Cuajimalpa: tragedia y corrupción

La pipa que destruyó el Hospital Materno Infantil no es la única que opera de manera irregular o defectuosa.

Más allá del dolor tras la tragedia en Cuajimalpa, que deja —hasta la entrega de esta columna— tres muertos, decenas de heridos y un número indeterminado de desaparecidos, está la innegable corrupción, la irresponsabilidad de la gasera y, consecuentemente, la complicidad de autoridades. Esa mezcla es de muerte.

Ayer, San Juanico y Pemex.

Hoy, el Hospital Materno Infantil y Gas Express Nieto.

Son gas y muertos.

¿Por qué ocurrió ayer, alrededor de las siete de la mañana con quince minutos, la explosión de la pipa de gas en Cuajimalpa?

“Me han señalado una posible fuga de una manguera en la pipa, de la empresa Gas Express Nieto, que tiene sede en Ecatepec”, aseguró el procurador de Justicia del DF, Rodolfo Ríos Garza.

Y para mayor indignación, hoy podemos deducir que la explosión en Cuajimalpa se pudo haber evitado. ¿Por qué?

Resulta que la empresa responsable —Gas Express Nieto— tiene historial de derrames en sus unidades y denuncias de incumplimientos por parte de las personas afectadas.

Hoy sabemos que esta gasera signó, en 2013, un contrato con la Secretaría de Salud del DF para abastecer de combustible a 37 clínicas y hospitales locales. Además, otorga servicios en 15 estados del país. Es, nada menos, la cuarta mayor distribuidora de gas LP, de acuerdo con su página corporativa.

En julio de 2014 hubo una severa llamada de atención sobre su funcionamiento: la explosión de una de sus unidades en la colonia Cerrito Colorado, en Querétaro, con saldo de dos fallecidos, ocho lesionados, cinco autos quemados y más de cien personas desalojadas de la zona de la conflagración.

De acuerdo con representantes legales de los afectados, la gasera mostró indiferencia hacia ellos e incumplió la reparación del daño, tanto hacia las personas muertas como a los heridos.

“La empresa buscó deslindarse del accidente para no cubrir la totalidad de los gastos médicos”, denunció en su momento Claudia Alcántara Salinas, abogada de la familia de Roberto Rojas Betancourt, uno de los fallecidos.

¿Qué hizo la autoridad ante el disimulo de la gasera? Nada. Cerrar los ojos ante los abusos criminales de Gas Express Nieto. Por encima de la tragedia y de los muertos.

Pero hubo más accidentes.

En agosto pasado, otra de sus pipas se volcó en el municipio de Apaseo El Alto, Querétaro, ocasionando el cierre de la carretera Panamericana durante más de cinco horas, generando un tráfico de más de ocho kilómetros. ¿Qué hizo la empresa? Absolutamente nada. Que se jodan los demás.

 Hoy, se reporta la detención del chofer de la pipa, Carlos Chávez. De acuerdo. ¿Y quién va a obligar a la gasera a responder por la tragedia?

¿Qué autoridad meterá en cintura a Gas Express  Nieto, ya que no es la primera ocasión que provoca una tragedia?

¿Quién responderá a las familias de los tres fallecidos durante la explosión en Cuajimalpa?

¿A quién se sancionará por la fuga en la manguera de la pipa, según denunció el procurador Ríos Garza?

¿Por qué no se actuó a tiempo para evitar más accidentes, a pesar de las llamadas de atención?

Pero vayamos más allá.

La pipa que destruyó el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa no es la única que opera de manera irregular o defectuosa. La pregunta estremece: ¿cuántas pipas de Gas Express Nieto o de otras gaseras se encuentran en las mismas o en peores condiciones en comparación con la que estalló ayer en el DF? ¿Cuántas bombas ambulantes circulan, sin la certificación adecuada, sobre las calles de la capital del país?

A este cuadro alarmante habrá que agregar otro escenario de alto riesgo:

Hay microbuses que funcionan y operan con… ¡gas! para economizar combustible. Basta tenerlos cerca para percibir su olor inconfundible, y si a ello le agregamos que la mayoría de los choferes de los micros son animales al volante, el riesgo de una explosión tras el choque es latente día tras día, hora tras hora, en calles y avenidas del DF.

Insistimos: ¿cuántas bombas de tiempo sobre ruedas están corriendo en la capital del país y en varias ciudades de provincia, sin ninguna restricción, supervisión o certificación por parte de las autoridades?

¿Qué autoridades les han permitido circular sin la verificación correspondiente?

¿Qué funcionarios o empleados han sido corrompidos, indudablemente, para permitir el libre tránsito de estas unidades de la muerte?

¿Cuándo y dónde será la próxima tragedia?

Por lo pronto, tendremos en la Ciudad de México y el Edomex —asiento de varias gaseras— el riesgo permanente de explosiones y desastres. Muchas de ellas operan prácticamente sin vigilancia alguna, algunas de manera clandestina, al amparo de autoridades complacientes y sobornos de por medio.

¿Quién las mete al orden?

                Twitter: @_martinmoreno

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