Los disturbios en Francia

Juan José Serrano

Juan José Serrano

Área común

Lo que sucede en Francia no responde a una sola circunstancia o motivo, se han conjuntado una serie de situaciones que han afectado a gran parte de la población. Entre las razones se encuentra lo que han denominado “la pérdida del poder adquisitivo”, entre otras; a lo anterior se ha agregado el descontento de estudiantes y trabajadores con las políticas presupuestarias del gobierno actual, encabezado por el presidente Emmanuel Macron.

Los sucesos más relevantes se llevaron a cabo los días 17 y 24 de octubre, cuando las manifestaciones se multiplicaron en distintas ciudades del país y se suscitaron lamentables episodios de saqueos, protagonizados principalmente por jóvenes que irrumpieron violentamente en tiendas y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad del Estado. El resultado: millones de euros en pérdidas y más de mil personas detenidas. Como se ha dicho, uno de los motivos de la situación que se vive es el encarecimiento de la vida en Francia. Lo que llama la atención es que el movimiento recuerda el discurso que se adoptó en 2018, cuando se registró un incremento en el precio de los combustibles, al que se sumaron, en ese momento, demandas de justicia social y económica. A las protestas de aquella época se les denominó las de los “chalecos amarillos”. Sobre lo anterior, es importante conocer que la Confederación General del Trabajo demanda un incremento de 10% al salario mínimo.

El responsable de la coordinación y elaboración del presupuesto, así como de la negociación con las organizaciones sindicales por parte del gobierno francés es el primer ministro Sébastien Lecornu; el funcionario presentó el 1 de octubre un proyecto de presupuesto para 2027 que implicaba ajustes fiscales y presupuestarios por 43 mil millones de euros, con el objetivo de sanear las finanzas públicas; lo anterior no fue bien recibido por los sindicatos y sectores de oposición, que argumentan que podría afectar los servicios públicos.

Es importante recordar que las manifestaciones estudiantiles iniciaron desde el 29 de septiembre. Entre sus exigencias se encuentran la contratación de más profesores, la mejora de las instalaciones escolares, un mayor financiamiento para escuelas y universidades y la eliminación del sistema de acceso a la educación superior, conocido como Parcoursup. Un factor que, sin duda, ha contribuido al agravamiento de la situación es la actuación de las fuerzas de seguridad francesas. Desde la perspectiva de observadores de los distintos acontecimientos, ha existido un uso excesivo de la fuerza policial; circunstancia que ha provocado que otros sectores de la población se solidaricen con los manifestantes, tal como ha sucedido en el pasado reciente y no tan reciente.

A todo lo anterior debemos agregar un nuevo ingrediente a este ambiente convulso: las redes sociales. Las convocatorias se difundieron a través de plataformas digitales. El diario francés Le Monde investigó y obtuvo información que permitió identificar que, durante las dos semanas previas a la concentración del 17 de octubre, se registraron cerca de 460 mil publicaciones convocando a esa manifestación. Existen videos relacionados con las protestas que han alcanzado alrededor de 132 millones de visualizaciones.

Con lo anterior se puede observar queFrancia enfrenta una situación que rebasa el problema del alto costo de la vida y se sitúa ante una crisis en la que el Estado deberá mostrar capacidad suficiente para responder a las demandas sociales sin poner en riesgo las finanzas públicas y actuando con responsabilidad respecto de ellas. El hecho de que se encuentren involucradas dos generaciones en el conflicto exige especial atención: por un lado, como se ha dicho, los estudiantes que demandan oportunidades educativas y, por otro, los trabajadores que reclaman mejores percepciones; aunado a esto, la decisión del gobierno de establecer un toque de queda para tratar de controlar las manifestaciones genera un momento especialmente complejo. Es importante reconocer que la estabilidad económica, la paz social y la legitimidad política se encuentran íntimamente vinculadas; no obstante, ninguna de ellas, por sí sola, garantiza la existencia de las otras dos.

Para concluir, en esta ocasión, nuestra Área común, una frase atribuida a Marco Aurelio: “El valor de una persona se mide por el valor de lo que valora”.