PRI: entre corcholatas y mafiosas
Si se trata de mejorar el ganado, puesempecemos eligiendo a lo mejor.
Ni se trata de discriminar ni, mucho menos, de menospreciar libertades individuales. Pero si de respeto hablamos, ¿merecen los mexicanos diputadas apodadas la Corcholata, reina del albur y la leperada; o mafiosas expresidiarias acusadas de asesinato y que han levantado un imperio sobre la ilegalidad; o a madres de personajes oscuros acusados de manejar redes de prostitución?
Como la pongan, la respuesta es no.
Y es no por una razón de fondo: más allá de los personajes de ínfima calidad moral, está el mensaje del partido que las postula —el PRI—, hacia todos: ésos son los candidatos que merece la sociedad.
Una Carmencita Salinas alburera y bonachona que —como dicen los priistas—, ya quisieran muchos “tener su popularidad”. ¡Ah, ya entendemos! Si la cosa es sólo cuestión de “popularidad”, pues entonces van las siguientes propuestas. Faltaba más:
Busquemos al Vítor, popular él, para que también sea diputado. ¡Pí-pi-pi-pi-pi!
Propongamos a las Lavanderas y que hagan una mancuerna legislativa, al ritmo de “¡sobres-sobres-sobres-sobres-sobres!, entre mentadas de madre a quien no le guste. ¡Qué feo, comáre!
O más: enviemos a Facundo a la “máxima tribuna del país” a defender la transparencia, proponer una Fiscalía Anticorrupción... y todos botados de risa. Lo suyo, lo suyo, es el desmadre.
“Yo no quise incursionar en la política, sino que fue el propio presidente del PRI, César Camacho, quien me buscó para ser diputada federal. Voy a luchar en favor del sector artístico (sic), como en los viejos tiempos”, dice la Corcholata Salinas.
Y como en los viejos tiempos —cuando Carmelita era pareja del priista José Parcero y aprendió mañas, abusos y canonjías—, el PRI decidió regresar las manecillas del tiempo y darle un atorón a la calidad de nuestra democracia. ¿Qué nos extraña?
Aunque, sí: usted, lector de esta columna, dirá: habrá diputados peores que Carmelita. Cierto: los hay ladrones, incultos y abusivos. Pero si se trata de mejorar al ganado, pues empecemos eligiendo a lo mejor que se tenga.
Y en ello, el PRI ya dio respuesta: lo mejor para estos tiempos está entre cabareteras de cine, lideresas ambulantes homicidas y madres de presuntos lenones.
El caso de Alejandra Barrios se cuece aparte.
Esta mujer es una ofensa para los capitalinos. Para los anhelos de mayor democracia en México. Para la salud pública del país.
Enriquecida a base de fomentar, extorsionar y proteger al comercio ambulante en el centro del DF.
Encarcelada por haber asesinado a Jorge Ramírez Espíndola, esposo de otra lideresa: María Rosete, en disputa por el control de territorios. (Sí, al estilo narco).
Su hijo, Rubén Jiménez Barrios, encarcelado también por haber herido de bala a... ¡una niña de siete años!, durante una riña callejera con el padre, quien resultó ser hermano de María Rosete. Viejas rencillas.
Ésa es la familia Barrios. ¡Una bonita familia!
Y esa famiglia ha sido arropada, solapada y endiosada por el PRI de ayer, de hoy, de siempre.
Hoy, Alejandra Barrios sería una mafiosa con inmunidad al ser investida diputada. ¡Es una desgracia!
Como desgracia, que el PRI postule también a Guillermina de la Torre Gutiérrez, una demócrata seguramente. ¡Ah!, y madre de otra joya de la democracia priista capitalina: el impoluto Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, hoy —y siempre— bajo sospecha de liderar una red de prostitución. Y abusos de poder. Y de prepotencia. Y de ejercer violencia. Y de lo que usted imagine...
Ésos son algunos de los candidatos priistas a diputaciones federales plurinominales. ¿Qué tal?
¿Y por qué no incluir a otros candidatos cuya virtud es esa popularidad que tanto seduce al priismo? Allí están Cuauhtémoc Blanco, candidato a la alcaldía de Cuernavaca por el Partido Social Demócrata (PSD), o Guillermo Cienfuegos, el payaso Lagrimita, como candidato independiente a la alcaldía de Guadalajara.
De verdad: el Cuau y Lagrimita son blancas palomas al lado de Alejandra Barrios. Son cachorritos indefensos. Ser futbolista o payaso son profesiones que se respetan. Ser mafiosa es otra cosa.
“Vamos a ganar sin tortas, matracas ni despensas”, festina el líder priista, César Camacho Quiroz. ¡Hurra!
En su lugar, van corcholatas, mafiosas y madres ejemplares.
Allí están los candidatos del PRI.
¡Qué orgullo!
ARCHIVO CONFIDENCIAL
MEA CULPA. Si desde Londres —alguien debió decirle a Enrique Peña Nieto que a la Reina Isabel II no se le da la mano por protocolo—, el presidente reconoce, ante el Financial Times, que México “está plagado de incredulidad y desconfianza”, la pregunta obligada es: ¿cómo revertir esas condiciones negativas? La pelota, ahora, está en la cancha de Los Pinos.
Twitter: @_martinmoreno
