Cervantino sin brillo

Vine a Guanajuato en busca de esos espectros que deambulan por sus calles y que montan su propio festín en mesones, hoteles y callejones. Vine a la caza de relatos fantásticos y de las míticas funciones del Festival Internacional Cervantino (FIC), con llenos totales y calles abarrotadas, pero sólo encontré historias que alimentan la leyenda de lo que alguna vez fue, porque en sus dos primeros fines de semana sólo se reveló una ciudad semivacía, con escasas verbenas y el susto de un foro que camina por la barandilla del ocaso mientras se propaga la célebre frase: ‘No tarda en morirse’. 

No creo que vaya a morir (aún), pero es verdad que el FIC —que concluye mañana— ha logrado unir la voz de restauranteros, comerciantes y público en una simple frase: “Ya no es lo mismo”. Desconozco si se debe a los cambios en el enfoque del festival, si la programación no ha logrado conectar con el público o si les está fallando la estrategia de publicidad.

Algunos dicen que el problema es la falta de presupuesto, pero pienso que con 50 millones de pesos sí se puede hacer mucho más. Ojalá que Claudia Curiel, titular de Cultura federal, haga un ejercicio de autocrítica y tome nota de las fallas en esta edición, que lució con un público mermado, salvo en algunas excepciones.

Por ejemplo, en el concierto del 10 de octubre en el que actuaron la extraordinaria violinista María Dueñas y la Camerata Salzburg, en el Teatro Juárez, hubo una larga fila para acceder y gente que suplicaba por un boleto, lo que demuestra que, cuando ofreces calidad, el público sabe apreciarla. “Si no ocupa su boleto, yo se lo compro”, me dijeron en al menos tres ocasiones en las escalinatas del recinto.

Algo similar ocurrió ese mismo día con la función de Tragùdia. El canto de Edipo, del Sardegna Teatro, y un día después con el recital del Ensamble Pygmalion.

Hay quienes incluso afirman que el FIC se ha convertido en el evento telonero del Festival del Día de Muertos Guanajuato Capital, que tendrá su octava edición del 28 de octubre al 2 de noviembre, al cual se encomiendan hoteleros y restauranteros para compensar las pérdidas, “porque ése sí convoca a multitudes”, sin dejar de lado que la caída del Cervantino también podría tener su origen en las diferencias políticas entre el gobierno local y la Federación, que este año se acentuaron con el misterioso decomiso de 59 millones de litros de combustible en la comunidad de La Fragua.

Pero volviendo al Festival Internacional Cervantino, comenzaría por recordar que la función inaugural de Mike Patton, en la Alhóndiga de Granaditas —anunciada como una gran joya—, lució un lleno moderado, mientras en el margen del foro un puñado de curiosos no lograba atinar el nombre del cantante.

Habría que reconocer que durante las primeras funciones en el Teatro Juárez las galas tuvieron lugares vacíos y un público que se quejaba por la falta del código QR para ver el programa de mano, el cual siempre estuvo en internet, aunque los acomodadores jamás lograron encontrarlo.

También lamenté que luciera semivacío el espectáculo circense Vértigo, del Teatro Nacional de la Danza de Chaillot, que merecía una plaza llena, al igual que las exposiciones que no lograron convocar a más público, salvo en el recorrido inaugural. Y lo mismo sucedió en los espectáculos programados en la llamada Casa FIC, foro subutilizado que, pese a estar a unos pasos de la céntrica Plaza Allende, no logró encender a la contada asistencia.

No creo que el festival sea una pérdida total, pero sí creo que debería replantearse su esencia, recuperar su perfil temático y dejar de improvisar y de organizar su agenda a partir de gustos personales o de modas, porque cuando el público encuentra un contenido auténtico y de calidad, responde, asiste a los foros y celebra la verdadera huella del Cervantino.

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