Luz y sombra
La cada vez más acentuada brecha entre las embrolladas finanzas públicas y la exponencial bonanza económica del sistema bancario nacional desconcierta e irrita.
La deuda pública del país a diciembre 2017 alcanzó 10.88 billones de pesos, 4.1% más que el año anterior y, prácticamente, el doble que al inicio del sexenio. El monto de los intereses de la deuda, cubiertos en 2017, ascendió a 533 mil 351 millones de pesos, 21% más que en 2016. El déficit público en 2017 fue de 238 mil 472 millones.
En el mismo lapso, la obra pública tuvo un dramático descenso del 36.7 por ciento. Sin embargo, la deuda del sector público disminuyó 2.5% con respecto al año anterior, colocándose en 46.2% del PIB. Por primera ocasión, desde 2008, se obtuvo un superávit primario, equivalente a 1.4% del PIB.
La economía mexicana creció 2.3%, afectada por el continuo deterioro del sector industrial, la caída en la construcción, principalmente de obra pública, influida por el desplome de los precios del petróleo desde 2014 –y cuando el petróleo se repone, nos afecta el aumento de la gasolina importada–, ya que el año pasado apenas se produjeron 1.9 millones de barriles crudos al día, ligando 13 años de consecutivos descensos. Los ingresos petroleros del sector público se han reducido del 40% a menos del 20 por ciento.
Para 2018 se prevé una inflación menor al 5 por ciento. México carece de margen fiscal para reducir la tasa del Impuesto Sobre la Renta, emulando a Estados Unidos, menos ingresos significarían mayor deuda, mayor déficit. Las tasas de interés de referencia subieron ayer, colocándose al 7.5% anual.
Las prerrogativas legales que usufructúa el sistema bancario nacional lo convierten sin duda en el más privilegiado de los sectores de nuestra estructura económica. La diferencia entre los intereses que pagan los bancos por captar dinero y los que cobran por créditos otorgados es verdaderamente abismal, intermediación absolutamente desproporcionada.
Ni se diga del cobro por comisiones por casi cada trámite o servicio realizado, ya sea por expedición de cheques, por saldos insuficientes, por manejo de cuenta, por cheques de caja, por transferencias, por aclaraciones improcedentes, por pago de tarjeta de crédito de otro banco, por apertura de crédito o por cobro de seguro de vida en préstamos personales o empresariales.
Veamos, el interés anual en tarjetas de crédito oscila en 40% anual cuando la inflación –alta, por cierto– de 2017 fue de 6.67%, es decir, los bancos tienen permitido cobrar anualmente intereses equivalentes a 6 años de inflación.
Como referencia, los Cetes a 28 días pagan 7.70% anual. Las utilidades alcanzadas por el sistema bancario nacional en 2017 alcanzaron 135 mil 735 millones de pesos, 28.8% superiores a las del año anterior; a este ritmo las utilidades se duplicarían en un lapso menor a 3 años.
La tecnología ha convertido en impersonal la relación cliente–banco, ahora la comunicación es primordialmente oprimiendo teclas, escuchando grabaciones en un confuso carrusel telefónico.
Tres cuartas partes de las utilidades –104 mil 700 millones de pesos– del sistema bancario, conformado por 48 instituciones, en 2017, quedaron concentradas en 5 instituciones: BBVA Bancomer, Banorte, Santander, Citibanamex e Inbursa.
Las utilidades récord obtenidas por el grupo financiero español BBVA Bancomer en 2017 ascendieron a 45 mil 603 millones de pesos, 12% más que en 2016, significando el 40.3% de las ganancias del grupo a nivel mundial. BBVA es el banco que más préstamos otorga en el país, 23% del total.
El grupo Financiero Banorte reportó utilidades en el ejercicio 2017 de 23 mil 908 millones de pesos, 24% superior a las obtenidas el año inmediato anterior.
La filial mexicana del banco español Santander generó en 2017 utilidades por 17 mil 710 millones de pesos, 12.7% arriba que el año previo.
Citibanamex reportó utilidades a diciembre 2017 por 16 mil 630 millones de pesos, 57% más que el ejercicio anterior. Inbursa registró utilidades por 13 mil 964 millones de pesos al cierre de 2017, un crecimiento del 25% con respecto al año pasado.
Como si se tratara de dos países distintos. La deuda pública creció, desmesuradamente, en los últimos años sin evidentes resultados en infraestructura, el peso ha perdido valor frente al dólar, la inflación ha repuntado, el crecimiento país permanece estancado, prevalece un desánimo social que podría repercutir en las próximas elecciones.
Y por otro lado, el presidente de los banqueros hace unos meses declaró: “La banca pasa por el mejor ciclo de su historia gozando de una fuerte solvencia y liquidez”.
Luz y sombra.
