Murales inadvertidos

Lo que preocupa es que, hasta el momento, no se haya tratado de poner en valor este conjunto artístico.

La obra de José Chávez Morado (1909-2002) no tiene tanta publicidad como la de Diego Rivera o la de Frida Kahlo, pero su trazo es igual de vigente y relevante. Recordemos, por ejemplo, el festín cromático que se aprecia en Abolición de la esclavitud, que plasmó en la Alhóndiga de Granaditas; la evocación pictórica que dedicó al sismo de 1985 en Homenaje al rescate, en el Centro Médico Nacional (CMN) Siglo XXI; la fuerza contenida que delineó en La conquista de la energía, o el idilio prehispánico que reinterpretó en El retorno de Quetzalcóatl.

Sin dejar de lado el mural escultórico Evolución y futuro de la ciencia médica en México, en el CMN Siglo XXI, y el relieve Imagen de México en el Paraguas monumental del Museo Nacional de Antropología. Así que obra de Chávez Morado tenemos por todas partes.

En esta ocasión me detengo en dos piezas del artista que, seguramente, pasan desapercibidas en el trajín citadino. Se trata de Magia y ciencias médicas, salud, enfermedad y Medicina prehispánica, plasmadas por el guanajuatense, hace 70 años, en los Laboratorios CIBA (luego convertidos en Novartis Farmacéutica), ubicados en calzada de Tlalpan 1779, colonia San Diego Churubusco, a un costado de la estación del Metro General Anaya, inmueble que desde hace algunos meses fue adaptado como Centro Comercial O’Donnell Tlalpan.

Ambos murales fueron evaluados y restaurados, en 2024, por el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam). En el caso de Medicina prehispánica (que puede verse desde la calle y que hoy forma parte del estacionamiento de dicha plaza), registró faltantes de piedra y varillas expuestas con pérdida de mortero y piedra decorativa.

Cencropam informó a esta columna que, para resolverlo, hizo trabajos de estabilización, pasivación de varillas expuestas, eliminación de material con corrosión, reposición de piedra decorativa y limpieza general, eliminando escurrimientos y aplicando una ligera capa de protección.

Y en el caso de Magia y ciencias médicas, salud, enfermedad, que decoraba el lobby de los laboratorios —el cual, al parecer, será ocupado por una cafetería comercial—, Cencropam detectó una obra “en regular estado de conservación”, dado que presentaba acumulación de suciedad, pérdida de materiales constitutivos, debilidad y alteraciones estructurales, y falta de aplanados.

En consecuencia, hizo un registro fotográfico, limpieza y retiro de elementos ajenos a la superficie, se consolidaron y resanaron grietas y cámaras de aire, y se reintegró el color por medio del sistema de veladura y rigatino.

Me parece encomiable que las piezas se hayan restaurado y que ahora cualquier persona pueda acceder al estacionamiento y ver el mural exterior, donde aparece una deidad que es mitad chamán y mitad calavera, la cual sostiene un cuenco con llamas, ante la mirada afligida de enfermos que participan en un ritual.

Lo que preocupa es que, hasta el momento, no se haya tratado de poner en valor este conjunto artístico, que ahora tendrá una mayor cercanía con el público, ya que no hay ningún tipo de placa, ficha o leyenda que contenga información que ayude al visitante a reconocer el valor histórico y artístico de las piezas. Sí, sí está la firma, pero no es suficiente.

También me gustaría saber el tipo de supervisión y mantenimiento que el INBAL brindará a estas obras y, por supuesto, tengo serias dudas acerca de si es buena idea que una cafetería comercial ocupe lo que era el lobby de los laboratorios, porque si bien así tendrá una difusión exponencial (cuando se inaugure), ¿quién vigilará que la obra no sea dañada o alterada? Imagino que la dependencia que encabeza Alejandra de la Paz ya habrá considerado riesgos y posibilidades que seguramente conversaron con los dueños. Ojalá.

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