La otra crisis migratoria

Se trata de una movilización sin precedentes

Por Azul Etcheverry

Esta semana el mundo fue testigo de una nueva crisis migratoria ocurrida en el enclave español de Ceuta, al norte de África, en la que más de ocho mil marroquíes, entre ellos mil quinientos niños, atraversaron en balsas y a nado los escasos metros que separan este territorio español de Marruecos. Desde que se comenzaron a registrar las primeras oleadas masivas, autoridades españolas fortificaron el punto con fuerzas militares acotando el ingreso y resguardando el flujo que para el miércoles ya era mínimo. Hasta el momento, las propias autoridades españolas informaron que se han repatriado alrededor de seis mil de estos migrantes, algunos de forma voluntaria.

Vale la pena entender los factores que hicieron de este éxodo un suceso trascendental. Se trata de una movilización muy importante, tal vez sin precedentes, si tomamos en consideración el contexto histórico y presente, así como los intereses geopolíticos que hacen de este territorio un sitio estratégico de la región. Ceuta, como Melilla y las Islas Canarias, es foco de tensión con África. En lo que respecta a estos primeros dos, son ciudades situadas al norte de África, en colindancia con el Mediterráneo y el único punto de entrada terrestre al continente europeo desde esta latitud.

Tradicionalmente, esto hace de este sitio un objetivo constante de miles de migrantes al año, motivados por cuestiones económicas o por ser víctimas de conflictos armados que desean obtener un asilo en suelo español. Sin embargo, este movimiento social parece contar con algunas diferencias clave. Además de la urgencia humanitaria causada por la crisis social, sanitaria, política y económica que causó la pandemia por covid-19, el gobierno español acusó a las fuerzas de seguridad marroquíes de propiciar el suceso por la inacción al intentar detener las olas de migrantes.

Por otra parte, las tensiones diplomáticas entre ambas naciones se intensificaron por la atención médica humanitaria que se le presta en España a Brahim Ghali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), la cual históricamente disputa el territorio del Sahara Occidental con Marruecos. Al respecto, España no reconoce jurídicamente a la RASD, pero mantiene conversaciones con el Frente Polisario (movimiento de liberación del Sahara Occidental) y rechaza la idea de que ambos eventos estén relacionados.

Si bien la dinámica social y económica de un flujo fronterizo como éste genera conflictos naturales, la situación que vive actualmente Marruecos es alarmante, pues la profunda crisis económica, aunada al desempleo causado por la baja del turismo y la producción minera tienen en jaque al país y a la región. Los conflictos de antaño entre actores internacionales por territorios antes ocupados por países europeos que buscan su autodeterminación aprovechan la vulnerabilidad institucional para ejercer presión a favor de sus intereses.

Finalmente, lo que ocurre es consecuencia de la narrativa europea de proteccionismo económico y geográfico a partir de la construcción de barreras físicas y diplomáticas en contra de la migración.

Las políticas migratorias europeas siguen sin considerar las realidades económicas, culturales ni demográficas tan variadas en el continente.

Desde esta perspectiva se deja de percibir la migración como ese fenómeno natural que ha moldeado las sociedades diversas actuales, así como las ventajas que puede representar la llegada del consumo y producción variado en un contexto de recuperación global.

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