Después de mí, el diluvio
Como hijos de un malavenido matrimonio, los ciudadanos comunes nos hemos convertido en rehenes de las continuas imputaciones, reclamos, deserciones y pleitos públicos entre partícipes en la política nacional. Representantes sociales anteponen su personal ambición por trepar en el entramado del poder político, renegando de principios e ideales,
de partidos y colores.
Un itinerante gobernador que ondea por la República la bandera nacional en copiosa caravana por la dignidad, en su personificación de Juan Derecho. Congresistas y partidistas chapulines husmeando el hueso. Consanguíneos usufructuando el privilegio de los genes.
El gobernador panista de Chihuahua, Javier Corral, prácticamente sublevado contra la Federación, crea un riesgoso precedente, cuando sus desacuerdos pudieron ser resueltos institucionalmente. En diciembre pasado, quien fuera secretario de Hacienda en el gobierno priista del hoy prófugo César Duarte, reveló que su dependencia avaló en 2016 la triangulación de recursos federales por más de 250 millones de pesos hacía campañas estatales del PRI, motivo por el cual el exsecretario adjunto del PRI, supuesto estratega de las transacciones, fue apresado. Corral sostiene públicamente que, en represalia, la SHCP retuvo a Chihuahua participaciones federales por más de 700 millones de pesos. La SHCP confirmó haber transferido a la entidad 43 mil 56 millones de pesos, los cuales incluyen dos mil millones adicionales al presupuesto original. Sucede que en 2017 se firmaron cuatro convenios extraordinarios no cubiertos por Hacienda, por alguna confusión y por falta de recursos. La cantidad no entregada suma 735.1 millones de pesos, 1.7% del total anual recibido. Sin tomar partido a favor de la SHCP, ¿dicho faltante ameritaba la exagerada reacción? Es primordial acertar quÉ batallas pelear, a menos que existan motivos colaterales.
En cuanto al abuso del poder y el saqueo del patrimonio de Chihuahua perpetrado por César Duarte y la tardanza de la autoridad federal para presentarlo ante la justicia, restituyendo en lo posible lo apañado, resulta más que plausible la enérgica inconformidad del gobernador Corral. Por coincidencia, o por presión, la autoridad apremió las diligencias para aprehender al fugado Duarte. Independientemente del reclamo por resolver el supuesto desvío de fondos de campaña del PRI, las divergencias presupuestales con Hacienda y el saqueo de César Duarte, Javier Corral ya quemó el cartucho de encabezar una publicitada caravana hacia la capital, en su carácter de adalid anticorrupción, ¿o será esta marcha la primera de varias?
Lo dijo el ególatra Luis XV: “Después de mí, el diluvio”. En nuestro entorno es habitual que distintos actores públicos antepongan su personal ambición a dogmas e ideales; basta observar el chapulineo de funcionarios públicos para mantenerse en el candelero. Los principios, como dijo Groucho, si no le gustan, tengo otros. El senador panista Javier Lozano, previamente priista, dos veces subsecretario con Ernesto Zedillo y luego, ya como panista, secretario del Trabajo con Felipe Calderón, en fast track se convirtió en vocero del aspirante presidencial ¡del PRI! Radio Pasillo murmura que en cuanto Lozano supo que no sería candidato a gobernador de Puebla, pues abur. Tatiana Clouthier, hija del icónico panista Maquío, coordinará la campaña del candidato presidencial de ¡Morena! De Cuauhtémoc Blanco como candidato a gobernador —hágame el favor— de Morelos, por Morena, no hay mayor comentario, sabemos que juega en cualquier estadio. Nunca hay que decir nunca, la acérrima crítica por años contra López Obrador, la químicamente pura senadora panista Gabriela Cuevas, de buenas a primeras se va, ¿con quién cree?, le atinó, con López Obrador; es que lo conoció más de cerca y le pareció alegre y simpático. ¿Acaso no será que Andrés Manuel le ofrece una diputación —el PAN no se la garantizó— para así mantenerse al frente del Parlamento Mundial?
Desafiando a la ética y a la opinión pública, persiste la práctica de nominar a familiares directos de funcionarios salientes para cargos públicos y lo insólito es que, en no pocas ocasiones, resultan electos. En Puebla, la postulada por el PAN para la gubernatura es la esposa del apenas saliente Rafael Moreno Valle, ¿la avala su historial? En Veracruz, el candidato del PAN-PRD-MC a gobernador es hijo del actual gobernador, Miguel Ángel Yunes. En Morelos, el aspirante del PRD-PVEM-PSD a gobernador es hijastro del actual gobernador, Graco Ramírez. El ya destapado candidato a gobernador de Chiapas por el PRI es hijo del exgobernador de la entidad, Roberto Albores. Y así se presentan casos similares para senadores, diputados y alcaldes. Vaya que los genes operan.
Después de mí, el diluvio, o lo que es lo mismo:
¡Me vale madres!
