Y esto apenas comienza
El gobierno presidido por Donald Trump apenas atravesó la barrera simbólica de los primeros 100 días con los niveles más bajos de popularidad para los primeros días de un presidente desde épocas de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con los datos difundidos por The ...
El gobierno presidido por Donald Trump apenas atravesó la barrera simbólica de los primeros 100 días con los niveles más bajos de popularidad para los primeros días de un presidente desde épocas de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con los datos difundidos por The Washington Post, ABC News e Ipsos, Trump sólo cuenta con 39% de aprobación.
Las características básicas de estos primeros 100 días son la exacerbación de su primer mandato: autoritarismo presidencial, beligerancia, paranoia, desdén al multilateralismo, una batalla ideológica propia de regímenes autoritarios y el claro desafío a todas las instituciones que con un contrapeso limitan el poder del Ejecutivo.
Resulta interesante que no ha requerido ningún escándalo o acusación sexual para registrar esos bajos niveles de aprobación. Simplemente, su impopularidad se debe a las decisiones en materia económica que ha tomado, lo que ya se refleja en el bolsillo del ciudadano de a pie.
Lejos de aquella época dorada prometida hasta la obsesión, ya hasta los tenis Adidas cuestan más en Estados Unidos debido a su guerra comercial, la obsesión paranoide contra China y la incertidumbre y caos en la que tiene sumido al mundo.
Su forma de gobernar, aparte de peligrosa y caótica, es vía decretos, mensajes improvisados en redes sociales, venganzas desde el campo de golf de Mar-a-Lago y, sobre todo, políticas de castigo a críticos y opositores. Ya lo advirtió ayer el mandatario: “Sólo acabamos de empezar, aún no ha visto nada de todo lo que planeamos implementar”. Más que una frase motivacional, suena como una amenaza terrorista.
INCERTIDUMBRE, CAOS Y DECLIVE
Otra de las características de los primeros 100 días de la administración Donald Trump es el constante estado de confrontación con todos los actores internacionales, la ruptura de las alianzas con socios tradicionales y los discursos imperialistas y expansionistas propios del siglo pasado.
No hay mejor ejemplo para entender la política exterior trumpiana que el caso del conflicto Ucrania-Rusia. El magnate repitió hasta la náusea que resolvería el conflicto en “24 horas” y, a más de tres meses, sólo se ha complicado más, se le dio un respiro a Rusia, se humilló a Ucrania y comenzó la fractura con la OTAN y la Unión Europea sin ningún resultado satisfactorio. Los tumbos diplomáticos del magnate amenazan con destruir la estabilidad internacional del sistema post 1945.
La visión nostálgica de la geopolítica trumpiana acerca su nación más al declive y a la pérdida de influencia global que a cualquier época dorada.
Al hablar de política doméstica, el escenario tampoco es optimista. En este breve periodo ha firmado más de 140 decretos, la mayoría de dudosa constitucionalidad y que menoscaban el soft power estadunidense, como la reducción de fondos a universidades por cuestiones ideológicas o la desaparición de la Agencia USAID y, con ello, su influencia moral internacional.
LA RESISTENCIA
Mientras que el Congreso debería ser un contrapeso efectivo para las políticas presidenciales, éste ha demostrado incompetencia e incapacidad frente a los embates autoritarios y crisis emocionales de Trump. Los decretos lanzados por el presidente estadunidense simbolizan una figura imperial del presidente y el uso del aparato federal para castigar a los disidentes.
Los tribunales, por su parte, intentan bloquear algunas iniciativas que rozan la ilegalidad, pero no logran contener la descomposición institucional que se vive al interior del país. Estos jueces y funcionarios, por supuesto, están siendo perseguidos y castigados por su osadía de retar al gobierno de Trump (sin mencionar la campaña de desprestigio a la que son sometidos). Parece que la única esperanza recae, otra vez, en Bernie Sanders y su pupila, Alexandria Ocasio-Cortez.
Estos primeros 100 días son el botón de muestra de los próximos cuatro años, con un estilo de gobierno autoritario, impulsivo, vengativo y desconectado de la realidad. Un gobierno que continuará erosionando las instituciones y el multilateralismo. La nostalgia imperial y la improvisación de Trump reflejan una visión caduca del poder.
