¿Menos pobres?
Se atribuye a Schopenhauer la máxima: “La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada”. López Obrador destruyó el sistema de salud al desaparecer, en una decisión de rencor enfermizo, el Seguro Popular que financiaba la atención médica y los gastos catastróficos en salud de 54 millones de personas que carecían de seguridad social.
Ser pobre, más allá de definiciones académicas, es no tener acceso a bienes y servicios indispensables para una vida decorosa. ¿Cuáles son esos bienes y servicios? Al menos, una morada con condiciones de habitabilidad adecuadas; comida nutritiva en cantidad suficiente; la ropa necesaria para ir a trabajar o estudiar, para resistir el calor y el frío; educación de calidad, y aceptable atención a la salud.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentó los resultados de la medición de la pobreza multidimensional 2024, de la que se hizo cargo en sustitución del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que fue uno de los organismos autónomos eliminados por el gobierno.
Según esos resultados, el porcentaje de mexicanos en situación de pobreza se redujo de 41.9% en 2018 a 29.6% en 2024, y la proporción de mexicanos en pobreza extrema bajó de 7% a 5.3% en ese mismo periodo. El número de habitantes en pobreza descendió en ese lapso de 51.9 millones a 38.5 millones, y la cantidad de quienes se encuentran en pobreza extrema bajó de 9.1 millones en 2022 a 7 millones en 2024.
Esas cifras han sido celebradas no sólo por el gobierno y sus adeptos, sino también por los más agudos críticos, como un gran logro del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, Jesús Silva-Herzog Márquez afirma: “La encuesta que levantó el Instituto de Estadística a fines del año pasado muestra un avance extraordinario en el combate a la pobreza. Me parece absurdo negar que se trata de un éxito extraordinario del gobierno de López Obrador” (Reforma, 18 de agosto).
Sin embargo, el mismo estudio del Inegi incluye la evaluación de seis carencias: rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a servicios básicos de la vivienda, y acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, y muestra que la población con tres carencias o más aumentó de 25 millones a 27 millones, y la población con percepciones mayores a la línea de pobreza por ingreso, pero con alguna carencia social, se incrementó de 32.7 millones a 41.9 millones. Y quienes padecen alguna de esas carencias, agrego yo, son pobres, ¿o me equivoco?
La carencia más grave es la del acceso a los servicios de salud, que ascendió a 34%, 18 puntos más que en 2018. Es la peor de las carencias. Se atribuye a Schopenhauer la máxima: “La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada”. López Obrador destruyó el sistema de salud al desaparecer, en una decisión de rencor enfermizo, el Seguro Popular que financiaba la atención médica y los gastos catastróficos en salud de 54 millones de personas que carecían de seguridad social, y con esa medida dejó en el abandono a pacientes de cáncer, sida, hepatitis, pacientes que requieren un trasplante y pacientes psiquiátricos, entre otros.
El fondo de protección contra gastos catastróficos otorgaba servicios médicos de alta especialidad a los beneficiarios del Seguro que padecían enfermedades cuyo tratamiento, de no contarse con ese beneficio, acaba con el patrimonio familiar, el cual incluso resulta insuficiente. El número de hogares con gastos catastróficos pasó de 2.7 millones en 2018 a 4.7 millones en 2020, cifra que se mantuvo hasta 2022.
Aduciendo razones de corrupción, sin que se diera a conocer un solo caso, López Obrador cambió el mecanismo de compras consolidadas de medicinas, material de curación e insumos médicos del sector público, que había sido exitoso. Los costos se incrementaron y se produjo uno de los peores desabastos de que se tenga registro. La mortalidad materna aumentó 30 por ciento. Miles de niños con cáncer han muerto por falta de medicamentos. La vacunación infantil se derrumbó estrepitosamente.
Quien enfrenta una enfermedad de tratamiento incosteable, propia o de los suyos, sin el apoyo que antaño recibía, es el más pobre entre los pobres, aunque ahora sus ingresos monetarios sean un poco más altos. Quizás apoye al gobierno a pesar de ese riesgo, tal vez porque es una tendencia humana pensar que algo así de grave no le puede suceder a uno, que sólo les puede ocurrir a los demás. ¿Pero acaso no se es más pobre, aunque se tenga más dinero en el bolsillo, si se carece de un servicio de salud que incluso cubría los gastos catastróficos?
