Los 200 alcaldes frente a Palacio Nacional
Enterado del hecho, el Primer Mandatario se escabulló y, finalizado el incidente, en vez de recibirlos como quien escucha a todos los mexicanos, delegó el solicitado diálogo al subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta para escuchar las peticiones de los ediles
La primera noticia que nos llegó fue que cerca de 200 alcaldes panistas se presentaron a las seis de la mañana el pasado martes a la puerta de Palacio Nacional, justo antes de que diera inicio la mañanera del presidente López Obrador. Querían verlo para exigirle recursos por seis mil millones de pesos para sus alcaldías. Todos pertenecían a la Conferencia Nacional de Municipios de México, cuyo vocero es Enrique Vargas del Villar, alcalde de Huixquilucan, Estado de México. Venían de todo el país, la mayoría son del PAN, pero algunos pertenecen a todos los partidos políticos, incluyendo a Morena.
Alarmado por su número, el piquete de soldados que resguardan las entradas de Palacio Nacional les arrojó gases lacrimógenos, porque, según el señor Presidente, “tuvieron miedo de que estas personas entraran a Palacio y lo estropearan”.
El asunto es serio. Contrasta con el trato delicado, condescendiente, compasivo y hasta paternal, que López Obrador dispensa a los que hacen desmanes como cuando, junto con rufianes, jóvenes anarquistas y delincuentes atacan a la autoridad, pintarrajean paredes de edificios públicos y monumentos, rompen vitrinas, roban mercancías de las tiendas y hasta intentan incendiar la puerta Mariana de Palacio Nacional. Ante tal vandalismo, las autoridades los exculpan, comprenden su pobreza, su ignorancia y desamparo social y señalan que hay que entender su triste condición y los absuelven de culpa y castigo. Nadie hay que acusar y nada hay que denunciar.
A los que se acercan al orto del poder, como lo hacen los alcaldes, autoridades legítimamente electas por el pueblo, que abogan y reclaman justicia y alivio económico para sus municipios, les espera el desprecio presidencial, insultándolos con los consabidos epítetos de neoliberales y conservadores. Increíble, pero cierto, el Presidente nos hace el chico favor de polarizar a la sociedad mexicana.
El lamentable sainete del martes 22 fue una muestra de cómo reacciona el gobierno cuando el opositor se le acerca. Enterado del hecho que acontecía a pocos metros de donde se encontraba, el Primer Mandatario se escabulló y, finalizado el incidente, ampliamente difundido por todos los medios, en vez de recibirlos como quien escucha a todos los mexicanos, esta vez por tratarse de un grupo mayoritariamente de oposición, delegó el solicitado diálogo al subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta para escuchar las peticiones de los ediles.
Para abrir boca, el funcionario ofreció amplias disculpas a nombre del gobierno y, paso seguido, procedió a anunciar la instalación de una “mesa de trabajo” para examinar la lista de asuntos que traían los alcaldes: la suerte de las participaciones en los ramos 28 y 33, el rediseño de la Ley de Coordinación Fiscal, la operación de fondos de apoyo al migrante, a mineros, pueblos mágicos, temas de seguridad, cultura y deporte, la profesionalización de funcionarios locales y la de agendas sociales. El Presupuesto de Egresos se aprobará en noviembre por lo que la mesa de trabajo debe apretar el paso para que las tribulaciones frente a Palacio Nacional no queden en balde.
Vitales para el equilibrio nacional, todos los gobernadores, como el de Chihuahua, han exigido sin cesar la debida solución a esos problemas que significan prosperidad o recesión.
Una vez más el gobierno tratará de diluir una cuestión de gravedad con el insulso recurso de un comité que nada adicional tiene que examinar, fuera de la realidad perfectamente conocida de la interrupción de los indispensables fondos presupuestales que son la base de un federalismo real y operativo conforme a la Constitución. El que se hayan desplazado 200 alcaldes de sus sedes para llegar sin protocolo a Palacio Nacional es muestra de la desesperación que los anima.
Es de recomendarse, por cierto, definir en todas las notas periodísticas la pertenencia partidaria de cada legislador o funcionario. Esto es ya indispensable en estos tiempos de tanta confusión para que el ciudadano tenga un panorama claro de quién es quién y de cuál partido se trata.
Cuando la lumbre le llega a los aparejos, el Presidente delega en otros el diálogo personal que sería la oportunidad para unificar a la nación.
