en otros tableros o se dedican a mirar su vida y vivir a través de otros más… o porque simplemente han heredado un tablero en el que están dibujadas todas las jugadas y se han adherido a él. Y la vida se trata de hacer uno su propio tablero y refinarlo, y si hace falta, cambiar las reglas de su propio jugo.

Por eso insisto, mi querido lector, aduéñese de ese poder que tiene para multiplicar lo bueno, para factorizar correctamente sus prioridades, sus circunstancias reales, sus anhelos, e incluso sus problemas reales. Enfóquese en su propio tablero y recuerde que siempre tendrá un cero que, a pesar de su mala fama, es bueno, muy bueno, un cero que tiene el poder de editar y hacer desaparecer lo que ya no corresponde en su vida a cualquier nivel. Un cero que le da la oportunidad de volver a empezar…

Un cero que puede ser la nada, y a su vez un todo, un infinito lleno de posibilidades para usted, un nuevo punto de partida, un antes y un después, un problema que es su más grande solución. Deje de mirar la vida esperando que cambie, porque no lo hará, la vida sólo es vida: una línea de tiempo en la que cada uno es quién elige qué hacer, cómo y con quién compartirla mientras ella transcurre. Aproveche ese tiempo y su propio poder. Como siempre usted elige. ¡Felices factores, felices vidas!

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