Venezuela, ¿hasta cuándo, hasta cuánto, hasta qué?

¡Venezuela padece hambre, enfermedad, desnutrición, corrupción, violencia, desazón, crisis humanitaria, crisis existencial! ¿Hasta cuándo, hasta cuánto, hasta qué?

México, de todos los países vecinos de Latinoamérica, ha sostenido una especial identificación con Venezuela debido,principalmente, al paralelismo de sus economías petrolizadas. Venezuela, con la mayor reserva petrolera mundial, concentró prácticamente la exportación de

dicho combustible en la paraestatal PDVSA, la cual al arribo de Hugo Chávez al poder producía 3.4 millones de barriles diarios, y hoy, luego de ser administrada por inexpertos

funcionarios chavistas, con el triple de personal extrae 40% menos. PDVSA prácticamente saqueada y quebrada, —¿suena familiar?— efecto de la pésima administración e insultante corrupción.

Venezuela, por cuarenta años —de 1959 a 1999— una democracia ejemplar en un país próspero, hoy resiste bajo el yugo de un régimen opresor y fallido que ha retrocedido al límite todos los índices de sustentabilidad y cuyo caradura dirigente pretende reelegirse. A veinte años de la elección de Hugo Chávez, la realidad venezolana difiere sustancialmente del programa de transición propuesto por el entonces candidato supuestamente demócrata, exponiendo cuatro puntos progresistas: Dinamizar la economía. Establecer una economía humanista, autogestionada y competitiva. Nuevas formas de relación entre Estado y sociedad. Diversificación del aparato productivo. ¿Fue iluso el electorado venezolano?

La hiperinflación en Venezuela en 2017 ascendió a 2 mil 616% y para el presente año, el FMI prevé que la misma llegue a 13 mil% con una contracción del PIB del 15 por ciento, lo que significaría una reducción de la economía de más del 50% en tres años. 87% de las familias viven por debajo de la línea de la pobreza y 61% en pobreza extrema. Ocho de cada diez niños padecen desnutrición. Casi tres millones de venezolanos se han exiliado. El salario mínimo apenas fue incrementado en 58%, ahora nada más se requieren 98.2 salarios mínimos para adquirir la canasta alimentaria para una familia de cinco integrantes. En 2016,  74% de la población perdió en promedio 9 kilos de peso. Los servicios básicos de salud están colapsados, casi no se consiguen medicamentos básicos, el déficit de suministros oscila entre 80 y 90%, la mitad de los hospitales no están funcionando, reduciendo el personal médico en la misma proporción, La mortandad de menores de un año de edad aumentó 30%, y 64% más de mujeres murió durante el embarazo o dentro de los 42 días posteriores al parto. Ha resurgido la difteria, malaria, chikunguña, zika y dengue. Casi tres cuartas partes de la población adquiere las bolsas de alimentos básicos importados llamadas Clap, operadas mediante un sistema de tarjetas, mismas que han sido —y serán— utilizadas como instrumento de canje por votos oficialistas. Dichas bolsas suelen venderse con sobreprecio y designación arbitraria, además de entregarse incompletas. Venezuela se sitúa como el segundo país más peligroso del mundo. —luego de El Salvador— con 89 muertes por cada 100 mil habitantes. El Reporte de la Felicidad 2018 de la ONU muestra a Venezuela en el sitio 102, el país con mayor infelicidad de Latinoamérica.

Nicolás Maduro aspira a reelegirse, un periodo parece haber sido insuficiente para mostrar de lo que es capaz —o incapaz—, por lo que procedió a allanarse el camino, inhabilitando a los oposicionistas Hernique Capriles y Leopoldo López, además de los partidos más competitivos como sanción por haber llamado éstos al boicot en las elecciones municipales, así como a la oposición unida representada por la Mesa de la Unidad Democrática —MUD—.

Participarán a modo de comparsa de Maduro legitimando así una elección auspiciada por la espuria plenipotenciaria y oficialista Asamblea Nacional Constituyente, el dirigente opositor, exgobernador de Lara, Henri Falcón y el pastor evangelista Javier Bertucci. Por su parte, el Frente Amplio Venezolano pidió a la ONU no acudir como observador a las elecciones fraudulentas del próximo 20 de mayo convocadas por Maduro.

Maduro responsabiliza al gobierno guerrerista e imperialista de Estados Unidos —a pesar de tratarse de su principal cliente  petrolero— de escalar agresiones contra la democracia y soberanía venezolana, pretendiendo derrocar a su gobierno legítimo y destruir el proyecto de democracia bolivariana, para así apropiarse de sus recursos naturales. Suena fantasioso el argumento de que Estados Unidos está ansioso por apropiarse del petróleo venezolano, no obstante, Maduro debe estar alerta ante el flamante secretario de Estado estadunidense Mike Pompeo.

Un avance de quién es Pompeo: “Los cubanos, los rusos, Irán y Hezbollah están en Venezuela, país que podría convertirse para Estados Unidos en caso de “escalada del caos”.

¿Hasta cuándo, hasta cuánto, hasta qué?

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