Otoño para dos

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

Aunque Donald Trump no estará en la boleta de las elecciones de noviembre próximo, todo se trata de él. Los resultados de la contienda serán el termómetro del impacto, para bien y para mal, de lo que es su presidencia.

A tan sólo 76 días de las elecciones de medio término, Reuters/Ipsos colocó la aprobación presidencial en 33%, su nivel más bajo histórico. De febrero a la fecha, todo ha sido caer y caer en los niveles de popularidad. La economía siempre fue la fortaleza de los republicanos y esa percepción comienza a modificarse: 37% confía más en los demócratas para manejar la economía frente a 36% de los republicanos. Es la primera vez en una década que el partido liberal registra una ventaja en ese tema. En lo que respecta al Congreso, 42% votaría a favor de los demócratas, frente 37% que lo haría por los republicanos.

Recordemos que Trump arrasó las elecciones presidenciales con promesas de control de la frontera, el crimen, los precios; además de una época dorada para el bolsillo de los estadunidenses. Noviembre será el referéndum acerca de la credibilidad de esas promesas. Las elecciones intermedias acostumbran a castigar al partido que ocupa el Salón Oval. 

En este momento, los republicanos gobiernan con márgenes muy estrechos y 435 escaños de la Cámara de Representantes están en juego. El Senado enfrenta otra realidad, los demócratas necesitan cuatro escaños y no hay margen para equivocarse. De cualquier manera, perder la Cámara significaría perder el cómodo control legislativo que se tiene ahora y enfrentar un escrutinio más agresivo sobre la presidencia.

La remontada demócrata no necesariamente es por su buen desempeño; el costo de vida y la guerra con Irán le están jugando a favor. La apuesta demócrata es arriesgada, pero va dando frutos. Las primarias han dado cabida a nuevos liderazgos progresistas que derrotaron el aparato tradicional. No sólo se está jugando la continuidad de un sistema político, también está en la mesa el hartazgo y el voto de castigo que en innumerables ocasiones puede más que una fórmula perfecta.

EL OTOÑO DE NETANYAHU

Días antes de los comicios estadunidenses, Israel votará la permanencia de Benjamín Netanyahu. El primer ministro se juega las elecciones más complicadas en su carrera política. Llega a las urnas tras años de una guerra con Hamás que mermó su capital político y que, hasta la fecha, no ha conseguido la victoria total que prometió. Hamás prevalece, Gaza sigue sin solución y el costo humano es altísimo.

Las encuestas han dejado de tratar a Netanyahu como eterno e inevitable. Tras casi 19 años en el poder, algunos sondeos colocan al Likud por detrás de Gadi Eisenkot y su bloque lejos de los 61 escaños necesarios para gobernar. Por primera vez en décadas, una buena parte del país contempla un Israel sin Netanyahu.

Y en la boleta electoral de Israel, también estará la enorme figura de Trump. Los dos enfrentan guerras sin una victoria política indiscutible, un alto costo económico y humano, sociedades desgastadas y un desprestigio internacional. Pronto sabremos si es suficiente para terminar con toda la era que representa Netanyahu.

Los hombres fuertes también tienen su otoño. Trump y Netanyahu construyeron su imperio sobre la idea de que son indispensables y que sólo ellos podrían llevar el orden y el progreso a sus naciones, veremos si esto se sostiene en las urnas.