Acuerdo controvertido
Sin duda, es preferible prevenir problemas que promoverlos para luego tratar de mitigarlos. Concediendo que en el fondo el hipergasolinazo era inevitable, la forma abrupta en que irrumpió el severo ajuste a los precios exasperó al ya cabreado humor social y sirvió de pretexto a oportunistas camarillas de agitadores. La inevitable medicina debió haberse dosificado, explicando públicamente las causas del mal que aqueja, acompañada en paralelo de un estricto ajuste y supervisión del gasto público a nivel país.
La presión para mitigar la indignación social persuadió al gobierno federal a convocar a los distintos sectores productivos a firmar el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar. Se invirtieron los tiempos, primero procedía el acuerdo y luego los ajustes. Lo dicho: descobijar para luego cobijar.
El mencionado acuerdo fue suscrito de manera tripartita por representantes del gobierno federal y de los sectores empresarial y obrero. A diferencia de pactos anteriores suscritos en tiempos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, el presente acuerdo no fue respaldado unánimemente. Los empresarios fueron representados por el Consejo Coordinador Empresarial, con ausencia de la Coparmex. Este organismo patronal consideró al acuerdo como un plan improvisado, incompleto e insuficiente, propuesto con apenas tres días de antelación y cuyo texto se dio a conocer dos horas previas a ser suscrito. La Coparmex convoca a construir un consenso en materia de desarrollo económico, cuestión social y sin objetivos políticos, proponiendo eliminar 37 programas sociales duplicados, aprobar las prestaciones laborales al 100%, conformar un consejo fiscal independiente de Hacienda para evitar el aumento de la deuda e impedir más incrementos a las gasolinas, dado que existen recursos excedentes del IEPS.
Otra señal de los tiempos. El secretario general de la otrora incondicional CTM, Carlos Aceves, expresó que en tiempos del viejo priismo se suscribían compromisos al estilo “sí, señor Presidente; lo que usted diga, señor Presidente”. Es momento de cambiar.
Los gobernadores miembros de la Conago no suscribieron el acuerdo, calificado por algunos de ellos como improvisado, incompleto, insuficiente y anodino. El jefe de Gobierno de la CDMX, dirigentes y legisladores de partidos políticos y representantes de organizaciones civiles se muestran escépticos en cuanto a que el acuerdo apacigüe a la airada población opuesta al gasolinazo. Para enfrentar la situación se requiere algo más que buenas intenciones, anuladas ya por la inflación e inestabilidad financiera.
Entre los propósitos concretos que destaca el referido acuerdo está el reducir 10% los salarios de altos funcionarios, exhortando a otros Poderes de la Unión, gobiernos locales y organismos autónomos a sumarse a tal medida. Con respecto al proyectado decreto de repatriación de capitales, se estima que podrían retornar al país cerca de diez mil millones de dólares —según el CCE— mediante el pago de un impuesto especial y con el compromiso de invertir en proyectos de infraestructura. Creo que en tanto el peso continúe perdiendo valor frente al dólar y el panorama político, social y electoral siga incierto, difícilmente retornarán en cascada los capitales golondrinos.
El secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, declaró que el incremento en precios de las gasolinas venía posponiéndose por una década y debió haberse realizado cuando las cotizaciones del petróleo estaban en niveles bajos. “La economía tendría que estar creciendo arriba del 5% para generar las oportunidades que necesita la sociedad”. El actual crecimiento es insuficiente para enfrentar la gran desigualdad prevaleciente en el país.
La fragilidad del acuerdo firmado se evidencia con el desbordamiento de precios de la canasta básica y la reetiquetación de productos comerciales, sin embargo, el acuerdo podría madurar siempre y cuando el sector público convenza predicando con un sostenido ejemplo. El presidente Peña resumió la realidad: “La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando”.
A casi un tercio de finalizar el sexenio enfrentamos una abrumadora tormenta perfecta. El petróleo se recupera, pero a nosotros nos afecta —también nos afectó cuando bajó— la corrupción magnificada, la inseguridad imbatible y, para Ripley, el nuevo presidente de Estados Unidos nos tiene tirria a los mexicanos. Todo ello desgasta al gobierno más pintado, sin embargo, somos un país en movimiento y, sin querer parecer comparsa, con cosas buenas que cuentan. El crecimiento de nuestra economía en 2016 fue de 2.2%, lo cual, como lo expresa el secretario Meade, aunque no es suficiente, resulta favorable. Señores: en México hay tela de donde cortar, lo que requerimos son buenos sastres.
