Coaliciones ¿necesarias?
El evidente agotamientoy descomposición del modelo político vigenteen el país, de la mano conel desgaste e inoperanciade los responsables de gobernar, apremia plantear innovadoras alternativas electorales para 2018.
La fragmentación de fuerzas políticas a partir de las elecciones intermedias de 1997 finalizó con la supremacía del partido gobernante en la Cámara de Diputados. Los cuatro recientes presidentes no gobernaron con mayoría, sin embargo, han decidido 100% de su gobierno. Enrique Peña gobierna con la aprobación de 38.21% —coaligado con el PVEM— del voto emitido. La decreciente segmentación electoral prevé que el próximo Presidente de la República obtenga un apoyo menor a 30% de sufragios, situación que reclama opciones de gobernabilidad que legitimizen al sistema.
En reciente participación referente a la gobernabilidad del país, reconocidas voces en la materia coincidieron en que ésta se dará en la medida que el Presidente electo en 2018 sea capaz de pactar con las otras fuerzas políticas efectivos programas de gobierno con una acertada agenda legislativa.
Para José Woldenberg el tiempo del tripartidismo—PRI, PAN, PRD— ya expiró debido a la desunión de la izquierda realizada con el surgimiento de Morena, por la mayor fragmentación del voto y la inclusión de candidaturas independientes. Es factible que en las próximas elecciones ningún partido rebase 26% de votación, situación que aconseja celebrar una segunda vuelta electoral, para que nadie llegue a la Presidencia de la República con más rechazos que adhesiones. “Las coaliciones se hacen por necesidad, no por gusto”.
El panista Roberto Gil estima que la transición demócrata se ha agotado, lo discutible ahora es la eficacia del gobierno. Se requiere acotar el sistema presidencialista, con reglas claras para el gobierno de coalición, el cual acerca a los diferentes y racionaliza programas defendiendo un proyecto de país. Asimismo deben establecerse lineamientos claros para incorporar la segunda vuelta.
Manlio Fabio Beltrones reconoció la afectación del sistema político a partir de 1988 y el agravamiento del mismo en cada elección sucesiva, hasta que en 2006 se registró su ruptura. “Seguimos con un modelo político del siglo pasado”. El modelo de gobierno actual está agotado, la gobernabilidad ha sido producto de acuerdos políticos. En 2018 habría de transitarse a un gobierno de coalición, ya no funciona que el que gana, gana todo y el que pierde, pierda todo y se dedique a fastidiar al ganador. Beltrones considera la segunda vuelta como una puerta falsa, sin embargo, la acepta en caso de que los resultados sean cerrados entre primero y segundo lugar. “Es necesario pasar de la legitimidad de un gobierno a la gobernabilidad del país”. Manlio Fabio precisó: Si ningún candidato alcanza mínimo 42% de votos, ni mayoría en las Cámaras, estaría obligado a formar un gobierno de coalición con otras fuerzas políticas, presentando un programa común de gobierno, acompañado de una agenda legislativa. El gabinete habría de ser aprobado por el Legislativo, excepto los titulares de la Defensa Nacional, Marina y Seguridad Pública. El expresidente priista considera que la gobernabilidad se ha visto disminuida por las distintas fuerzas que no se sienten incluidas y que juntas se saben mayoría. Dos males mayores que persisten en México: desigualdad y corrupción.
En México se ha ido consolidando la tendencia a conformar coaliciones. El PRI siendo partido hegemónico, en su momento incorporó al PPS y al PARM en su boleta electoral. En 1988, cinco partidos distintos crearon el Frente Democrático Nacional a favor de Cuauhtémoc Cárdenas. A partir de entonces surgieron distintas coaliciones: Alianza por México, Coalición por el Bien de Todos, Compromiso por México, Movimiento Progresista. En la práctica, los partidos coaligados en torno al candidato presidencial vencedor han sido marginados en las decisiones de gobierno y siendo francos, también el partido predominante. ¿El PRI influye en las resoluciones presidenciales, o es el Presidente la figura preponderante en el PRI?
Referente a la segunda vuelta o balotaje, ésta legitima —aunque con ficticia mayoría— al candidato triunfador, otorgándole una absoluta mayoría electoral. Algunas desventajas: podría incurrirse en mayor abstención al rechazar a ambos contendientes. Igualmente, la segunda vuelta no garantiza revertir el voto fragmentado, afecta la diversidad de opciones, además de que se le puede echar bulto al candidato aventajado. Es el reciente caso de Keiko Fujimori en Perú, quien se impuso en la primera vuelta y en la segunda perdió por escasos puntos la ya casi ganada elección.
Coaliciones o no, dicen que cada pueblo tiene el gobierno que merece, ¿usted tampoco está de acuerdo?
