Guerrero: la incógnita

Impredecible y nebulosa estará la elección estatal del próximo 7 de junio.

Si el PRD gana la gubernatura en Guerrero el próximo 7 de junio, no debe sorprendernos.

Si el PRI triunfa, tampoco nos extrañemos.

Y si el PAN logra una votación histórica, aunque no le alcance para la gubernatura, sería un escenario que no debemos descartar.

Así de impredecible y nebulosa estará la elección en Guerrero.

Así estará... siempre y cuando la violencia, la CETEG y el justificado y entendible encono social, permitan celebrar las elecciones en un estado, hoy, sumido en el caos y la ingobernabilidad.

Guerrero. Siempre Guerrero.

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Beatriz Mojica buscará mantener, para el PRD, la gubernatura guerrerense con varios cadáveres en la espalda: los 43 de Ayotzinapa, Ángel Aguirre Rivero, los Abarca y la furia social de la CETEG con otro muerto que velar: el profesor jubilado Claudio Castillo, de 65 años de edad. A todo eso se enfrentará Bety, como le dicen y conocen sus paisanos.

El riesgo de que el PRD pierda frente al PRI es alto. Entregan los amarillos un estado violento, convulsionado e ingobernable. Nada menos. Eso, en lo social. Y en lo político, tampoco hay buen viento.

Resulta que la izquierda pretendía, con base en encuestas, unificar al PRD y al Movimiento Ciudadano (MC), bajo un solo candidato: Mojica o Luis Walton. Las tendencias favorecían a Bety y Walton no aceptó. ¿Consecuencias? Que el voto izquierdista se fraccione, se divida, y les reste votos a ambos.

Con la izquierda fracturada, ¿quién se beneficia?

Pues el PRI.

El PRI rogaba para que no hubiera una candidatura única de izquierda, ante la innegable influencia —a pesar del desastre que es Guerrero— del PRD, y del peso político de Walton. Las posibilidades del priismo para ganar la gubernatura en mucho dependían de que fracasara una alianza PRD-MC y, hasta ahora, las cosas se le están dando al PRI.

Héctor Astudillo intentará ganar la gubernatura para el PRI, aunque también carga lastre: la furia de amplios sectores guerrerenses en contra del gobierno federal por la poco creíble investigación sobre la matanza de estudiantes de Ayotzinapa. El descrédito y la desconfianza hacia el gobierno peñista será un factor clave que podría derrotar al priista Astudillo.

Para Los Pinos, Guerrero, junto con NL, son estados clave. Estratégicos. Habrá apoyo absoluto para Astudillo y la prioridad es arrebatarlo del PRD por una razón de fondo e histórica: con Guerrero bajo dominio priista, se buscaría entonces cerrar el caso Iguala que, hoy por hoy, aún tiene en la lona al Presidente y a su administración. De ahí la trascendencia para el priato.

¿Y el PAN?

Exlocutor con Brozo y diputado local, Jorge Camacho podría lograr algo inaudito para Acción Nacional: llegar a una votación histórica que si bien no le alcanzaría para llegar al Palacio de Gobierno, sí le daría un peso político mayor al panismo, consolidándose como la tercera fuerza electoral, detrás del PRD y del PRI.

Camacho se presenta como un candidato fresco y atractivo. Su discurso es, cierto, diferente a las parrafadas bañadas de demagogia de Mojica y de Astudillo, apegados al tradicional lenguaje político. Si el exlocutor logra prender entre las masas, conectarse y convencer, estaríamos ante un fenómeno político-electoral saludable para Guerrero.

¿Y Morena, de López Obrador?

Va con Pablo Sandoval, un luchador social respetado, aunque poco conocido en la entidad. Se calcula que Morena podría ganar alrededor de 200 mil votos con Sandoval y triunfar en varios municipios y distritos locales. Difícil que obtenga la gubernatura.

Para el codiciado Acapulco, también es un volado.

Eliminado por desgracia familiar el hijo de Ángel Aguirre, el PRD irá en busca de la alcaldía acapulqueña con Evodio Velázquez.

Por el PAN, un viejo lobo de mar y exgobernador: Zeferino Torreblanca quien, junto con Jorge Camacho, harán una mancuerna interesante. El polémico Torreblanca busca regresar al primer plano, ahora, gobernando al paraíso violentado e inseguro.

El PRI tiene tres posibilidades: Rubén Figueroa III —nieto del tigre de Huitzuco e hijo del Rubén caído en desgracia política por la matanza en Aguas Blancas—; Julieta Fernández, esposa de Manuel Añorve (ése es su único mérito), y Fermín Alvarado, un candidato local que pide no caer “en una imposición”. Por algo lo dirá.

Por lo pronto, tanto a nivel gubernatura como en Acapulco, no hay favorito absoluto. Habrá que ver, con las reservas del caso, qué dicen las encuestas sobre Mojica, Astudillo y Camacho, aunque desde hoy se contempla una elección cerrada entre la perredista y el priista.

¿Y la CETEG? Empeñada en evitar, a cualquier precio, las elecciones del 7 de junio.

Ése sería el peor escenario: cancelarlas.

                                Twitter: @_martinmoreno

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