Reelección presidencial en México: tema vedado
Por Gines Sánchez* La reelección presidencial en México ha sido históricamente el fruto prohibido, desde la última vez que se consumó con reelección, en 1910 del Presidente Porfirio Díaz, curiosamente éste se sublevó antes contra Benito Juárez bajo el lema ...
Por Gines Sánchez*
La reelección presidencial en México ha sido históricamente el fruto prohibido, desde la última vez que se consumó con reelección, en 1910 del Presidente Porfirio Díaz, curiosamente éste se sublevó antes contra Benito Juárez bajo el lema “sufragio efectivo, no reeleccion” con el plan de La Noria, y después contra Sebastián Lerdo de Tejada con el Plan de Tuxtepec. Después de tres décadas de Porfiriato, el lema de Madero vuelve a ser el mismo: “Sufragio efectivo, no reeleccion”. Ya con la caída de Don Porfirio ha habido algunos intentos de reelección, unos directos, otros por medio de terceras personas, pero todos han fracasado al final.
El primero fue Obregón, que incluso logró que el Congreso cambiara la Constitución para derogar la prohibición para reelegirse, no sin antes asesinar a los generales opositores Arnulfo R. Gómez y Francisco F. Serrano. Ya habiendo ganado las elecciones, y como Presidente electo, fue asesinado (supuestamente) por radicales católicos.
Después siguió la presidencia de Calles (1924-1928) y el periodo conocido como el “Maximato” (1928-1934), donde el “jefe máximo de la Revolución” gobernó de facto por medio de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez. Cuando el general Cárdenas llegó a la Presidencia, a Plutarco Elías Calles lo sacaron una noche en pijama de su casa directo a un avión con rumbo a Estados Unidos. Hecho clave este último para erradicar las tentaciones de no abandonar la silla en definitiva.
Miguel Alemán también lo intentó, aunque muy sutilmente, llegó sondeando los ánimos por medio de colaboradores y amigos en cuanto a sus afanes; se dio cuenta de su total inviabilidad, la no reelección, que tanta sangre costó en la Revolución Mexicana, era ya la piedra angular del sistema político mexicano.
Los siguientes periodos presidenciales (sexenios) fueron, en general, de estabilidad política, paz y progreso; no se supo de ambiciones transexenales hasta con Luis Echeverría, designando éste como sucesor a su amigo de la infancia José López Portillo, imponiendo a no pocos legisladores con el afán (se dice) de seguir influyendo desde su residencia de San Jerónimo Lídice, teniendo incluso acceso a la red telefónica presidencial. Hasta que el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, puso un alto de tajo, sugiriendo al Presidente mandarlo “de vacaciones” con el nombramiento de embajador a las lejanas Australia y Nueva Zelanda.
Los siguientes rumores transexenales fueron en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, donde no pocas voces de periodistas, intelectuales y ciudadanos en general, ante el éxito económico y reformador de su gestión, sugerían cambios constitucionales para permitir su eventual reelección, teniendo que salir al paso el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios para desmentir los rumores. Lo cierto es que a partir de la renuncia del capitán Gutiérrez Barrios la estabilidad política se nos fue, primero con el poco claro levantamiento zapatista el primer día de enero de 1994, y después con los asesinatos políticos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. La sucesión acabó por quedar fuera de control, ocasionando con ello la crisis financiera de 94-95, con todas las secuelas ya conocidas.
Con las reformas político electorales de 1996, y la llegada de alternancia política a la Presidencia, volvieron las ambiciones transexenales, siendo estas mucho menos disimuladas por parte de la primera dama Marta Sahagún de Fox, dejando todo al descubierto la valiente carta de Alfonso Durazo, entonces secretario particular de la Presidencia, denunciando todas las maniobras que se fraguaban desde la Presidencia misma para influir en el ya cercano proceso electoral y así lograr su cometido, mismas que contribuyeron en mucho a descarrilar el proceso sucesorio de 2006, envenenando la elección y dando un tristísimo retroceso, traicionando, en cierta medida, los logros democráticos ya alcanzados.
Hoy en día, el expresidente Felipe Calderón, alberga también inquietudes transexenales, por medio (al igual que Fox) de su esposa Margarita Zavala; Calderón dejó a su fracción parlamentaria en el Senado, y ha pretendido siempre hacerse del control del PAN, su partido, imponiendo en su momento a su alfil Ernesto Cordero en la presidencia de dicha fracción. Felipe Calderón tiene la mira puesta en el 2018, y eso desde el mismísimo año 2006, sólo hay que recordar su frase hace años en una entrevista de “sí veo a Margarita como Presidenta”. No olvidemos que la reelección presidencial en México es un fruto prohibido y envenenado, y que cuando la tentación de comerlo ha aparecido, no le ha ido nada bien a México. Veremos que deciden el blanquiazul y los electores.
*Analista
