Mi responsabilidad

La señora Renee Lilián González de la Lama desmintió una información que yo publiqué el pasado 23 de junio, referente a su hijo Emiliano González González, empleado del Senado, y a quien yo señalé como hijo del senador Gerardo Fernández Noroña, como parte de un trabajo sobre los hijos, sobrinos, nietos y hermanos de senadores que fueron contratados como empleados del Senado.

“Me parece muy grave que esta nota irresponsable contiene las dos mentiras siguientes, con fuertes implicaciones, que no son menores y afectan directamente a mi familia: que Emiliano no es hijo de mi marido, cosa que pone en entredicho mi honorabilidad y la del senador; que Emiliano está en donde está por nepotismo, cuando en realidad es un hombre honesto y muy trabajador, al que nadie le ha regalado nada y que conoció hace relativamente poco al senador, con quien no tiene ningún parentesco, ni siquiera lejano”, escribió la señora González de la Lama.

Desde ayer, una vez que me fue entregada la carta, ofrecí disculpas públicas a la señora en mi cuenta en la red social de X (antes Twitter) y ahora lo hago en este artículo de opinión.

Y me parece necesario una explicación del por qué incluí a Emiliano González en el trabajo sobre los familiares de senadores que están en la nómina de esa Cámara, porque es una obligación también con las personas que me han brindado su apoyo siempre, dentro y fuera de mi casa editorial.

Desde el momento en que Emiliano González apareció en una entrevista colectiva con el entonces presidente del Senado, trabajadores de la Mesa Directiva del Senado me informaron que éste lo había presentado en la oficina como su hijo.

Semanas después, cuando en una revisión del patrimonio del Senado observé que, un equipo fotográfico integrado por una cámara digital Full Frame Alpha A9, cuatro lentes y un flash plástico negro, adquirido por el Senado estaba asignado al fotógrafo personal del presidente de la Mesa Directiva, pregunté entre las personas que formaban parte del equipo de Mesa Directiva si Emiliano era quien tenía el equipo, pero me explicaron que estaba asignado a Gil Cortés, el otro joven que acompaña al senador, y lo diferenciaron de a quien llamaron el hijo del senador.

Si es su hijo, ¿por qué no lleva su apellido?, pregunté. Y la respuesta fue que había sido el propio senador quien lo identificó como su hijo y que pidió al resto de los empleados tratarlo con respeto y atender sus requerimientos.

Meses después, cuando Emiliano se hizo visible a nivel nacional, por meter el cuerpo entre el priista Alejandro Moreno Cárdenas y el presidente del Senado, en el enfrentamiento que se registró el 25 de agosto de 2025 en la tribuna de la Comisión Permanente, un senador de Morena me comentó que era lógica la reacción de Emiliano, porque así debe actuar un buen hijo. Pregunté a ese legislador si en verdad era su hijo y por qué no compartían apellido; la respuesta fue la misma: el propio senador Noroña se lo había comentado a él.

Desde entonces pregunté a una docena de colaboradores y excolaboradores de la Mesa Directiva y todos me informaron que el senador Fernández Noroña había presentado a Emiliano como su hijo. Pregunté a senadores y la mayoría me dijo desconocer si había una relación familiar, pero cuatro me aseguraron que su propio compañero se los había dicho.

¿Identificar a todos quienes me lo dijeron? No. Jamás.

Incluirlo en un trabajo periodístico sobre los familiares de senadores empleados por la institución me pareció lógico, sobre la base de que el propio legislador federal decía que el joven era su hijo, porque el reportaje no era sobre el senador Fernández Noroña, sino sobre al menos 10 legisladores con familiares contratados por el Senado; él no era el centro de mi investigación.

Pero la carta de la señora González de la Lama es clara y contundente. Emiliano no es hijo del senador Fernández Noroña y yo cometí un error al incluirlo en un trabajo periodístico que no se centra en la persona del legislador, sino en un tema de nepotismo.

Decía el maestro Manuel Buendía que los periodistas publicamos nuestros errores. Yo publiqué un error y asumo plenamente la responsabilidad de las decisiones que tomo y las consecuencias de ello.