¿Financiamiento “verde”?

Banqueros, financieros, administradores de pensiones, CEO de corporaciones, de fondos de inversión y millonarios, todos ellos, cabildean e influyen sobre legisladores, autoridades de países y organismos internacionales. Con resultados equivalentes, en otros casos son las políticas públicas de los dirigentes las que inciden en la realidad

Por Juan Carlos Chávez Fernández

La sustentabilidad de un sistema que funciona por arriba del punto de equilibrio dependerá de la disponibilidad de sus ingredientes. En términos ambientales nos referimos a que éstos sean renovables.

Cuando el sistema no está por arriba del punto de equilibrio dependerá principalmente de la cantidad de dinero disponible.

El tema se pone interesante cuando hay un ingrediente del sistema que tiene un precio bajo ficticio o artificial. Es decir, cuando hay un elemento oculto del sistema que lo subsidia. Y el sistema tendrá tanta sustentabilidad como aguante tenga el subsidiante.

El mundo corporativo y bursátil suele ocultar múltiples subsidiantes o subsidiantes de los subsidiantes.

A tal grado que encontramos empresas que, paradójicamente, subsisten por años pues cumplen otras funciones no necesariamente productivas, sino geopolíticas o estratégicas de ciertos países o grupos poderosos. Al paso del tiempo, dan la impresión de que funcionan por arriba del punto de equilibrio. En realidad lo que hay es una “enorme” cantidad de dinero oculto detrás que las mantiene vivas y operando.

Es condición humana influir en la realidad a fin de conseguir nuestros deseos. Entre más eficacia tenemos más poder adquirimos y se cierra el círculo.

Los poderosos subsidiantes son personas con capacidad de control sobre cantidades enormes de recursos o sobre puntos clave del sistema financiero.

Financieros, banqueros, administradores de pensiones, CEO de corporaciones, de fondos de inversión y millonarios, todos ellos, cabildean e influyen sobre legisladores, autoridades de países y organismos internacionales. Con resultados equivalentes, en otros casos son las políticas públicas de los dirigentes las que inciden en la realidad.

El calentamiento ambiental se ha acumulado gracias a ingentes cantidades de dinero subsidiante que ha llegado durante décadas a las grandes empresas petroleras y de combustibles fósiles, dándoles sustentabilidad artificial.

Debido a las disruptivas innovaciones tecnológicas en celdas fotovoltaicas, turbinas eólicas y baterías, su éxito tiene los días contados. Se están llenando de stranded assets, activos estancados, cuya vida económica se redujo. Las reservas de petróleo, gas y carbón son algunas de ellas.

A los operadores subsidiantes les comienza a convenir más cambiarse de cancha hacia las energías limpias. Y con ello nuevas oportunidades de negocio y desarrollo surgen de la economía de bajo carbono.

Para calificar esos nuevos proyectos tenemos el GHG Protocol, que fija un estándar de contabilización y generación de reportes y da certidumbre a nuevas inversiones y su efecto benéfico ambiental.

Los Green Bond Principles (GBP), que recomiendan transparencia, publicidad y reporte de informes.

Y los criterios de Environmental Social and Governance (ESG), que establecen estándares ambientales, sociales y de gobernanza para calificar la operación de una compañía.

Todo el mundo financiero está transformándose: mercados de deuda, debt swaps, nature swaps, climate swaps y bonos verdes. Las operaciones crediticias se ajustan, se cambian las políticas de garantía y compra de activos, se condicionan los créditos a la transparencia climática, es decir, se refleja el riesgo del clima en la asignación de recursos.

En marzo de 2021 la Junta del Green Climate Fund (GCF) aprobó cofinanciamiento para el desarrollo de 15 nuevos proyectos de bajas emisiones y resiliencia climática por 7,500 millones de dólares.

México tiene, desde 2012, el Fondo para el Cambio Climático (FCC), un fideicomiso creado por la Ley General de Cambio Climático. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) lanzó la voz de alarma para evitar su desaparición por la 4T.

En el ámbito privado, BBVA tiene más de 10 años con bonos verdes, por ejemplo.

Más recientemente, BlackRock lanzó en México el “ETF iShares ESG MSCI México” que ya acumula 500 mdd, sin embargo, sus empresas —se dice— adolecen de greenwashing.

El cambio climático es una crisis socioambiental imparable y muchos de los 32 millones de millonarios del mundo lo saben. Sus inversiones ya son tendencia.

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