Por Venezuela
En el presente tiempo de definición, resulta inadmisible permanecer indiferentes ante el profundo deterioro del nivel de vida del pueblo venezolano, propiciado principalmente por la ineptitud del tozudo gobernante de pacotilla mantenido en el poder guarecido en
la aureola de Hugo Chávez.
México tradicionalmente se ha escudado en la pragmática Doctrina Estrada —con contadas excepciones—, absteniéndose de intervenir en asuntos internos y respaldando la autodeterminación de otras naciones. Sin embargo, la intercomunicación global potenciada en las últimas décadas ha aproximado a países y continentes, la velocidad de la información ha transformado fronteras en mero formulismo virtual.
México ha observado con particular atención y preocupación el proceso de descomposición integral de Venezuela, desde el ascenso al poder de Hugo Chávez y su Revolución Bolivariana, hasta Nicolás Maduro y su abismal y supina incompetencia. La inflación estimada por el FMI para 2017 en Venezuela podría llegar a ¡dos mil 200%! y el PIB podría contraerse 7.3% en el mismo lapso. Los estantes casi vacíos en tiendas y almacenes ocasionan filas de largas horas para conseguir productos tan básicos como el pan, suscitándose continuos incidentes de ira y saqueos. Más de la mitad de los quirófanos han dejado de funcionar por la escasez de medicamentos. Venezuela se ha convertido en el segundo país más peligroso del mundo, con 92 homicidios por cada 100 mil habitantes.
México vio los toros desde la barrera hasta que el canciller —que rápido aprende— Luis Videgaray decidió apoyar el pronunciamiento de la OEA tendiente a restituir derechos y libertades en Venezuela, a lo cual ipso facto replicó la canciller venezolana: “La República Bolivariana de Venezuela rechaza las insólitas y serviles declaraciones del canciller de México, Luis Videgaray, para congraciarse con sus dueños imperiales”. Quien toque a Maduro con el pétalo de una crítica se expone a sus injuriosos latigazos verbales, convirtiéndose en lacayo del imperio.
Luis Almagro, firme y resuelto secretario general de la OEA, propuso que el pleno del organismo se declare a favor de aplicar la Carta Democrática Interamericana a Venezuela, lo cual significaría la suspensión temporal del cuestionado Estado Miembro, limitando la capacidad de acción del gobierno venezolano, aislándolo internacionalmente y colocando en entredicho su gestión administrativa. Dicha propuesta, de inicio fue respaldada por 22 expresidentes latinoamericanos, entre quienes estampó su firma Vicente Fox. Es así como en días pasados el Consejo Permanente de la OEA se reunió, concretando una hoja de ruta para apoyar el funcionamiento de la democracia en Venezuela, con el compromiso de 20 de los 34 Estados Miembros, a definir pasos concretos que contribuyan a establecer soluciones diplomáticas a la crisis política, económica y social venezolana. El embajador mexicano ante la OEA, Luis Alfonso de Alba, sugirió que la declaración correspondiente sea la base para una resolución, proponiendo que la situación venezolana sea evaluada, al menos mensualmente, en virtud de la alteración del orden democrático prevaleciente en el mencionado país: “México, defensor histórico del principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados, acepta, al igual que el resto de los Estados representados en este Consejo debieran hacerlo, que el supuesto principio injerencista no puede ni debe ser invocado para justificar o esconder alteraciones al orden democrático en el hemisferio y menos aún para eludir responsabilidades en materia de derechos humanos o de respeto al Estado de derecho”. En automático, el devoto chavista, Diosdado Cabello —señalado por EU por narcotráfico y lavado de dinero— se lanzó contra México, donde todos los días se localiza un cementerio clandestino, donde asesinan a maestros y desaparecen a estudiantes: “¡Falsos hipócritas!”. Y vociferó Maduro, apremiando al gobierno de Peña Nieto a abandonar la política de agresión de inaudito intervencionismo ilegal contra el pueblo de Venezuela: “México se ha convertido en punta de lanza para agredir a Venezuela”.
En represalia, el sumiso Tribunal Superior de Justicia de Venezuela decidió asumir las competencias del Parlamento, controlado por la oposición desde enero de 2016, eliminando la inmunidad parlamentaria de los miembros de la Asamblea Nacional. De proceder dicha disposición, Maduro ostentaría prácticamente un poder absoluto. En tanto el parlamento venezolano se ha declarado en rebelión
Por su parte, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha pedido la liberación de todos los presos políticos de Venezuela, solicitando al gobierno respetar las libertades fundamentales de los ciudadanos. Es tiempo de apremio, Leopoldo López y demás presos políticos deben ser liberados ¡YA!
Simón Bolívar: “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad, han exterminado al fin a sus tiranos”.
