Lo que parece… es

Las naciones también son ellas y sus circunstancias. Suficientes broncas tenemos en el país como para ahora habernos convertido en el enemigo favorito del Presidente electo de la primera potencia mundial, vecino contiguo obcecado con erigir infranqueable muro fronterizo 
—a nuestro cargo— que literalmente habría de convertirnos en vecinos distantes. 

El triunfante Donald Trump se dispone a debutar en la política, como el 45 Presidente de Estados Unidos de América. La explicación más aproximada de cómo un advenedizo logró imponerse a políticos de reconocida trayectoria en la carrera por la más alta y delicada responsabilidad política del orbe, podría ser la cada vez más habitual postura ultranacionalista antiestablishment, que ha emergido en distintos países, tendencia que según parece, habrá de continuar. En Filipinas se impuso Rodrigo Duterte: “A todos ustedes que andan con drogas, a ustedes, hijos del diablo, de verdad que los voy a matar”. El pasado domingo fueron electos tanto en Bulgaria como en Moldavia, presidentes nacionalistas afines a Putin. En Holanda se prevé que en las elecciones parlamentarias de marzo próximo pueda imponerse el partido nacionalista de Geert Wilders. En Francia, la líder del partido Frente Nacional de Ultraderecha, Marine Le Pen, se perfila como seria aspirante presidencial, promotora de un referéndum para abandonar la Unión Europea: “Cuando la gente quiere retomar su destino en sus manos, pueden hacerlo, pese a la campaña de denigración… es el nacimiento de un mundo nuevo. Es el final del siglo XX”. En Italia el populista Movimiento 5 Estrellas —contrario al euro— podría imponerse en el próximo referéndum de diciembre sobre la reforma constitucional, votación que significará un plebiscito hacia la política del primer ministro Matteo Renzi. Barack Obama en Grecia: “Debemos ser vigilantes ante el aumento de una especie de nacionalismo o identidad étnica o tribalismo que se construye alrededor de un nosotros y de un ellos”.

El Diccionario Oxford eligió como palabra del año post-truth o posverdad, definido como “relativo a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes para formar opinión pública que afirmaciones vinculadas a la emoción y creencias personales”. Dicha palabra se popularizó tras el Brexit y la elección de Trump.

Desmintiendo a quienes sostenían que Trump suavizaría posturas siendo Presidente electo, de entrada, éste nombró como su asesor principal y estratega en jefe, a Stephen Bannon, antes editor de Breitbart News, plataforma de la derecha alternativa, populista y belicista, partidario de la supremacía blanca, misógino, racista, antisemita islamófobo, contrario a las tradiciones liberales y seculares de Estados Unidos. El Ku Klux Klan, de plácemes, sin demora expresó su beneplácito por tan loable nombramiento, dándole cabida en la Casa Blanca a una “ideología que al final es el más importante aspecto de cualquier gobierno”.

Con el inicio de su mandato Trump abordará la renegociación del TLCAN, contemplando la eventual salida del mismo, en caso de no lograr un conveniente acuerdo para Estados Unidos y sus trabajadores. El secretario de Economía, Ildefonso Guajardo confía en que Trump comprenderá los beneficios del Tratado. ¿Y si no?

En tanto, la anunciada baja de impuestos en Estados Unidos y la muy factible alza de intereses por parte de la Reserva Federal origina la migración de la inversión de mercados emergentes —incluyendo a México— hacia EU, decisión que ha impulsado el alza de acciones bursátiles y rendimientos de la deuda soberana; los bonos del Tesoro se han disparado por encima del dos por ciento.

México debe responder al respecto y pronto. Además de aumentar las tasas de interés —causal de inflación— adoptar medidas similares a las que asuma EU, es decir, bajar impuestos para estimular la inversión y el empleo, considerando incluso temporales exenciones impositivas. Y ya encarrerados, instaurar un persuasivo programa de repatriación de capitales, aplicando un simbólico impuesto del .5 por ciento. Se tiene la fincada presunción que el capital nacional depositado en Estados Unidos podría significar hasta 250 mil millones de dólares. Por lo pronto, cinco mil empresas globales, por parte del CCE y la American Chamber of Commerce, destacarán durante 100 días en 16 estados de la Unión Americana, la importancia estratégica del TLCAN. El propósito fundamental es que México continúe siendo atractivo y confiable para la inversión extranjera.

Entiendo que México es más grande que sus problemas y que tenemos motivos para sentirnos optimistas, pero ¿no sería conveniente irle bajando al número de platos con los que hacemos malabares en el aire?

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