No es chatarra

Aún falta por contar la historia de la Mecánica Teatral y del antiguo escenario del Teatro del Palacio de Bellas Artes, retirados durante la polémica restauración que concluyó en 2010, es decir, hace 16 años, porque donde algunos sólo ven chatarra o fierro viejo hay un patrimonio histórico e industrial invaluable.

En 2019 visité la bodega que resguardaba aquel acervo, entre tableros de control desvalijados, fierros oxidados y semirretorcidos, poleas cubiertas con plástico y restos de motores hidráulicos apilados sin cuidado (Excélsior 28/05/2019).

Cabe recordar que en 2011 y 2014, dos extitulares del entonces INBA —Teresa Vicencio y María Cristina García Cepeda, respectivamente—, prometieron la protección y resguardo de este material y aseguraron que, más adelante, sería expuesto en un museo que podría crearse en el predio de La Mariscala, a espaldas de Bellas Artes.

En aquella visita de 2019, la dependencia reportó que alquilaba la bodega, ubicada en Lerma, Estado de México, para preservar aquel material que incluía los cuatro pisos de mecánica teatral, el foro y la tramoya, el cual habría sido inventariado ante notario.

Siete años después, el INBAL, que ahora dirige Alejandra de la Paz, aporta nueva información sobre dicho acervo. Informa, por ejemplo, que, desde este año, tanto la Mecánica Teatral como el antiguo escenario del teatro fueron enviados a dos sedes: el Palacio de Bellas Artes y la Bodega Nacional de Arte (BNA), luego de que concluyera el contrato de arrendamiento en Lerma, al que se destinaron 9.5 millones de pesos entre 2016 y 2025.

Enviaron a la primera sede más de 500 poleas, 60 carros de madera, una treintena de varas de telón, dos decenas de escaleras, algunos barandales, láminas de piso y cinco motores, entre otros materiales. Mientras que a la Bodega Nacional de Arte llevaron al menos 50 carros de madera, dos engranes, cuatro pistones, dos poleas, soportes de telón, vigas y tanques.

Sin embargo, el INBAL informa que “el destino previsto para el material referido corresponde a procesos de enajenación y exposición”, aunado a que el inventario aportado a esta columna, hace unos días, es distinto de lo que originalmente reportó la misma dependencia en 2019, cuando su jefe de Inventarios aseguró que existían 2,886 piezas. Ahora sólo se enlistan 1,454 piezas. ¿Dónde quedó el resto?, ¿se desechó?, ¿se extravió?, ¿se recicló o ya se vendió?

Llama la atención que este acervo histórico permaneciera más de una década embodegado y que ahora se divida en dos partes. Sin embargo, tocará a Claudia Curiel, titular de Cultura federal, y a Alejandra de la Paz, aclarar las disparidades numéricas y, sobre todo, explicar en qué tipo de museo pretenden exhibir el material o si simplemente expondrán algunos elementos en los patios de la Bodega Nacional y, acaso, el material enviado a Bellas Artes se volverá a almacenar, se reutilizará o se dará de baja. Lo que sí se les agradece es que dejaran de gastar en una bodega para su resguardo.

Ojalá que para cuando inauguren la Bodega Nacional de Arte —ya sin las famosas goteras que han denunciado recientemente sus trabajadores—, la autoridad cultural aclare si en ese acervo encuentra algún valor histórico o si sólo se trata de pedazos de acero que andan paseando por el Valle de México y que, tarde o temprano, llegarán al fierro viejo.

LLUEVE EN RADIO EDUCACIÓN

El próximo 2 de julio se reunirán algunos trabajadores de Radio Educación, que dirige Fernanda Tapia, con autoridades de la Secretaría de Cultura federal.

Ojalá que aprovechen el foro para mostrarles los videos de las penosas filtraciones que el pasado jueves inundaron su sótano, donde se encuentran algunos de sus estudios de grabación. ¿Será que no alcanza el presupuesto para realizar los trabajos de mantenimiento? Sin palabras.