Llenemos el vaso

La común percepción del vaso medio lleno o medio vacío causa que un mismo hecho pueda ser valorado de distinta forma, tan positivo o negativo como decidamos enfocarlo.

Renegamos del grado de endeudamiento del país, de la devaluación de nuestra moneda, del escaso crecimiento con relación al PIB, del bajo poder adquisitivo, del recorte presupuestario, así como del incremento en tasas de interés. Y en descargo, por la peculiar habilidad expositora de los gurús de Hacienda, nos percatamos que nuestro país crece por encima de la media de las naciones miembros de la OCDE y que la deuda contraída por México con relación al PIB es absolutamente manejable, significando apenas la mitad del adeudo contraído por otras naciones desarrolladas, miembros del organismo y, principalmente, que ¡la inflación está controlada!

José Ángel Gurría, exsecretario de Hacienda y actual secretario general de la OCDE, elogió los esfuerzos de la SHCP por el responsable presupuesto presentado para 2017, a pesar de las dificultades globales. Creemos que lo conducente es ser disciplinados en el gasto y parcos en adquirir deuda de no poder influir en eventuales dificultades, al menos habremos de  controlar las posibles contingencias.

Añadió Gurría que el principal problema que viven tanto los países desarrollados como los emergentes es la falta de confianza de la población en los organismos gubernamentales, en las instituciones y en la democracia. Dos ejemplos de falta de confianza a nivel global mostrados recientemente por la población joven han sido el Brexit, en el que los jóvenes se abstuvieron de votar y fueron los mayores quienes decidieron de acuerdo con sus intereses. El segundo caso es Colombia, donde los jóvenes brillaron por su ausencia, acudiendo y decidiendo en las urnas un escaso 37% de la población.

El ya de por sí estrujado Presupuesto de Egresos 2017 arrastra ineludibles e interminables compromisos. A 20 años de decretado el rescate bancario, la deuda del IPAB, endosada por el extinto Fobaproa, hoy es mayor al monto original, aunque hayamos pagado intereses equivalentes al 61% del adeudo. De 648 mil 569 millones de pesos neteados en el año 2000, hoy debemos 878 mil 869 millones a julio de 2016. En tanto, entre 1997 y 2016 cubrimos 396 mil 822 millones de pesos por concepto de intereses.

Durante la presente administración, la deuda del sector público se incrementó en más de tres billones de pesos, aplicando dos billones 100 mil millones a  intereses, comisiones y gastos derivados. La deuda pública con respecto al PIB se ha elevado de 35.8% a 50.5%, con  crecimiento promedio de 1.9% anual.

Tanto José Ángel Gurría como José Antonio Meade han hecho referencia a la disponibilidad de más de 80 mil millones de dólares con que nuestro país cuenta en el FMI. Precisamente, lo que debemos evitar es incurrir en mayor deuda.

El secretario Meade, viendo el vaso medio lleno, asegura que el actual nivel de deuda es administrable; a pesar del adverso entorno internacional, somos el único país petrolero cuya calificación no ha sido rebajada debido a nuestra solvencia y cuyos bonos de deuda local emitidos siguen siendo apreciados por la inversión extranjera, 76% de la deuda pública está denominada en pesos y la deuda externa ha sido contraída a tasa fija, incluso podemos anticipar un crecimiento para 2017 de entre 2 y 3 por ciento. Considero que debemos ser más cautos al estimar alegres crecimientos que invariablemente se van encogiendo conforme va pasando cada año. La proyección original de crecimiento de Hacienda para 2016 fluctuaba entre 2.6% y 3.6% del PIB, hoy, si bien nos va, creceremos al 2 por ciento.

Como ver el vaso medio lleno cuando el recorte presupuestal 2017 de 239 mil 700 millones de pesos afecta a la educación en 14% con respecto a 2016, a comunicaciones y transportes en 26%, a agricultura 29%, a la salud en 8% y al medio ambiente en 35 por ciento. Sin comentarios.

Aun así, el sector empresarial propone vaciar más el vaso, recortando otros 50 mil millones de pesos. El secretario Meade estima que dicho presupuesto es señal de buen balance, además de contener elementos económicos contundentes para las calificadoras, como es el superávit primario y la contracción de la deuda en  proporción del PIB.

Sin motivos para jactarnos, lejos estamos de ser eficientes y responsables administradores de nuestros recursos públicos, encaramos un escenario de devaluación, mayor endeudamiento, intereses al alza, poder adquisitivo a la baja y si las leyes económicas funcionan, la inflación va para arriba.

No lo dejemos a la interpretación, llenemos el vaso.   

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