Estamos a un paso de continuar con el desastre actual
El cambio de 1971 pretendió atender las aspiraciones no satisfechas de las mayorías.
Solidaridad con María Amparo Casar.
Hace no tantos años que la marcha de la República parecía asegurada. Los mecanismos del poder estaban en su lugar y cada pieza conocía su papel dentro de la gran maquinaria en la que todos ocupaban su papel.
Después de muchos episodios se había llegado a un modus operandi político genialmente diseñado y ejecutado. El “desarrollo estabilizador” respondía a la ambición de superación general. Las centrales del sector trabajo y del agrícola, disciplinadas, se unían al esfuerzo colectivo, al lado de las entidades de producción y de servicio reunidas en una sinfonía de progreso nacional con un director seleccionado sexenalmente y aceptado por todos.
Había subsectores, entre ellos el empresarial, que era importante para dar fluidez financiera al sistema. Otro subsector, el de los maestros, dentro de las organizaciones populares, aseguraba el voto para asegurar la estabilidad del gobierno. Cada pieza cumplía su responsabilidad dentro del esquema y daba continuidad a la sucesión presidencial. Había una admiración internacional por esa “dictadura perfecta” que centralizaba el poder público para atender ordenada y simultáneamente todos problemas.
¿Qué sucedió con ese esquema que por la decisión de un solo individuo quedó de un día para otro eliminado y sustituido? El sistema del desarrollo igualador quedó desacreditado y una nueva fórmula, esta vez claramente personal, fue impuesta al pueblo que dócilmente aceptaría y absorbería el drástico cambio. Atrás quedó la preferencia oficial para el sector privado. La orientación “constitucional” era hacia una izquierda. Un rumbo distinto al anterior nunca fue aceptado por las dirigencias empresariales.
El cambio de 1971 pretendió atender las aspiraciones no satisfechas de las mayorías. La nueva dirección del gobierno creó nuevos instrumentos oficiales dedicados a modernizar y democratizar la tarea política como en salud, vivienda, comercio exterior y desarrollo educativo y científico. Áreas que implicaron fuertes desembolsos para el erario público.
Las cosas marchaban. Se volvió a tolerar a un elemento que ha sido factor constante en nuestra la historia, que es la corrupción. La imposibilidad de realizar cualquier programa de desarrollo o solución de las necesidades se ha visto impedido y traicionado por la inveterada compulsión de drenar los presupuestos. Cada uno de los presidentes han prometido, al asumir su encargo, eliminar ese lastre, pero ninguno lo ha cumplido. La tentación del abuso del poder ha vencido a cada uno de ellos. Los intentos por cambiar el rumbo del país y enderezarlo hacia otras orientaciones han sufrido el mismo problema. La realidad de la corrupción tuerce los rumbos y no sólo desperdicia recursos, sino que introduce en el cuerpo social elementos distintos que dejan el programa infectado aún más de lo que estaba previsto. Las administraciones menos condenadas por la opinión histórica han sido las de Ruiz Cortines, Calderón y Zedillo.
La acumulación a lo largo de los sucesivos gobiernos de los incesantes estragos de la corrupción es la explicación más elemental del atraso en que se encuentra el país actualmente. El sólido potencial de desarrollo socioeconómico se ha desperdiciado a costa del avance que la población habría obtenido de haberse dedicado la totalidad de nuestros recursos a los programas prometidos.
El caso más reciente de las administraciones que han caído en el pozo profundo de la corrupción siempre presente a lo largo de la historia nacional se ha agravado a niveles sin límite por sufrir el costoso ensayo de un mal imitado régimen socialista por el que el presidente López Obrador sigue intentando instalar obstinadamente.
El desastroso régimen de Morena, consistente en devastar las instituciones y programas que habían encausado los logros de las administraciones anteriores, con el insano propósito de desviar el rumbo nacional, se ha ido hasta el grado de acurrucar el crecimiento de las mafias criminales que hoy dominan en más de la mitad del territorio nacional sembrando pobreza, miedo y muerte.
La señora Sheinbaum, candidata de Morena, está comprometida a continuar la gestión de AMLO, que, fortalecido en la corrupción, ha llevado México a extremos de violencia criminal.
Reemprender el desarrollo es la tarea que le corresponderá a Xóchitl Gálvez que cuenta con un programa novedoso y con un equipo comprometido y rico en experiencia. Están listos para emprender una cruzada de saneamiento y luchar contra la corrupción.
Xóchitl es hoy por hoy la única alternativa que existe para el 2 de junio.
