En defensa del lobo gris mexicano

Lorena Rivera

Lorena Rivera

Editorial

No necesariamente todas las decisiones de gobierno son buenas ni informadas ni mucho menos basadas en ciencia y, lejos de ser de interés público, terminan beneficiando a unos cuantos y afectando a muchos otros, sobre todo a sectores vulnerables, entre ellos, el mundo natural. 

Estas decisiones basadas en la animadversión, en el interés político y económico o en la negación pueden desencadenar errores y afectaciones irreversibles, no sólo para la supervivencia de la biodiversidad, sino también pueden ser impactadas las personas y sus comunidades, que de alguna manera dependen de servicios ecosistémicos.

Para que exista un equilibrio ecológico y continúe la vida en los ecosistemas, nos guste o no, se requieren depredadores ápice en la cadena trófica, el papel que desempeñan es fundamental para los procesos naturales y evolutivos.

Entre los depredadores están los carnívoros, como los lobos, que se alimentan, por ejemplo, de ciervos y alces, que éstos a su vez tienen como alimento la vegetación de un determinado ecosistema; la sobrepoblación de los herbívoros puede acabar con árboles, arbustos y pastos, esto impide que se regeneren los bosques, que haya erosión del suelo y pérdida de cuerpos de agua, lo cual ocasiona el desplazamiento de otras especies. 

Históricamente, la relación lobo-humano ha sido de conflicto y amenaza, pero más del lado del Homo sapiens, al grado de que la subespecie de lobo gris mexicano cayó al punto de la extinción en vida silvestre, pues durante una buena parte del siglo XX fue perseguido, envenenado y cazado, principalmente por ser considerado un peligro para el ganado en el sur de Estados Unidos y el norte de México. No sólo eso, hubo campañas de eliminación. 

Para la década de 1970, había desaparecido el Canis lupus baileyi. El biólogo mexicano Carlos Galindo cuenta en uno de sus artículos que “entre 1977 y 1980, Roy McBride capturó cinco lobos silvestres (cuatro machos y una hembra preñada) en Chihuahua y Durango, que fueron enviados para su protección al Museo del Desierto de Arizona-Sonora en Tucson, Arizona. Con esta acción se inició el programa binacional de cría en cautiverio del lobo mexicano para su reintroducción”.

Curioso que un cazador, contratado para eliminar al lobo gris mexicano, haya sido parte fundamental en la recuperación de esta subespecie. Los cinco ejemplares fueron aprovechados como pie de cría y los descendientes nacidos en cautiverio, de acuerdo con el Museo del Desierto de Saltillo, Coahuila, se les conoce como linaje McBride.

En 1982, ambos países formalizaron el Programa Binacional para la Recuperación del Lobo Mexicano, el cual fue revisado por primera vez en 2017. En esa actualización, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EU (USFWS, por sus siglas en inglés) trazaron metas claras para garantizar poblaciones viables y autosuficientes: alcanzar al menos 320 individuos en Estados Unidos y 200 en territorio mexicano.

Pero, desafortunadamente, los esfuerzos de protección, conservación y reintroducción vuelven a estar amenazados por una decisión, sin duda, tomada a la ligera, una ocurrencia para quedar bien sólo con los ganaderos estadunidenses.

Como se sabe, el pasado 4 de septiembre, el presidente de EU firmó la orden ejecutiva “Supporting America’s Ranchers” (Apoyando a los ganaderos de Estados Unidos), con la que instruyó al secretario del Interior, Doug Burgum, a determinar en un plazo de tres meses o 90 días si tanto el lobo gris, como el lobo gris mexicano, cumplen con los criterios biológicos de recuperación para ser excluidos o reclasificados en la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés). 

En pocas palabras lo que quieren es eliminar la protección para los lobos y no se les considere especies en peligro de extinción o amenazadas. También buscan que los ganaderos sean quienes disparen contra los que ataquen al ganado.

La ignorancia es peligrosa. De acuerdo con la instancia federal y oficial, es decir, el Departamento de Agricultura de EU, menos de 1% de vacas y ovejas en territorio estadunidense mueren en las fauces de carnívoros en vida silvestre, como los lobos.

La orden no retira la protección federal de manera inmediata, aún debe pasar por un proceso legislativo, pero mientras se entra en un periodo crítico para continuar salvaguardando esta especie. 

No es la primera vez que el presidente de EU busca retirar la protección, en 2022, durante su primer mandato, firmó una orden similar, que un tribunal federal revirtió.

En nuestro país, el lobo gris mexicano está protegido y se sigue trabajando para la recuperación de la subespecie más pequeña de lobo gris y, de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010, su estatus es de especie en peligro de extinción. 

La comisión indica que actualmente existen 107 lobos grises mexicanos, 65 machos y 42 hembras, cuidados en 24 instituciones especializadas en su manejo. En EU hay unos 300 ejemplares, mientras que en México por los territorios que antes dominaban, apenas caminan en libertad menos de 50.

La comunidad científica binacional es clara al decir que el lobo gris no está del todo recuperado y de aprobar la eliminación de la protección federal estadunidense, más de 50 años de trabajo para conservar la especie se vendrían abajo.

Nada puede esperarse de quien niega el cambio climático y lo califica como un engaño. Su obsesión por aniquilar animales lo llevó a reactivar la cacería en reservas nacionales en Alaska con técnicas prohibidas en 2020.