Gregor von Rezzori, Un armiño en Chernopol

“Aprended a contemplar la destrucción”, dice el prefecto Tarangolian, protagonista de Un armiño en Chernopol, mientras una hoja seca se deshace entre sus manos. En esta reflexión hay mucho más que la contemplación de la fragilidad o simple locuacidad del personaje, es la parte neuronal de la novela: la construcción y la desconstrucción, en un periodo de entreguerras, visto por el arte.

Entender que Chernopol es Chernovitz —la parte norte de Ucrania de la región histórica de Bukovina— es comprender la instauración de la multiculturalidad en la mitteleuropa. La región de la Tescovina, donde se lleva a cabo la acción de este libro, representa la Babilonia a la que aspiró el régimen europeo de mediados del siglo pasado.

Más que una obra literaria, Un armiño en Chernopol es un mural de la sociedad europea, donde se ven las contradicciones sociales, la interracialidad, el crecimiento de una compleja masa cultural, la diversidad de lenguas, de colores, alturas, edades. Con esta novela, y aventuro esta hipótesis, Von Rezzori da los primeros pasos de lo que posteriormente sería su obra literaria; con esta obra, el autor pone los cimientos de un universo que gira alrededor del centro de Europa, una obra asaz crítica, siempre convulsa y sarcástica, con el humor negro de quien conoce las entrañas del fascismo, pero que se sabe distanciado de él.

Ésta, ante todo, es una novela de personajes: poetas, mujeres de alta alcurnia, hombres de modales decimonónicos quienes se baten a duelo, arrogantes unos, otros frívolos, poco espacio hay para la candidez entre estos seres ficticios. Gregor Von Rezzori es un escritor que ve a sus personajes íntimamente ligados a su entorno, a los sucesos circundantes, por tanto, los sucesos de la primera y segunda guerra mundial, aunque el novelista era un infante durante la primera, son el telón de fondo de este libro.

Narrador que se convierte en personaje, así es quien cuenta esta historia, centrada, en primera instancia, con Tarangolian, quien es el prefecto de esta región de la Tescovina, donde habitan lenguas rumanas, griegas, eslavas, turcas. Narrador inofensivo, a veces casi un orador otras; un detallado cronista, pero que no pierde la vena subversiva y crítica del propio Von Rezzori, y quien da muestra de que los personajes tampoco por ejemplo, este dardo que lanza Tarangolian, “¡Ah! Ya les digo yo, somos modernos. Lo somos hasta el punto de carecer de historia” o “En Chernopol, los motivos estéticos venían en último lugar”. Con este breve pesimismo, Tangolian-Rezzori lanza una crítica social, pero también al arte moderno.

Si como dicen, forma es fondo, esta novela está erigida en el más recalcitrante siglo XIX. La narración lineal, sin saltos de tiempos, con una descripción milimétrica del paisaje, compuesta con estructuras gramaticales y narrativas simples sitúan a esta novela en un espacio decimonónico, en donde parece que no sucede nada, pero donde la mayor irreverencia se centra en los diálogos, la sicología de los personajes, las musculosas reflexiones en torno al fascismo.

Con esta novela, Von Rezzori apertura un ciclo de crítica. Si bien es cierto de Edipo en Stalingrado es más arriesgada en sus formas y su exploración como novela, Un armiño en Chernopol es una fenomenología del mitteleuropa: “por nuestras venas corría sangre dacia, cumana, pechenega… así pues, la Tescovina era, como se decía, una región ‘étnicamente muy mezclada’”.

Esta genealogía de la Tescovina es la misma que corre por las venas de Von Rezzori, la combinación de lenguas, de modos, de aprendizajes de un hombre aristócrata que comienza en la vejez a escribir con un mayor compromiso con el lenguaje.

Con novelas como Un armiño en Chernopol, Von Rezzori alcanza un equilibrio entre el desparpajo de una región como Chernovitz, lo (hasta ese momento) convencional de la libertad y la irrealidad de la realidad en la que se vive.

Para Claudio Magris, Von Rezzori es “un extraordinario poeta de ese hiato que, para el hombre moderno, se abre entre el yo y la vida, y por el que ésta no es ya su vida, sino un territorio en el que el hombre no acierta a insertarse”. Así, Gregor Von Rezzori edifica una obra en donde la irrealidad de la realidad cobra solidez y honestidad.

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