Daniel

El sábado pasado, dentro del Festival Marvin, se presentó por primera vez en nuestro país Daniel Johnston, un artista que ha generado un culto impresionante, no sólo en Estados Unidos, su país de origen, sino en todo el mundo. Una felicitación ¿y debería decir ...

El sábado pasado, dentro del Festival Marvin, se presentó por primera vez en nuestro país Daniel Johnston, un artista que ha generado un culto impresionante, no sólo en  Estados Unidos, su país de origen, sino en todo el mundo.

Una felicitación —¿y debería decir también agradecimiento?— a los organizadores del Festival Marvin por traerlo, por generar este evento que nos muestra la ciudad de una manera distinta, en donde los antros son tan importantes como las calles, en donde caminar y reconocerte en los demás es parte de la cultura musical.

Para quienes no sepan qué es el Festival Marvin y se lo hayan perdido, ahí les va: ocho foros en la Condesa-Roma presentan nuevas propuestas musicales de diversos estilos. Con una pulsera puedes acceder a todos los conciertos (si no están muy llenos) desde las dos de la tarde hasta casi la medianoche. Hay música en el parque, al aire libre, y puedes ver desde una banda muy nueva hasta grupos ya establecidos.

Ese día yo estaba ensayando con Daniela Filippi, vocalista del grupo Renoh, porque ahora que presente mi libro Crocknicas marcianas acá en México, quiero que me acompañe tocando y cantando algunas de mis canciones. Daniela vive en Puebla, así que no nos podemos ver tan seguido. Éste fue el primer ensayo y consisitió en darle unas vueltas a mis rolas de manera acústica. Muchas de ellas hacía tiempo que no las ensayaba: Déjame intentar, Dejarte, Guacamaya y Lejos. Otras ni siquiera las había cantado nunca, por ser parte del repertorio Tacvba: El baile y el salón y Esa noche.

Por estar ensayando no pude ver a todos los grupos que me hubiese gustado: Velásquez, La Banderville, Banda de turistas y AJ Dávila, que tocaron muy temprano. Sólo pude llegar a ver un rato a Los Tres en el Caradura y de ahí salir corriendo para llegar a tiempo a ver a Daniel Johnston al Covadonga.

Igual que Daniela, yo también soy fan de Daniel Johnston. Como le ha sucedido a muchos, lo conocí por una de las tantas recopilaciones y homenajes que hay. A mí me tocó el The late great Daniel Johnston, donde Beck, Flaming Lips, Eels, Tv on the radio, Mercury Rev y Tom Waits, entre otros, cantan sus canciones.

Lumi, mi mujer, no lo conocía. Nunca lo había escuchado ni había visto el documental The Devil and Daniel Johnston ni el libro de comics que tengo en la casa, Space Ducks. Sin toda esta información: ¿sería capaz de apreciarlo?  ¿no lo vería como un tipo loco, gordo, sin ningún chiste? Para mí era la prueba final para saber si no eramos todos parte de la mercadotecnia underground, que si bien nadie quiere aceptarla, te lava el cerebro igual que el mainstream. Es suficiente que ciertas personas, revistas, o blogs, digan que tal artista es lo mas cool, que es un genio, para que sea “verdad” (así, entre comillas). Yo llegué a Daniel Johnston porque artistas que admiro cantaban sus canciones. Aunque luego me gustaron más las versiones originales, no soy tan ingenuo como para pensar que eso no tuvo relevancia.

Cuando Daniel cantó Devil Town unas pequeñas lágrimas asomaron a mis ojos. Claro, es una de mis canciones favoritas de la historia, y la he oído miles de veces. No es raro que genere eso en mi, pero cuando vi que también había lágrimas en los ojos de Lumi me di cuenta que este tipo es capaz de conmover hasta a quien no lo conoce.

Todo el mundo dice que Daniel Johnston vive en un mundo aparte. Yo creo que todos vivimos en distintos mundos y tratamos a como dé lugar de comunicarnos. A algunos no les sale. Otros parecen más normales.

Pero no dudo que todos tenemos un Daniel Johnston dentro de nosotros —raro, loco— con ganas de mostrarse tal cual es. Hay que dejarlo salir.

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