Ser padre hoy

Miles de madres tienen, por técnicas de reproducción asistida u otros medios, hijos en soledad. Ellas privan a sus hijos del derecho a tener un padre y los condenan a la orfandad, incluso antes de nacer.

Por: María Calvo Charro*

Ser padre se ha convertido en algo heroico. Los padres actuales que quieren implicarse y ejercer de forma adecuada la función paterna con sus hijos se convierten en héroes que han de hacer esfuerzos titánicos para que el ejercicio de su paternidad no resulte censurado, limitado o, en último término, eliminado por ser considerado inadecuado o perturbador. El padre actual se enfrenta a un nuevo reto antes desconocido: la necesidad de aunar algunos de los atributos y virtudes de la paternidad propia de tiempos pasados, hoy en desuso y denostados, pero imprescindibles para el correcto ejercicio de la función paterna.

La realidad es que muchos padres no pueden ejercer su función paterna en plenitud y libertad. No se les deja, se les excluye de la relación paternofilial, se les vulnera su derecho al ejercicio de la paternidad. En ocasiones, porque se prescinde de ellos desde el inicio; miles de madres tienen, por técnicas de reproducción asistida u otros medios, hijos en soledad. Ellas privan a sus hijos del derecho a tener un padre y los condenan a la orfandad, incluso antes de nacer. En otras ocasiones, porque resultan expulsados del núcleo familiar y privados de la relación nutriente y enriquecedora con sus hijos por madres que les consideran poco aptos o perturbadores.

Existe una cultura que ha desacreditado la sensibilidad del padre para educar a sus hijos. Lo que el código masculino consideraba decisivo para el crecimiento de los descendientes se presenta como peligroso o no apto. Se ha extendido la idea de que los padres son prescindibles. El padre es el “innominado y eliminado”.

La ausencia de padre tiene consecuencias para toda la vida, incluso para las generaciones posteriores. La gran pérdida cultural no es del padre en sí mismo, sino de la paternidad como función insustituible y esencial. Sufrimos actualmente lo que David Gutmann denomina la desculturización de la paternidad, cuyo principal y más patente resultado es la fragmentación de la sociedad en individuos atomizados, aislados unos de otros y extraños a las necesidades y bienestar que demanda la familia, la comunidad, la nación.

El padre es un héroe, innombrable e incomprendido, que necesita urgentemente ser revalorizado y readmitido en el ámbito familiar y social. Su importancia es supratemporal y suprainstitucional. Para ello, nuestro héroe precisa de un aliado indispensable: el sexo femenino. De no hacerlo así, nuestra sociedad y nuestra entera civilización entrará en un proceso de declive y autodestrucción.

El padre es indispensable para el hijo, la familia y la sociedad. El papel del padre no puede ser eliminado ni desvalorizado ni ignorado ni tergiversado sin consecuencias negativas graves para el hombre que lo ocupa, para el hijo que lo necesita, para la mujer que lo complementa y, en general, para la familia y la entera sociedad. La regresión pospatriarcal que está experimentando Occidente pone en peligro la propia civilización.

Para que el padre cumpla su función paterna la madre debe permitírselo con entera y plena libertad. Para ello debe ser consciente de que el padre  es un hombre, con derechos y deberes, dignidad y humanidad, pero con una perspectiva de la realidad diferente, una forma de ejercer el cuidado y educación distinta de la suya. La mujer debe asumir que el hombre junto a ella representa la alteridad sexual que la complementa y equilibra y que nutre y enriquece la educación y crianza femeninomaternal. Comprender que el padre de sus hijos es un varón, con tendencias e inclinaciones innatas diferentes de las suyas, favorecerá la convivencia armoniosa de la pareja y evitará disgustos y frustraciones en la vida diaria y muy especialmente en el trato a los hijos.

Ambos han de actuar sin menospreciar la labor educativa del otro, dejando abierta la posibilidad de dejarse perfeccionar por la sensibilidad y aptitudes del otro. Si el hombre pierde, perdemos todos. Si ayudamos a los padres varones a reencontrarse con su esencia, estaremos beneficiando a las mujeres, a los hijos y a la entera sociedad. ¡Feliz Día del Padre!

*Escritora y doctora en derecho administrativo de la Universidad Carlos III

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