Aún recuerdo mis primeras sesiones como representante permanente ante el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y ONU-Hábitat en Nairobi. Lo que podía parecer una conversación técnica pronto se convertía en algo mucho más tangible: decisiones que cambiarían la vida de millones de personas.
Participar en una misma mesa, con ministros, científicos y representantes de comunidades vulnerables, me hizo entender el papel fundamental de los foros climáticos.
Desde las primeras cumbres ambientales organizadas por la ONU en los años setenta y noventa, hasta las más recientes conferencias sobre el cambio climático, la cooperación internacional ha demostrado generar impactos tangibles. Es un pilar que ha permitido construir convenciones, protocolos y marcos regulatorios que hoy impactan directamente en comunidades de todo el mundo.
Uno de estos foros es la Semana de Acción Climática de Londres (LCAW por sus siglas en inglés), que desde 2019 se ha consolidado como el mayor evento independiente en su tipo de Europa.
Apoyada en el sólido ecosistema climático del Reino Unido, reúne a más de 75,000 actores, desde gobiernos e instituciones financieras hasta sociedad civil y academia, con un objetivo claro: acelerar políticas climáticas efectivas a nivel global.
Con más de 750 actividades, la LCAW no sólo convoca al diálogo, sino que define la agenda. Estratégicamente ubicada antes de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Conferencia de las Partes (COP) de cambio climático, funciona como un verdadero punto de encuentro donde se construyen alianzas, se elevan compromisos y se trazan los ejes que guiarán la acción climática mundial.
Para el gobierno del Reino Unido, acelerar la acción climática y la transición hacia energías limpias no es sólo una prioridad, sino una responsabilidad compartida. Este compromiso se está impulsando tanto en plataformas internacionales como a través de alianzas bilaterales con países que comparten esta visión.
En este sentido, el Reino Unido y México son un ejemplo claro de cooperación climática.
A lo largo de los años, programas climáticos británicos han brindado asistencia técnica a instituciones mexicanas, generando resultados concretos en reducción de emisiones y fortaleciendo políticas públicas en sectores clave como la agricultura y el crecimiento verde. Este trabajo conjunto ha generado avances y nuevas oportunidades de colaboración.
Un momento clave de la semana fue la firma de un Memorando de Entendimiento entre Katie White, ministra británica del Departamento de Seguridad Energética y Cero Emisiones Netas (DESNZ), y José Luis Samaniego, subsecretario de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).
Más allá de lo que implica en términos técnicos, este acuerdo refleja algo importante: una visión compartida para un futuro resiliente. Una en la que Reino Unido y México dialogan y trabajan juntos para acelerar soluciones reales frente al cambio climático.
Esto se impulsará a través de seis pilares clave: el aumento de la ambición climática; el fomento a la transición energética; la conservación y restauración de la biodiversidad; el impulso a las finanzas sostenibles; la gestión integral del agua; y la descarbonización industrial mediante cooperación técnica, intercambio de conocimientos y desarrollo de capacidades.
Al final, la cooperación no se mide en documentos, sino en resultados: en energías más limpias, en ecosistemas sanos y protegidos, y en comunidades mejor preparadas para enfrentar los desafíos.
En un momento en que el cambio climático pide pasar de los compromisos a la acción, la relación entre el Reino Unido y México demuestra que avanzar es posible cuando existe voluntad, confianza y colaboración.
Frente a los desafíos ambientales globales, la pregunta es: ¿cómo podemos sumar más esfuerzos para convertir esta cooperación en resultados visibles?
Les leo en X e Instagram: @SusannahGoshko y @UKinMexico.
*Embajadora del Reino Unido en México
