La caravana, fotografía del fracaso

Las imágenes de la caravana migrante son poderosas, porque representan el innegable fracaso de la gran mayoría de las instituciones públicas y de los organismos internacionales actuantes en la región centroamericana

Las condiciones de marginación, violencia e incertidumbre presentes en Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala son tan agraviantes que en un número reducido de horas motivaron a más de seis mil personas a abandonar de manera colectiva sus lugares de origen, tras años de verse condenados a la adversidad.

Los presidentes de Guatemala, Jimmy Morales, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, denunciaron motivaciones políticas detrás de la organización de la caravana migrante, en la que habría algún tipo de abuso respecto de las necesidades de esa población, con la cual se detonó la salida masiva hacia el norte. En específico, diversos medios dan cuenta de la acusación a un político hondureño, Bartolo Fuentes, quien, supuestamente, a partir de mentiras y engaños ha promovido movilizaciones migratorias irregulares como la arribada a nuestra frontera sur el fin de semana pasado. Sin embargo, por grande que sea el activismo del señor Fuentes dista mucho de explicar la gravedad del fenómeno.

La fotografía institucional del fracaso ya la había aportado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En su última edición del Índice de Desarrollo Humano, ubicó a los mismos cuatro países entre las naciones del hemisferio con menores avances en la esperanza de vida, el nivel educativo y el acceso al consumo básico. De igual forma, Transparencia Internacional ha subrayado que a pesar de los alcances en la lucha a favor del desempeño público íntegro observados en la región, los mismos Nicaragua, Guatemala, Honduras, El Salvador son percibidos por sus ciudadanos como los sectores públicos más corruptos del continente americano.

Quizá, son estos contextos los que pudieran explicar cómo las tasas de crecimiento económico promedio de los países centroamericanos, superiores a cuatro puntos porcentuales en los últimos años y por arriba de lo observado en otras economías latinoamericanas, han sido insuficientes para aliviar gradualmente el rezago que mantiene cautivos a amplios segmentos de las sociedades en esas naciones. De acuerdo con estudios levantados en América Central, los fenómenos migratorios encuentran caldo de cultivo en la falta de oportunidades educativas, la mala distribución del ingreso, la violencia, los efectos del cambio climático en actividades agroalimentarias y la ausencia de apoyos gubernamentales que permitan revertir el prolongado deterioro en las condiciones de vida.

Desde la perspectiva de los organismos multilaterales y dada la creciente magnitud de los fenómenos migratorios, cabe preguntarse cómo espera la ONU el cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, enmarcados en la conocida Agenda 2030, para dar vuelta a la página a la pobreza y asegurar el disfrute de la prosperidad universal, con una fragilidad institucional tan marcada como la que se presenta en las naciones centroamericanas y que, en los últimos años, ha expulsado a varios millones de sus habitantes hacia Estados Unidos, México y España.

Sin duda, el cambio hacia un mejor diseño de política pública y rendición de cuentas debe comenzar por los gobiernos nacionales. Son ellos quienes ponen en riesgo las vidas de las personas y su bienestar, al orillarles a emigrar a otros países. Pero al mismo tiempo, los foros multilaterales que mantienen representación en América Central deben revisar tanto los términos de los programas desplegados en campo como los incentivos para que el sistema institucional de cada país redoble el paso que amplíe las oportunidades de sus poblaciones.

A México corresponde prestar la ayuda humanitaria para garantizar los derechos humanos de quienes buscan trasladarse hacia EU o solicitaron de manera formal, el poder residir en nuestro territorio. Asimismo, el gobierno federal requiere realizar los análisis de riesgo necesarios —en alianza con sus aliados centroamericanos— que abran las puertas a quienes tienen el interés legítimo de mejorar su calidad de vida a partir del trabajo honesto, así como se las cierre a aquellos vinculados a organizaciones o intereses al margen de la legalidad.

No debemos olvidar que así como existe talento y deseo de contribución a la prosperidad por parte de mucha gente, también la región da sede a las organizaciones y ciudades más violentas del mundo, como son la Mara Salvatrucha y San Pedro Sula, respectivamente. Factores que podrían alimentar el desafío de la seguridad en nuestro país, así como ofrecer fortalezas a la base electoral de Donald Trump, en la próxima elección de noviembre.

Será interesante observar a final de año la entrada en operación del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, conseguido por la ONU y en el cual se aboga, entre otros objetivos, por mitigar las causas que provocan el fenómeno migratorio y reformar hacia, mejores mecanismos de migración legal. Sin embargo este instrumento no vinculante de poco servirá si los países se mantienen en la inercia de seguir generando las mismas condiciones sociales del fracaso.

Militante del PAN

max.cortazar@gmail.com

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