Para evitar el peligro climático, hay que electrificar

Por Murat Kurum*

ESTAMBUL.— La andanada de perturbaciones padecidas por la economía mundial en los últimos meses nos dio un atisbo de una nueva realidad. El conflicto del Golfo generó una contracción extraordinaria (y peligrosa) de los mercados de gas, petróleo y fertilizantes; y ahora es posible que un El Niño extremo traiga fenómenos meteorológicos más extremos. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31) de este año en Antalya (Turquía) encontrará a millones de personas hundidas en la pobreza energética y alimentaria y obligadas a sufrir desastres naturales de creciente gravedad.

Estos fenómenos destacan el peligro de seguir dependiendo de combustibles fósiles importados. Alrededor de 80% de la población mundial vive en países importadores netos de hidrocarburos. En todo el mundo hubo un gran encarecimiento de los productos de primera necesidad, empeoramiento de la situación financiera y extensión del sobreendeudamiento. Esta última crisis refuerza la necesidad de contar con fuentes de energía más limpias y resilientes. Hace tres años, los gobiernos reunidos en la COP28 de Dubái dieron prioridad a una transición justa, ordenada y equitativa hacia una economía desligada de los combustibles fósiles. Ahora debemos convertir esa visión en una realidad.

Por eso, mi objetivo como presidente designado de la COP31 es impulsar un debate global sobre la electrificación. Debemos pasar de la discusión abstracta a las decisiones reales que enfrenta la gente: la familia que decide comprar un vehículo eléctrico o el dueño de una casa que instala un panel solar, una batería o una bomba de calor.

Esto es fundamental, porque los edificios, el transporte y la industria generan 45% de la emisión directa mundial, pero sólo alrededor de 20% de la demanda energética se cubre con electricidad. Uno de nuestros objetivos será acordar el aporte que cada uno puede hacer para alcanzar una nueva meta global de 35% de electrificación en 2035.

No son objetivos irreales; sí son alcanzables, siempre que las autoridades tengan en cuenta las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía y de la Agencia Internacional de Energías Renovables para evitar un calentamiento global superior a 1.5° C por encima de los niveles preindustriales, como establece el Acuerdo de París.

Se necesita ampliar las energías renovables para que las economías electrificadas usen energía limpia. Necesitamos redes eléctricas más grandes y resilientes para manejar la carga adicional. Y necesitamos más apoyo financiero para que los países en desarrollo puedan sumarse al proceso.

Las COP anteriores fijaron objetivos para cada una de estas necesidades. En la COP28, los países se comprometieron a triplicar la capacidad mundial de generación a partir de fuentes renovables en 2030. En la COP29, 74 países reconocieron la necesidad de sextuplicar la capacidad de almacenamiento de energía y de añadir o renovar 80 millones de km de redes eléctricas en 2040. Además, los donantes se comprometieron a movilizar al menos 300 mil mdd anuales para los países en desarrollo en 2035. Cada una de esas metas es importante. Envían señales claras al mercado y ofrecen una base compartida para una respuesta internacional unificada.

En 2026 se produjeron otros dos hechos esperanzadores. El primero fue el extraordinario abaratamiento de componentes esenciales como las baterías y los paneles solares, una tendencia que permitió a Turquía autorizar la instalación de más capacidad de almacenamiento en baterías que cualquier país miembro de la Unión Europea.

En segundo lugar, la guerra en el Golfo pueden dar lugar a grandes cambios, como los avances en eficiencia energética derivados de la crisis petrolera de los años 70. La crisis actual desató fuerzas de mercado que podemos aprovechar para acelerar la electrificación.

Pero no existe un único modelo válido para todos. Cada país aportará algo diferente y cada sector trazará su propio camino. Electrificar el transporte no es lo mismo que electrificar los procesos industriales y los edificios. Nadie puede ni debe imponer soluciones a nadie, pero todos debemos reconocer que electrificar la vida cotidiana es el modo de abandonar los combustibles fósiles, de tornar superfluos esos insumos volátiles y de proteger a las familias del encarecimiento de la energía.

Vamos a usar el poder de convocatoria que nos confiere la presidencia de la COP para centrar la atención, crear alianzas más sólidas y pasar a la fase de implementación. El mundo está en peligro, y la electrificación es nuestra salvación.

*Ministro de ambiente, urbanización y cambio climático de Turquía

Copyright: Project Syndicate, 2026

www.project-syndicate.org