Ímpetu antisistema

Una vez más, ahora en Francia, el ímpetu antisistema se hizo presente en la primera vuelta de la elección presidencial, al imponerse Emmanuel Macron con su movimiento ¡En Marcha! fundado apenas hace un año, con 24.00% de votos, seguido por Marine 
Le Pen, lideresa del Frente Nacional, con 21.03 por ciento. 

Por vez primera en 60 años de la Quinta República, ninguno de los dos grandes partidos que dominan la política, conservadores y socialistas, contenderán en la segunda y definitiva vuelta electoral.

Lo sucedido en Francia es señal de que, como decía Yogi Berra “Esto no se acaba hasta que se acaba”. François Fillon, quizás el político francés más completo y de mayor prestigio, hasta hace unos meses iba enfilado hacia la Presidencia de Francia al haberse impuesto holgadamente en las elecciones primarias del partido Los Republicanos en noviembre pasado, a Nicolás Sarkozy y a Alain Juppé para representar a la centroderecha en la elección presidencial. Fillon es poseedor de un impresionante historial político: miembro más joven de la Asamblea Nacional, concejal, alcalde, titular en cuatro distintos ministerios de Estado, senador, diputado y primer ministro. Pero nadie contaba con la astucia del semanario satírico Le Canard Enchainé, el cual reveló que la esposa de Fillon, llamada Penélope, había cobrado a lo largo de varias décadas, 830 mil euros, más indemnizaciones por 45 mil euros, como colaboradora de su marido. Además, Fillon fue señalado por aceptar trajes de vestir por parte de un empresario, con valor de 40 mil euros, mismos que posteriormente Fillon dijo haber devuelto.

La justicia abrió una investigación sobre lo ocurrido, justo al candidato cuya campaña se basó en el lema de la honestidad. En Francia es legal contratar familiares cercanos como colaboradores, siempre y cuando no se trate de una fingida contratación. Ante la incontenible desbandada, Fillon reaccionó mostrando fuerza, reuniendo a más de 200 mil seguidores en el Trocadero, tratando de reivindicarse públicamente: “He sufrido un intento de asesinato político”.

¿El beneficiado del Penélopegate? Emmanuel Macron, cuyas propuestas primordiales estriban en modificar las 35 horas laborables por semana, rebajar las indemnizaciones por despido, aumentar de 62 a 65 años la edad de jubilación, reducir el gasto público en 100 mil millones de euros en 5 años y disminuir en casi 10% los puestos de gobierno dejando de reponer una de cada dos plazas disponibles durante el quinquenio, además de reducir impuestos sobre sociedades en 25 por ciento.

Emmanuel Macron, el casi seguro próximo Presidente de Francia, sería el más joven en asumir el cargo, con 39 años de edad. Macron, personaje peculiar, a sus 15 años entabló una relación personal con su maestra de literatura y teatro, Brigitte Trogneux, entonces de 39 años, —sí, 24 años mayor— casada y con 3 hijos, con la cual contrajo matrimonio en 2007. El hasta hace poco desconocido socioliberal Emmanuel Macron, con limitada experiencia política —le llaman el Obama europeo— trabajó inicialmente en Banca Rotschild, pasando a ser asesor económico del presidente Hollande y secretario adjunto de la presidencia, para luego convertirse por exiguos dos años en ministro de Economía —sin resultados para jactarse— en 2014. Macron, autonombrado “antisistema” es calificado como OPNI-objeto político no identificado—. Macron, filósofo, banquero, ministro y aspirante a Presidente con un programa “ni de izquierda ni de derecha” o a veces “de izquierda y de derecha”. Macron, sin haberse presentado anteriormente a competir por algún cargo de elección popular, está a punto de convertirse en el primer Presidente independiente de la Quinta República.

Consideramos improbable el triunfo de la extremista Marine Le Pen, que con su consigna “Francia para los franceses”, buscaría un Frexit para aislarse de la Unión Europea, abandonaría al euro para retornar al franco, exaltaría la xenofobia y repudiaría tanto la inmigración como la globalización, expulsaría a delincuentes extranjeros, especialmente a los vinculados con el yihadismo, además de destruir mezquitas extremistas.

De las elecciones en Francia extraemos dos reveladoras enseñanzas: La primera es que del plato a la boca se puede caer la sopa. Ningún candidato presidencial en cualquier democracia, por más aventajado que esté en las encuestas, es inmune a alguna contingencia que lo aleje de la preferencia del potencial electorado. La siguiente lección es la legitimación que otorga la segunda vuelta electoral, la cual fortalece la representación del triunfador. Gobernar un país con menos del 30% de la votación es insuficiente para consolidar el liderazgo político requerido por el Presidente de la República.

Desde luego que se puede —y se debe— experimentar en cabeza ajena.

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