La tercera ¿vencida o vencedora?

Se aproximan tiempos de definición. En cuestión de meses serán destapados los distintos candidatos que contendrán por la Presidencia de México. A la fecha el único candidato firme, en ininterrumpida campaña, es Andrés Manuel López Obrador, apoyado 
en su partido —literal— Morena. 

En el PRI ni quien intente dar un paso al frente, aún no son los tiempos y cuando lo sean tal vez ya no lo sean. En el PAN la historia se repite, los interesados se desgastan internamente y quien prevalezca llegará disminuido. El PRD se desintegra por día. La chicalada sólo espera decidir a qué coalición treparse.

López Obrador funge de imprescindible sinodal, inmutable crítico a lo que hacen o dejan de hacer quienes gobiernan, y vaya que material no le ha faltado, la corrupción, la mafia del poder y el PRIAN son infalibles presencias en cada oportunidad al micrófono. AMLO una vez más en su mesiánico convencimiento de ser el predestinado redentor de la gente.

El PRI reinstalado en Los Pinos ha dejado que desear, las distintas encuestas son adversas en cuanto a la permanencia del tricolor en el poder luego del 2018, máxime que no se vislumbra a un candidato arrollador. El PAN la podría hacer siempre y cuando a la brevedad auténticamente logre unirse en torno de quien consideren su mejor candidato.

López Obrador pregona que la tercera es la vencida —¿vencida o vencedora?— aprovechando y utilizando los argumentos precisos para prender a frustradas y enojadas multitudes, ávidas de un gobierno cumplidor y honesto, sin corrupción ni influyentísimo, sin impunidad, austero, con menos impuestos y limitada deuda pública, sin Fobaproas ni despilfarros petroleros, con nuevas refinerías y autosuficiente en gasolinas, en fin, apoyar un nuevo proyecto alternativo de nación que proporcione bienestar material y del alma para felicidad de todos. AMLO ofrece lo incumplible, arguyendo que eliminando la corrupción y rebajando sueldos de la alta burocracia a la mitad dispondrá de 500 mil millones de pesos anuales. Pregunto: ¿En serio la corrupción se puede eliminar de tajo? Seríamos el único país incorrupto. ¿Y concediendo que así fuera, prevenir la corrupción significaría contar con el dinero contante y sonante? Prometer no empobrece, sin embargo, para materializar las propuestas de López Obrador se requeriría más del doble de la fantasiosa cifra proveniente de erradicar totalmente la corrupción. El milagro continúa, la corrupción cero vendría acompañada de la promesa de sanear las finanzas y el déficit público.

El proyecto de AMLO contempla construir dos nuevas refinerías y reconstruir tres más, cancelar el proyecto actual del megaaeropuerto en Texcoco, incluso enajenar el avión presidencial, habilitar trenes de alta velocidad de la CDMX hacia la frontera norte, invertir en petróleo y en electricidad, eficientar la infraestructura de transporte, vivienda y educación, principalmente.

En audaz movimiento estratégico que denota apertura ideológica, AMLO presentó a los coordinadores plurales que lo acompañarán a construir su Proyecto de Nación 2018-2024, entre quienes destacan Alfonso Romo, reconocido empresario, y Esteban Moctezuma, exsecretario de Gobernación de extracción priista, y ahora al frente de la Fundación Azteca. Dicho equipo se complementa con Marcos Fastlicht, empresario experto en derechos humanos y ahora con Miguel Torruco, empresario turístico. Un propósito fundamental de esta conformación redundaría en imprimir confianza en la inversión.

A menor aceptación al régimen de Peña Nieto, mayores son las posibilidades de López Obrador de proyectarse a la presidencia, el voto de castigo y el voto de la esperanza podrían confluir determinantemente. Las adhesiones a la plataforma de Morena son notorias, tanto de políticos de oposición, algunos queriendo salir del ostracismo, como de perredistas que ahora “espontáneamente” deciden “jugársela” con su excompañero de partido. La ferviente actividad de López Obrador, reconocida incluso por sus detractores, apenas lo llevaron a Estados Unidos a ofrecer respaldo a nuestros migrantes proponiendo un decálogo de acciones para defenderse de Trump.

La aparente calma chicha del PRI y del PAN y la cotidiana e intensa labor de López Obrador han colocado a éste como puntero para instalarse en Palacio Nacional —Los Pinos sería convertido en museo— y de presidente legítimo pasar con todas las de la ley a Presidente Constitucional. De ser la tercera la vencida, ¿cómo sería la interacción de López Obrador con Trump, dos populistas de extremos contrarios y de mecha corta?

Cierto, en dos ocasiones hemos visto cómo del plato a la boca se cae la sopa.   

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