Medir a Meade
Finalmente se levantó la capucha del tapado y, efectivamente, el ungido candidato del PRI a la Presidencia de la República resultó ser José Antonio Meade, el apartidista funcionario en gobiernos tanto del PRI como del PAN, cinco veces secretario de Estado en cuatro distintas secretarías
El notorio desencanto social hacia el gobierno de Enrique Peña, agudizado por los desmesurados y ofensivos delitos de corrupción pública, aunado a la incontenible inseguridad, apremió al PRI a abrirse a la posibilidad de una candidatura externa por la Presidencia de la República y hoy podemos conjeturar que dicha resolución tenía como destinatario al secretario de Hacienda. El partido se ajustó al candidato.
José Antonio Meade navegó por las aguas de la política, percibido como competente, discreto y accesible tecnócrata, sin mayor pretensión. Prácticamente la presentación en sociedad de Pepe Meade ocurrió el lunes pasado, a partir de su renuncia como titular de Hacienda y posterior declaración sobre su intención de convertirse en precandidato presidencial del PRI, en su carácter de simpatizante del partido. Meade cumplió con el ritual de la visita a las siete casas —organismos cupulares del PRI— mostrándose afable, con aplomo, soltura de lenguaje y sonrisa franca y convincente. Ya constataremos si el inminente candidato Meade se desenvuelve con la misma destreza en el fango de la campaña electoral, como en los palaciegos pasillos de la alta burocracia. El gran desafío para Meade consistirá en convencer haber atravesado el pantano con el PAN y el PRI sin haber ensuciado su plumaje, persuadiendo a los priistas de ser su genuino representante, ser, pero no ser, manteniendo su imagen apartidista, honesto y capaz de remontar los avatares que aquejan al país, atrayendo el voto de simpatizantes de otros partidos no identificados con los desatinos pactados por sus dirigentes, captando votos antilopezobradoristas, sumados al apoyo de ciudadanos convencidos de su propuesta. Evidencia de lo anterior es la adhesión a Meade de los llamados rebeldes del PAN —no son un grupo de rock—, estimando que su militancia no los obliga a votar por una barbaridad como la demagógica propuesta del Frente Ciudadano.
El Frente Ciudadano por México, como lo advertimos, difícilmente superará la etapa de nominación de candidato presidencial, por lo que el PAN elegiría su propio postulante, posiblemente Ricardo Anaya, y el PRD seguramente iría con Miguel Ángel Mancera. Reitero que Anaya se vestiría de promisorio estadista si de la chistera sacara a otro competitivo candidato —de preferencia ciudadano— como representante del Frente. En lo individual, el PAN y el PRD ven disminuidas sus posibilidades competitivas para 2018. En cuanto a las candidaturas independientes, lo más factible es que El Bronco alcance su registro y, con suerte, Margarita Zavala. Concluyendo, los aspirantes presidenciales fluctuarán entre cuatro y seis, destacando Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade.
De entrada, anticipando el nivel de la campaña electoral que se avecina, López Obrador le da la bienvenida a Meade: “Representa más de lo mismo, es otro pelele, es otro títere de la mafia del poder… este señoritingo”. Meade, por su parte, se limitó a vaticinar que López Obrador se irá a su rancho. Sobre la corrupción, AMLO: acabaré de tajo con la corrupción, de manera decisiva, frontal y sin contemplaciones. A partir de 2018 la honestidad se convertirá en forma de vida. Meade: no es un tema donde uno diga ya llegué y esto va a cambiar… tenemos que construir instituciones, perfeccionarlas. Sobre el TLCAN, AMLO: mejor que el TLCAN se detenga porque Trump va a abusar de la debilidad de Peña. Meade: oportunidad de abarcar mayor volumen de comercio, cuatro de cada diez dólares hoy no se benefician del Tratado.
José Antonio Meade se opone al empeño de reinventar el país cada seis años; advierte que no rompería con el presidente Peña ni con nada de lo que considera que ha beneficiado al país, como es el caso de las reformas emprendidas; simplemente para ciertos problemas se requieren nuevas respuestas.
El tiempo de José Antonio Meade para ser conocido y reconocido es limitado, no bastando su imagen de capaz y honesto, cuando seguramente será acompañado de un puñado de colaboradores pertenecientes al sistema del cual pretende tomar distancia.
Lo deseable es que la próxima campaña presidencial transite a la altura de la complicada realidad que nos distingue, con lúcidas propuestas y mutuo respeto, posibilitando al elector a decidir su voto por convicción y no por castigo.
