Unidos en la adversidad
El ánimo colectivo se nutre del entorno, los sucesos placenteros estimulan, en tanto los adversos desmoralizan. A los imponderables eventos de la naturaleza hemos de añadir los estragos causados por el hombre. ¿Naturaleza humana?
La interminable racha de fenómenos naturales que venimos padeciendo en nuestro territorio parece ya rayar en lo antinatural; a las inusitadas precipitaciones pluviales y desproporcionados huracanes, el presente septiembre ha agregado dos sismos de brutal magnitud causantes de centenas de muertes, miles de heridos, desaparecidos e irrecuperables pérdidas materiales. Y es que como suele suceder, al perro más flaco se le cargan las pulgas. Sin embargo, justo en tragedias como el temblor del fatídico 19 de septiembre, surge la genuina esencia del ser humano: solidaridad, compasión y altruismo. Legiones de voluntarios se incorporaron espontánea, generosa y desinteresadamente al rescate de sobrevivientes atrapados, estableciendo cadenas, removiendo escombros con picos y palas, varillas y tubos, cubetas y carretillas.
Es así como ágilmente se crearon mil 145 centros de acopio, 78 clínicas y hospitales, 29 clínicas veterinarias, albergues, restaurantes sirviendo alimentos gratis, hoteles alojando huéspedes sin cobrar hospedaje, comunicación telefónica e internet gratuito, al igual que la atención de doctores, veterinarios, arquitectos, ingenieros estructurales enfermeras y un puñado de gente voluntariosa. La mortificada población, a la medida de sus posibilidades, ha respondido efectuando aportaciones en efectivo y/o en especie. Esa es la actitud requerida en la cotidianidad, gobernantes y gobernados confundidos en un solo propósito: luchar por México.
El más enjundioso discurso resulta insuficiente para devolver la vida a una sola víctima de los sismos a cargo de la furiosa naturaleza y a estas alturas, tampoco, les es posible a los afligidos damnificados, digerir el discurso de cajón, señalando que este nuevo desafío no habrá de derrotarlos o que dichas catástrofes naturales son una prueba para demostrar de que están hechos. Lo cierto es que nadie pretende demostrar nada.
El Fondo de Recursos Naturales —Fonden— cuenta con 9 mil millones de pesos y cómo se ven las cosas, posiblemente se deba ajustar el presupuesto 2018 en la materia. De ser necesario, se tiene acceso a financiamiento externo, destinado a tal propósito. No obstante, gran número de instituciones financieras privadas o relacionadas han abierto cuentas de depósito para cuando menos igualar las aportaciones recibidas de particulares, ayudando a paliar la situación de los afectados por los recientes sismos. La solidaridad internacional de países amigos no se ha hecho esperar, algunos de ellos enviando brigadas de rescatistas con equipos especializados.
Sensible e inevitable reflexión acerca de la fragilidad humana, al presenciar las ruinas, desplomados bloques de cemento y apilados escombros, de lo que horas antes fueron hogares, oficinas o escuelas. El noble y franco voluntariado, comprometido en este momento de aflicción, debiera permanecer presente en el proceso de reconstrucción, extendiendo dicho término a los distintos pendientes que permanecen en la agenda política nacional.
Las redes sociales se han convertido en el medio de difusión predominante y más eficaz para la sociedad civil, más contundente que cualquier otro medio de comunicación oficial. El descrédito —ganado a pulso— de partidos políticos y de diputados y senadores, esencialmente, se acrecienta en la presente coyuntura de alarma nacional. Lo esperado en estos momentos, en que la solidaridad ante la adversidad ha brotado en todos los confines del país, era la actitud solidaria de representantes políticos que, exclusivamente, se presentan en sus distritos a la hora de pedir votos, y desde luego, una significativa aportación económica a la medida de las circunstancias. Cualquier contribución económica que en adelante haga el Legislativo, se considerará que fue hecha bajo presión y en forma tardía
Las redes sociales se han saturado de videos reclamando que los partidos políticos no reciban dinero para campañas, rechazando los consiguientes espectaculares y promocionales, tanto en radio como en televisión. La prioridad es reconstruir México. Que ahora sí lo bueno cuente.
En adelante, más vale mostrar sensibilidad a los reclamos populares. Resulta grosero autoasignarse, como autoridad, privilegios y prebendas, al tiempo que la población —los electores— carecen de lo indispensable.
Llueva sobre mojado o tiemble sobre temblado, no queda más que continuar con la mayor disposición posible. Ojalá hayamos, finalmente, aprendido que no requerimos situaciones dramáticas para mostrarnos solidarios entre nosotros mismos. Apoyándonos unos a otros, nos ira mejor a todos.
