Todos somos Trump
La sociedad en general apunta comentarios cargados de xenofobia a gente que huye de su lugar de origen por la violencia y la pobreza.
Desde hace más de 40 años los mexicanos han alzado la voz ante los sistemáticos maltratos que se cometen en Estados Unidos contra nuestros nacionales indocumentados que migran al norte.
Se exige una reforma migratoria integral, el fin de las redadas, la discriminación, racismo y xenofobia, no más palizas de agentes policiacos fanáticos y, mucho menos, las cacerías de grupo infames, estilo los minute man.
Una y otra vez vimos cómo afrentaban a los connacionales o cómo un desenfadado Donald Trump nos acusa de ser criminales y culpables de los males que aquejan su territorio. ¿Recuerda la indignación nacional por esas declaraciones?
Somos grandes defensores de nuestros derechos y unos tremendos hipócritas y sinvergüenzas. Cometemos las mismas y peores atrocidades contra los migrantes centroamericanos en su paso por México.
Desde que comenzaron a salir las caravanas migrantes centroamericanas (ya han llegado más de medio millón de personas), mediante redes sociales, comunicados, entrevistas y de voz en voz los mexicanos no se han cansado de exhibir la misma xenofobia, discriminación e ignorancia que se ha recibido de Estados Unidos en las últimas décadas.
Nuestro imaginario colectivo nos dice que somos tremendos anfitriones, un país alegre y justo. ¡Preguntemos a los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños cómo los hemos tratado!
¿Alguna vez se ha preguntado de dónde viene su familia? La mayoría de nosotros somos resultado de migraciones internas e internacionales causadas por la pobreza, violencia, persecución y otras cuestiones que motivaron a nuestros antepasados a dejar todo y a todos por una vida nueva en un lugar distinto.
Los más afortunados probablemente lo hicieron motivados por encontrar un lugar donde prosperar, pero, ¿qué sucede hoy?, ¿por qué un país que daba la bienvenida y acogía al migrante hoy lo rechaza?
Y no, no me refiero a Estados Unidos, donde la migración es vista como un peligro, peor aún si tu color de piel no es blanco y provienes de un país del sur; me refiero a México, un país donde el migrante se convirtió en invasor.
Por siglos, México fue un país de destino y tránsito para millones de migrantes. Hoy hay un grave retroceso, la sociedad en general apunta comentarios cargados de xenofobia a gente que huye de su lugar de origen por la violencia y la pobreza, gente que prefiere arriesgar la vida y la de los suyos persiguiendo un sueño que quedarse en su tierra a vivir una pesadilla.
Personas como Óscar Martínez y su pequeña Valeria que, en busca de paz, murieron ahogados y son el rostro de millones de seres humanos que son perseguidos, padecen hambre y frío y son víctimas de miles de mexicanos.
Los migrantes no son invasores, tampoco nos vienen a quitar nada, sólo quieren sobrevivir. ¿Qué diferencia hay entre un mexicano migrante sin documentos a un centroamericano en la misma posición? La respuesta es muy sencilla: ninguna.
Todos somos Donald Trump, la única diferencia es que él tiene el valor y la fuerza de decirlo en voz alta. Aquí sólo llegamos a vulgares memes y chistes racistas. Dejemos de creernos superiores y enseñemos con el ejemplo. Por ahora, somos una vergüenza.
POST SCRIPTUM
Donald Trump no deja de ser el Dios del rating y los shows, es el primer presidente estadunidense en pisar suelo Norcoreano y las imágenes le dieron la vuelta al mundo. Esperemos que haga lo mismo con Irán.
