Cada quien su método

En nuestra incipiente democracia, el único método es que no hay método, se va haciendo método al andar. En agosto pasado, el PRI modificó el método para así poder elegir a un candidato externo a la Presidencia de la República, es decir, ya no será requisito diez años de militancia partidista para tal efecto, ahora bastará con ser “simpatizante”. Oferta del sexenio: Ya no es indispensable ser priista para ser candidato presidencial del PRI
 

Queda la impresión de que, a lo largo de la presente administración, el PRI no fue capaz de foguear a un grupo de aptos funcionarios afiliados con atributos para refrendar el triunfo presidencial de 2012, o será que la probada y comprobada capacidad de un miembro apartidista del gabinete amerita el ajuste al método. El partido se ajusta al candidato.

El líder del PRI, Enrique Ochoa, declaró que el partido está preparado para triunfar en la elección presidencial de 2018, pues trae “inercia ganadora”. En 2016 el PRI perdió siete de 12 gubernaturas disputadas. En 2017 el PRI se impuso ajustadamente en el Estado de México, perdió en Nayarit y en Coahuila venció, sin convencer, en tribunales. En resumen, la inercia ganadora del PRI comprende siete triunfos en las últimas 15 gubernaturas disputadas. Conscientes de la dificultad de que el Frente Ciudadano por México —PAN, PRD, MC— elija en la práctica a un candidato presidencial por consenso, el PRD —cinco millones 255 mil afiliados—, por su lado, aprobó el Consejo Electivo como método para elegir su propio aspirante a la Presidencia de la República, lo cual significa que, de no prosperar la coalición del Frente Ciudadano con un candidato de unidad, entonces dicho Consejo postularía a su propio candidato.

Justamente, iniciando el que, sin duda, será un complicadísimo proceso electoral hacia 2018, el apenas instalado como encargado del despacho del procurador general de la República, Alberto Elías Beltrán, enseñó su método, cumplir con la ley a rajatabla, destituyendo de su cargo al titular de la Fepade, al fiscal de delitos electorales, Santiago Nieto, por violentar la estricta reserva sobre investigaciones en curso. El árbitro electoral expulsado de la cancha apenas sonando el silbato inicial del encuentro. ¿Tan severa es la falta cometida por Nieto al divulgar el contenido de una carta recibida del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, relacionada con su supuesto involucramiento en el caso de corrupción de Odebrecht? Lo conveniente sería que Lozoya mostrara, a la brevedad, irrefutables pruebas de su inocencia y colorín colorado. De otro modo, cualquier malpensado va a creer que el cese del fiscal Nieto busca proteger al mismo Lozoya. ¿Quien supla a Santiago Nieto será un funcionario autónomo, imparcial, capaz, justo y, sobre todo, aprobado por la mezcolanza de ideologías en el Legislativo? Jurídicamente, la infracción perseguida debe ser sopesada en su precisa dimensión, de lo contrario, los despidos fulminantes en el sector público se convertirían en el pan de cada día. Políticamente, el radical fallo que deja sin titular a la Fepade, en el fragor de la tensión electoral, cuando no se ha logrado designar al fiscal anticorrupción ni al fiscal de la nación, eleva el escepticismo sobre la impartición de justicia. Prácticamente se trata de un perder-perder, atizando la hoguera electoral, cuando lo prudente sería fortalecer la credibilidad hacia los responsables del inminente proceso electoral. Con respecto a que la controvertida resolución con que se estrenó en el cargo Alberto Elías Beltrán fue asumida por cuenta propia, ¿de no haber sido así, la respuesta sería distinta? Para colmo, el procurador en función es señalado por no cumplir con el requisito de antigüedad de diez años como abogado para estar al frente de la PGR.

El exfiscal Santiago Nieto, indiscreto y protagónico, efectivamente violó el sigilo de pesquisas, la interrogante es si dicha falta amerita que la PGR aplique al pie de la letra su fulminante y empolvado Código de Conducta en la actual circunstancia. Ahora le corresponde al Senado determinar la procedencia del despido del titular de la Fepade. Al respecto, el PRI defiende el método de votación por cédula —voto secreto—, en tanto los senadores de oposición se aferran a votar en forma abierta. Creo que si el fiscal fue electo en el Senado mediante voto por cédula, por el mismo método debe ser ratificado o destituido.

Cada quien su método, pero de ningún modo es válido violentar la democracia para imponer el propio.

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