Como la vida misma / 19 de noviembre de 2023

Me pone de los nervios todo ese juego de la igualdad, el feminismo rampante y esta cultura prominorías

¡DEL TRASERO… UN PANDERO!

El diccionario define hombre, como persona adulta de sexo masculino. Estoy simplificando, me dejo fuera media página de la enciclopedia donde alude a las capacidades de raciocinio, fabricación y utilización de herramientas y un etcétera muy grande. Es cierto que, por educación, talante y adaptación al mundo que me toca vivir, he intentado siempre abrir mis entendederas y comprender la enorme diversidad sexual que nos rodea. Tratando además de ser políticamente correcto, especialmente ahora que estamos muy susceptibles. Sin embargo, soy incapaz de abarcar en mi memoria el catálogo actual de posibilidades, gustos e inclinaciones; con lo simple que era aquello de niños y niñas. Sé de antemano que con estas letras voy a meterme en un berenjenal y acabaré enfadando a alguien. Voy, por tanto, a ser directo, y a contarles mi visión a este respecto, partiendo de mi libertad, ¡que cada uno haga de su trasero un pandero!, honestamente me vale.

Mi amigo Pancho, afirma entre sorna y amargura. “Yo soy un puto muy hombre”. Pancho es homosexual, un caballero en toda regla, elegante y educado, sin el más mínimo amaneramiento, pero con una clara y definida preferencia sexual. A mi amigo le gustan los hombres. Hasta ahí llega la endeble capacidad de comprensión del que esto escribe. A lo sumo puedo entrar en el término gay, de ahí en adelante ya es terreno desconocido y farragoso para mí. Una que fue mi súper amiga que, porque se fue a vivir a Dinamarca, he dejado de frecuentar es Mirna, cuando la conocí su broma favorita era decirme que me bajaría a mi novia; la otra cara. Mirna es homosexual, gay, una señorona, que, sencillamente, gusta de las chicas. Hace una semana hablamos por FaceTime y me contó un chiste, confieso que tuvo que explicármelo un poquito. “Una adicta, indocumentada y lesbiana, no puede jugar a piedra, papel o tijera, porque no sabría qué elegir”.

Esta semana se armó tremendo revuelo mediático con el asesinato de Ociel Baena, le magistrade, confieso que sentí siempre gran simpatía por el personaje, tuvo una manera inteligente de fijar nuestra atención en sus reivindicaciones, además siempre me pareció simpatique y diviertide y tode les bonites coses que se puedan decir acabades en e. Lo que ya no me gustó tanto fue la alaraca que se armó alrededor de su asesinato, y la forzosa necesidad de encontrar un culpable fuera del círculo LGBTIQ+ y demás siglas que desconozco, para poder colocarlo como crimen de odio y sacar tajada política de la triste situación. Sigue siendo un crimen de odio, o quizá pasional, tan posible en cualquier tipo de relación. Pero su comunidad, ávida de sacar tajada de todo, estaba desesperada por hallar un culpable homófobo y bigotón.

El tiempo pasa y si no nos vamos acostumbrando cada vez a las nuevas realidades, nos quedaríamos atrapados en el oscurantismo de la Edad Media que, por cierto, no fue tan oscura como la pintan. Por eso me pone de los nervios todo ese juego de la igualdad, el feminismo rampante y esta cultura prominorías. No caeré en la trampa de llamar normal a mi mundo, implicaría considerar anormal a lo que no se me parece, pero tampoco aceptaré ser el bicho raro de este zoológico que es nuestra sociedad actual, simplemente porque estoy definido, soy hombre, heterosexual, masculino y practicante. Insisto que cada uno haga de su trasero un pandero, pero que no pretendan convencerme de nada, si usted se ve como pato, camina como pato, hace como pato, seguramente será pato, no me pida que yo, ignorante de mí, lo considere cisne o guajolote. Hace no mucho en una cena estuve sentado en una mesa donde estaban dos transexuales, divinos de la muerte y vestidos de envidia, estaba también otra persona que me caía bien hasta que me preguntó: “¿Y tú, Miguel, cómo te percibes?”. Mi única respuesta fue: “Pues lamentablemente en muchas cosas, me percibo medio pendejo”.

Feliz domingo, leamos que ayuda a que se nos quiten esas percepciones.

Temas:

    X