Diplomacia activa
La doctrina Estrada—no intervención y autodeterminación de los pueblos— permitió a México navegar por las aguas calmas de la diplomacia internacional durante 7 décadas del pasado siglo XX.
La caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría incentivó la interacción económica, social y política a escala mundial. En la globalización no hay cabida para la doctrina Estrada, nuestro tiempo, el de los derechos humanos universales requiere asumir compromisos, defender principios y valores además de condenar abusos e injusticias más allá de fronteras.
En febrero pasado la canciller Claudia Ruiz Massieu recibió a Lilian Tintori junto con Antonieta Mendoza, esposa y madre del líder opositor, preso político en Venezuela, Leopoldo López. La reacción de la canciller venezolana Delcy Rodríguez fue acusar a México de apoyar acciones terroristas en Venezuela, atendiendo órdenes imperiales. La secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, estima que es tiempo de responder a la nueva realidad mundial. La comunidad internacional es cada vez menos tolerante a que un Estado cometa crímenes atroces contra su población. Lo que se veía como un acto de intervención durante la Guerra Fría ya no es así: “Los principios deben adaptarse a las circunstancias de un mundo cambiante… los principios no son dogmas sino criterios. Los principios tienen una función rectora, no definitoria, son una guía para la decisión, no excusa para la inacción. México tiene intereses y como actor con responsabilidad global, tiene intereses concretos y en distintas regiones”.
Aun así, la comunidad internacional y en especial los países democráticos de América Latina, además de los relativos organismos multilaterales, comisiones, consejos, asociaciones y foros apenas han rebasado la indiferencia ante el infortunio de nuestra cercana Venezuela, sumida en hambruna, hiperinflación, hiperviolencia, hipercorrupción, escasez de medicamentos, saqueos, represión selectiva y continua zozobra, todo ello consecuencia de la incompetencia y torpeza de un barbaján obstinado en proseguir desangrando a sus gobernados, antes de cuestionar su propia infinita ineptitud.
Mención aparte merecen la OEA y el Mercosur, organismos regionales que resolvieron plantarse a Maduro. La OEA, por conducto de su digno secretario general Luis Almagro, presentó en junio pasado ante 34 embajadores de su Consejo Permanente un informe detallando la realidad venezolana, evidenciando violaciones a los más elementales principios democráticos, proponiendo que una representativa misión conciliadora verifique personalmente las condiciones prevalecientes en Venezuela, bajo el entendido de aplicar la Carta Democrática del organismo, sancionando y, de proceder, expulsando a dicho país de la OEA. Inexplicablemente la votación fue pospuesta. De Maduro a Almagro. “Métase la carta democrática por donde le quepa, a Venezuela se le respeta, a Venezuela no se le va a aplicar ninguna carta”. Almagro: “En Venezuela hoy no rige ninguna libertad, ni ningún derecho civil o político”. En cuanto al Mercosur, Brasil, Argentina y Paraguay se opusieron a que Venezuela asumiera la presidencia pro tempore del organismo a finales del pasado julio. El Mercosur, entidad donde Estados Unidos no interviene, exigió a Maduro restablecer el Estado de derecho en su país antes del 1 de diciembre o de lo contrario Venezuela será suspendida del bloque comercial regional.
Mañosamente Maduro apoyado en su incondicional Tribunal Supremo de Justicia, ha puesto un sinnúmero de trabas a la opositora Mesa de Unidad Democrática para evitar que el promovido referendo revocatorio se realice el presente año. El Consejo Nacional Electoral estableció el apretado plazo del 26 al 28 de octubre próximo para recolectar las firmas del 20% de los electores requeridos para activar dicho referendo. De darse la consulta luego del 10 de enero de 2017, los últimos 2 años del mandato de Maduro deberán ser completados por el vicepresidente. Maduro: ¿Cuál es la prioridad del país, recuperar la economía o cumplir los caprichos de la oligarquía?
Indigna el inhumano trato contra el preso político Leopoldo López —entre otros—, encerrado en la prisión militar de Ramo Verde, sin siquiera la luz de una vela en su celda, imposibilitado a escribir, con 10 requisas diarias quitándole la ropa, grabando las visitas en audio y video, amenazado de muerte por distintos guardias y ahora apercibido de ser juzgado por la muerte de 43 personas durante las protestas de febrero de 2014.
Impasible, la comunidad internacional contempla la tragedia venezolana como espectadora en una sala cinematográfica, sin considerar que el epílogo de este drama aún puede modificarse, echando al sátrapa que despacha como presidente desde Miraflores.
¿Hasta dónde, hasta cuándo?
