Vencer y convencer
El exiguo avance democrático de nuestro país, transitando de un régimen de partido hegemónico al ejercicio del poder compartido, podría resultar fugaz, en detrimento del camino andado.
En su anhelo democrático, literalmente México no ha escatimado costos. El presupuesto a ejercer en el presente 2017 por el Instituto Nacional Electoral —INE— asciende a 10 mil 932 millones de pesos, sin considerar 3 mil 125 millones de pesos asignados al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación —TEPJF— para estructura electoral. Aun así, es práctica usual en los diversos procesos electorales el rebasar límites de campaña mediante el uso de dinero en efectivo, el desvío de recursos, la compra y la coacción del voto, entre otras enraizadas corruptelas.
Las elecciones del próximo de 4 de junio en el Estado de México, entidad con aproximadamente 17.5 millones de habitantes y con 10.9 millones de electores registrados en el listado nominal, son consideradas el laboratorio para el 2018. El mencionado proceso electoral se desarrolla entre diversos cuestionamientos referentes a la parcialidad del Instituto Nacional Electoral hacia el partido oficial, como es el caso de haber autorizado que a lo largo de la campaña permanezcan vigentes 67 de los 90 programas sociales, permitiendo ayudas materiales a potenciales votantes. Andrés Manuel López Obrador: “Los del Instituto Nacional Electoral y los del Tribunal están al servicio de la mafia del poder, se hacen de la vista gorda en la repartición de Enrique Peña y secretarios, de migajas”. Quien resulte ganador en los comicios del Estado de México, habrá de lograrlo de manera contundente, de lo contrario, la inconformidad se extendería hasta 2018. Es necesario vencer y convencer.
Hemos presenciado dos debates entre seis aspirantes a gobernar el Estado de México. En el fondo ha imperado la ausencia de planteamientos precisos y contundentes, y en cuanto a la forma, ha quedado constatado que ningún postulante se distingue por ser un elocuente polemista. El sitio común en que han coincidido los aspirantes ha sido en la denostación y descalificación de sus oponentes, en una rebatinga por convencer quién es el más tranza.
Alfredo del Mazo III, del PRI, se precia de su probada experiencia, reconoce el malestar ciudadano, pero advierte que de elegir a alguien sin capacidad, el enojo podría convertirse en retroceso.
Delfina Gómez, de Morena. La maestra, dice que “le ha ido requetebién”. En cuanto a su presunta falta de experiencia: “¿Experiencia para qué?, ¿para traicionar, robar, mentir? Gracias a Dios ésa no la tengo”.
Josefina Vázquez Mota, del PAN, se aferró en desacreditar a Del Mazo, preciándose de su experiencia como titular de la SEP y Sedesol. “Ya llegamos, ya estamos aquí los que vamos a sacar al PRI”.
Juan Zepeda del PRD, se posicionó como la revelación tardía de la elección. Presentó sus favorables resultados como alcalde de Neza, confrontándose, principalmente, con Alfredo del Mazo. Más candidato que partido.
Óscar González del PT prometió generar empleos y construir una refinería. ¿Así nomás, sin tomar en cuenta a la Federación?
Teresa Castell, independiente, loable esfuerzo, pero sin chance.
Por supuesto el PRI le va a echar toda la leña al asador en el Estado de México, ¿motivos?, todos. Lo sorpresivo sería que de último momento, Juan Zepeda declinara a favor de la maestra Delfina. El triunfo de Alfredo del Mazo significaría un espaldarazo mexiquense al gobierno de Enrique Peña, sin embargo, este logro no incidiría directamente en el rumbo y preferencias electorales para el 2018; pero si el PRI fuera derrotado —sobre todo si se impone Morena— significaría un fuerte revés capitalizable, principalmente, a favor de las aspiraciones presidenciales de López Obrador.
La inclusión de la segunda vuelta electoral es notoriamente conveniente, ya que la misma faculta la gobernabilidad, respaldada en la mayoría de sufragios obtenidos. Los dos candidatos mejor calificados en la primera vuelta, utilizan la extensión de los tiempos de campaña para que el elector pondere ambas propuestas y el vencedor obtenga absoluta representatividad ciudadana. Lo más factible es que la segunda vuelta sea aprobada posterior a las elecciones federales del 2018.
En las últimas cuatro décadas en el país, han sido aprobadas diez sucesivas reformas electorales y por lo expuesto, urge la onceava. Nuestro sistema electoral dista de ser confiable, es por demás oneroso y permite cuestionables interpretaciones por parte de la autoridad electoral.
Octavio Paz: Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos.
