Desacuerdo en acuerdos
Donald Trump significa incertidumbre. Las reglas del juego cambian. Freno a la globalización y a la política comercial conciliatoria. Colaboracionismo es reemplazado por proteccionismo. Aliados se tornan rivales. Se conforma un gabinete de seguridad de colisión. América grande de nuevo, lo demás
es lo de menos.
El gobierno mexicano sopesa alternativas y planes de acción. El presidente Trump —aún no me hago a la idea— apenas asuma su cargo notificará tanto a México como a Canadá su decisión de modificar —no modernizar— el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) bajo la consigna de “renegociamos o nos salimos del acuerdo”. Enseguida Trump procederá a suspender la participación de Estados Unidos en el TTP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica): “Desastre potencial para nuestro país”. El TTP, impulsado por Barack Obama con el objetivo de fortalecer la influencia estadunidense en la región asiática, estrechando lazos comerciales con once economías del Pacífico —incluyendo a México—, tardó cinco años en cuajar. Dicho acuerdo pretende cubrir 40% de la economía a nivel mundial. El TTP como tal deja de ser viable sin la permanencia de Estados Unidos. Abortar el TTP significaría entregarle a China la supremacía comercial en la región. No obstante, de surgir algún mecanismo que permita la continuidad del TTP sin Estados Unidos o de gestionarse algún acuerdo alternativo, México permanecerá en dicho proyecto. De no ser el caso, queda la alternativa de establecer acuerdos bilaterales por separado con miras a fortalecer el comercio internacional de nuestro país.
El TLCAN, sin duda, ha sido benéfico para los tres países que lo conforman, si alguna adecuación o ajuste requiere luego de 21 años de vigencia, no justifica la altanería con que Trump rechaza dicho acuerdo. Estados Unidos es nuestro principal proveedor, le compramos 49.9% de las importaciones totales. México le vende a Estados Unidos el 77.6% de sus exportaciones totales. El crecimiento de nuestro intercambio comercial se incrementa en promedio 11.3% anual. En 2015, México y EU comerciaron 531 mil 118 millones de dólares. Estados Unidos ocupa el primer sitio como nuestro socio comercial, a la vez que México representa su tercer principal socio comercial, luego de China y Canadá somos 14% de su comercio total. En Estados Unidos residen 34.6 millones de habitantes de origen mexicano. Cada día cruza la frontera compartida un millón de personas, 437 mil vehículos. El entramado es por demás complejo para pretender borrarlo de un plumazo. De modificarse el TLCAN a antojo de Trump, o si el mismo fuera anulado, la planta industrial estadunidense instalada en México resentiría el pago de hasta 35% de aranceles, medida que afectaría los precios finales de venta en la Unión Americana. Cierto, México se vería perjudicado, pero Estados Unidos lejos estaría de quedar ileso y, obviamente, el rechazo público al magnate sabelotodo sería rotundo.
El virtual secretario de Comercio de Trump, Wilbur Ross —soberbio como su jefe—, se refiere a un México postrado ante su principal cliente, el cual significa 80% de sus exportaciones totales: “¿Realmente pelearía conmigo? No, va a negociar”.
El PAN se pronunció por cerrar filas con firmeza en favor del libre comercio, la economía abierta y la competitividad, exhortando a la autoridad federal a no renegociar el TLCAN afectando la competitividad de México. Propone el partido oposicionista crear un frente único en defensa de los acuerdos primordiales para la economía nacional.
Luis de la Calle, uno de los negociadores del TLCAN, estima que México no está manco para enfrentarse a la virtual renegociación de dicho acuerdo comercial, siendo líder mundial en diversos productos —maíz, sorgo, soya, trigo, carne de cerdo, de pollo, aguacate—, por lo que se debe actuar con firmeza defendiendo nuestra competitividad. México, como miembro de la OMC, estaría igualmente en posición de cobrarle aranceles a Estados Unidos sin un TLC. De gravar a la industria automotriz en México con más impuestos, se afectaría por igual a EU y a Canadá. México debe actuar con seriedad y unido.
Obviamente, el novato presidente estadunidense, conforme se vaya enterando en la que se metió, irá rectificando, a costa de contradecirse. Afortunadamente, Estados Unidos es un país de leyes con una firme tradición institucional que obstaculizará las ocurrencias del Ejecutivo.
Para México la advertencia es evidente, no es conveniente depender absolutamente de un solo aliado comercial, lo indicado es diversificarse en un mundo global. Cual sea el desenlace, la lección ha sido asimilada.
