La corrupta corrupción
Una razón principal del unipartidismo en el poder, a lo largo de siete décadas del pasado siglo en nuestro país, fue la manifiesta resistencia al cambio: “Nos puede ir mejor, pero también peor”. Una mezcolanza de factores hubo de conjuntarse para propiciar la alternancia en un agotado sistema, saturado por el excesivo uso y abuso del poder, con un tecnócrata al timón sin obsesión continuista.
La experiencia de la alternancia evidenció que las razonables intenciones en campaña de una combativa oposición, no necesariamente culminan en acertadas decisiones de gobierno, que la corrupción, vicios y lacras incrustados en el ADN del poder, predominan sobre colores partidistas, que fieles al gatopardismo, cambiamos para que las cosas siguieran igual. Tan es así que luego de dos gobiernos del llamado cambio, retornamos al punto de origen, optando nuevamente por el presuntamente enmendado partido tricolor.
Hoy, apenas a 14 meses para acudir a las urnas a elegir al próximo gobierno federal, la desaprobación al actual régimen, reflejada en distintas encuestas, permite conjeturar sobre una nueva alternancia en el poder. El único jugador hasta ahora que se desplaza por la cancha anotando goles a placer, sin rival que se interponga, es el obstinado Andrés Manuel López Obrador, cuya solitaria y aventajada campaña atrae a una cada vez más numerosa cargada de sabuesos de distintos partidos que huelen hueso. Resulta complicado descifrar la estrategia del PRI y del PAN, al dejarle la cancha libre a López Obrador, posiblemente confiados en que el irresistible imán, aura y carisma de sus eventuales candidatos los encumbrará en un santiamén en las preferencias ciudadanas.
El enganche fundamental de AMLO con la airada ciudadanía ha sido su insistente promesa de combatir a fondo la corrupción. López Obrador persiste en que la corrupción es el principal problema de México, convocando a hacer de la honestidad una forma de vida y de gobierno. Me pregunto ¿en verdad cree el señor López Obrador que va a desterrar de tajo la corrupción —¿toda?—, ah, y además elevar al doble desde un inicio las pensiones a adultos mayores sin aumentar impuestos ni seguir incrementando la deuda pública. Apenas declaró el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, que nuestro país, gane quien gane la presidencia en 2018 no estará en condición de implementar programas que excedan gastos, tales como la reposición de subsidios. Obviamente, la manifiesta resistencia al cambio se agudiza al tratarse de un viraje a un ostensible régimen de izquierda.
El tema de la corrupción cunde en todos los ámbitos, la fuga de exgobernadores por haberse servido con el cucharón grande, ha sido la gotota que derrama el vaso. El Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, en voz de su presidenta, Jacqueline Peschard, propone la creación de un pacto anticorrupción que involucre a todas las fuerzas y actores políticos del país para evitar caer en un interminable ciclo de revanchas y venganzas de unos grupos contra otros, sin lograr abatir la corrupción. Peschard lamenta que la Auditoría Superior de la Federación haya presentado 745 denuncias de corrupción ante la PGR “sin que contemos con resultados claros de lo que se ha hecho al respecto”. La titular de la Secretaría de la Función Pública, Arely Gómez, coincide en que el combate a la corrupción es el reto más importante del país.
El sector patronal —Coparmex— ha convocado a los tres poderes de la Unión, a la academia, a empresarios y a ciudadanos, a instaurar un compromiso conjunto de tolerancia cero a la corrupción y a la impunidad. “Exigimos que todos los delincuentes, incluso los que hayan tenido altos cargos y poder sean llevados a la justicia”. Añado: ¿acaso los Duarte son más astutos para esconderse que la Interpol para localizarlos?
Es imprescindible designar al fiscal anticorrupción, nombramiento postergado desde 2014 en que fue aprobada la correspondiente Reforma Política. Se requiere a un responsable en la materia que actualice asuntos pendientes y encabece una fiscalía moderna, funcional y sobre todo, confiable.
La corrupción arroja anualmente un daño equivalente al 10% del PIB, es decir, 1 billón 920 mil millones de pesos —datos de la OEA —.
Concluimos en que el tema de la corrupción será el eje principal de la próxima campaña presidencial. Muy posiblemente la balanza se incline a favor de quien mejor convenza sobre su estrategia para combatir —imposible erradicar— este devastado y ofensivo flagelo social.
