Asomos del próximo sexenio
La ideología bajo disfraz de democracia debe descartarse. La democracia asegura la participación de toda la sociedad, pero no es responsable de las decisiones que el propio pueblo toma y que expresa por las vías electorales válidas. El que la mayoría de los regímenes dictatoriales y personalistas actuales se encuentren en activo, demuestra la necesidad de educación cívica y de sistemas que garanticen los derechos de los ciudadanos.
Iniciamos el nuevo gobierno conociendo a los miembros del gabinete de la futura Presidenta. Se comienza sin partidos políticos. Por una parte, sólo vale Morena con su vocación de llenar los zapatos del clásico PRI que era dueño omnipresente del teatro sin dejar lugar a ninguna otra fuerza política. El espacio que el todopoderoso ocupaba ha desaparecido. El único otro, el del PAN, menguó.
El panorama político de México es un espacio sin más habitante que los planes de Morena. No es el de AMLO, por mucho que se diga que continuará. Nuestros ejemplos históricos son de desapariciones totales. El panorama es fantasmal. Lo que ahora toca es madurar una nueva oposición con una sociedad civil y los restos que quedan de los partidos.
La tarea sigue en formación, con sangre nueva. Grupos identificados con horizontes por atender, en salud, educación, productividad, medio ambiente, seguridad, entre muchos temas pendientes.
La experiencia que sacamos de los seis años de “transición”, ahora por terminar, es que sin orden y armonía no hay progreso. El próximo sexenio tiene que equilibrar sus distintas fases de aplicación, a fin de evitar el personalismo dictatorial con sus confusiones, como fue el caso de todo el sexenio por extinguirse.
La ideología bajo disfraz de democracia debe descartarse. La democracia asegura la participación de toda la sociedad, pero no es responsable de las decisiones que el propio pueblo toma y que expresa por las vías electorales válidas. El que la mayoría de los regímenes dictatoriales y personalistas actuales se encuentren en activo, demuestra la necesidad de educación cívica y de sistemas que garanticen los derechos de los ciudadanos.
La política del próximo gobierno debe generar un sistema de fuerzas equilibradas que garanticen condiciones de libertad para los ciudadanos, amparadas por instituciones oficiales respetuosas de ellas.
Las transiciones de México son varias, a la vez que simultáneas. El ensayo de una sociedad semisocialista de la 4T no ha terminado aún, como puede apreciarse con la amenaza real y vigente de una reforma del Poder Judicial que viola su carácter de equilibrador de fuerzas entre los tres poderes del gobierno.
Un segundo peligro, que también nos preocupa tras los resultados electorales del 2 de junio, consiste en el sistema de sobrerrepresentación con que Morena se las ha ingeniado para hacer valer su predominio en las cámaras legislativas y, por tanto, nos encontremos con un partido líder y árbitro de las decisiones nacionales, alterando el sentido de la voluntad nacional.
Una tercera perspectiva es que México acabe teniendo un solo partido oficial, tal y como sucede en los países centralizados unipartidistas como Corea del Norte, China, Myanmar, Cuba, Venezuela o Nicaragua, en donde el partido todo lo decide y el pueblo todo obedece.
Sería irónico que el futuro de México bajo la nueva Presidencia, con el gabinete prometedor y con experiencia que ya se anuncia, no hiciera otra cosa sino confirmar el sistema personalista y dictatorial al que López Obrador se empeñó casi seis años en llevar al país desde 2018.
Falta tiempo para cumplir el enervante lapso que nos separa del inicio del nuevo gobierno. Es tiempo para preparar los pasos que todos tendremos que dar para inaugurar una nueva etapa en la ya larga vida de la sociedad mexicana, que hace más de 600 años comenzó un viaje hacia la dignidad y desarrollo.
No hay que seguir desperdiciándolo.
