Meditación en vuelo

Leda Rendón

Leda Rendón

Umbrales mínimos

Quiero volar, desde ayer deseo despegar mis pies del suelo. Imaginé varias formas de hacerlo. Primero me elevé por los aires como superhéroe y recorrí la ciudad calurosa; al aterrizar, los niños me pedían fotos y numerosos suspiros femeninos me perseguían al surcar, de nuevo, el aire. Enseguida aparecí sobre una roca con mis alas blancas y crucé el cielo arrebolado sobre montañas nevadas, pero recordé que es una forma ya muy común de volar, es el mismo caso el de los superhéroes.

Luego, me inflé como un globo y comencé a flotar por aquí y por allá, pero era lo mismo, muy visto ya, además, se me despegaron los huesos de la carne, no fue muy agradable, es la verdad. Por eso decidí modificar la atmósfera en la que me movía, me desplacé en un medio denso que me permitió estar suspendida como una pasa en una gelatina. Pero la meditación en vuelo me desesperó rápidamente.

Decidí ser un gas para vivir suspendido. Mi cuerpo ocupaba un gran espacio, mi yo se dividió en miles de partículas. Yo era muchos, tenía ojos repartidos por el cuerpo expandido. Era yo únicamente un cúmulo de sensaciones, mis diminutos cuerpos de gas formaban una columna de luz líquida. Me angustió, en ese estado, no poder comunicarme con los seres vivos; sin embargo, podía persuadirlos de hacer mi voluntad. Me introduje primero por las narices, luego por las bocas, los ojos y, al final, por las pieles de mis huéspedes, y no me gustó lo que vi, así que escapé.

Cuando pienso en volar, siento algo parecido al miedo, al recrear diferentes formas de hacerlo me ahogo. La sensación de pérdida de control es desconcertante. Pero hoy me propuse volar, hoy quise superar la gravedad y elevarme. Así que ahora soy una nave espacial, soy muy grande y todos mis sistemas están en buen estado. Llevamos varios años en un viaje que durará siglos.

Estoy tripulada por pájaros de todas las especies que chocan contra mis ventanas, es porque estamos frente a una estrella desde hace mucho tiempo, la luz los confunde. Voy a entregar las aves al planeta M51-ULS-1b. Me gusta ver cómo eclosionan los huevos de los pájaros en mi interior. Miren el huevecillo que se rompe, vean cómo una cabeza diminuta aparece y, enseguida, ya todo el animalito queda suspendido en el aire, por la gravedad cero; y mueve desde el primer momento unas alas, que de poco le sirven en el espacio.

El planeta al que nos dirigíamos ya no existe, por eso sigo navegando por el espacio con el vientre lleno de animales que nacen y mueren. Pero cada generación tiene las alas más pequeñas, hace mucho tiempo que se desplazan más bien como moluscos, tocan algún punto en mi interior con sus patas ya palmípedas y se proyectan con fuerza en un vuelo que se parece más a nadar. Es extraña la naturaleza, yo, en cambio, todo de metal, no me modifico desde adentro, no hay un vuelo adentro de mí, es pura magia humana la que me hizo volar.