Tiempo de definición
En tiempos de preeminencia priista, el nombre del próximo Presidente de la República era anunciado en masivo acto en que la cargada de las fuerzas vivas del partido,con alusivas mantas y ruidosas matracas, se hacían presentes para destapar al ungido, al único, al mejor,al preclaro destinatario que la Revolución demandaba para arrostrar los desafíos que el momento histórico reclamaba. Las elecciones de julio significaban un mero trámite.
Imagen Televisión, orgullo compartido.
Las circunstancias desde entonces han cambiado radicalmente, en las últimas tres elecciones han aparecido en las boletas tres distintas candidaturas competitivas, de las cuales dos fueron decididas en favor del PAN y la más reciente el regreso del PRI a Los Pinos. Para las próximas elecciones federales de 2018, a los tres partidos competitivos se agrega Morena, cuyo candidato será quien en las dos pasadas ocasiones contendió por el PRD. Los demás partidos son paleros aplaudidores del candidato conveniente.
Tres panistas disputan la candidatura presidencial. Margarita Zavala aparentemente cuenta con el mayor respaldo de sus correligionarios, superando en las encuestas al obvio candidato de Morena; Margarita, esposa del expresidente Felipe Calderón —¿podrían coincidir en tiempo los dos primeros caballeros de Estados Unidos y de México—, ha sido diputada en la ALDF y diputada federal. El segundo aspirante es Rafael Moreno Valle Rosas, saliente gobernador de Puebla, donde hizo obra y creció deuda, expriista, secretario de Finanzas en Puebla, diputado federal, diputado local, luego ya por el PAN fue senador y, posteriormente, candidato vencedor por la coalición PAN, PRD, Convergencia y Nueva Alianza a la gubernatura. El tercer probable es el presidente del partido, Ricardo Anaya —para algunos el joven maravilla—, exdiputado federal, presidente de la Cámara de Diputados y líder de su partido en dicha cámara. Anaya aún no manifiesta abiertamente su intención por participar en la contienda.
En el PRD la situación es sui generis, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la CDMX, busca la candidatura presidencial, con la salvedad de no ser miembro activo del partido postulante. El pleno de la bancada perredista en la Asamblea Legislativa se ha pronunciado por impulsar la candidatura presidencial de Mancera.
Morena es un libro abierto. La ininterrumpida campaña del cacique, amo y señor, fundador y mandamás de este flamante partido, Andrés Manuel López Obrador, lo posiciona al frente de quienes contenderán —¿para cuándo?— por la Presidencia en 2018. AMLO critica al gobierno por lo que hace y por lo que no hace, a la mafia del poder no la suelta, a los corruptos —él es la excepción— los reprende en cada oportunidad recalcando su propia valiente honestidad. Todo ello alardeando que la tercera es la vencida. Mientras, sus posibles adversarios en la boleta electoral permanecen deshojando la margarita —sin alusión personal—.
En el PRI, como en épocas arcaicas, quien se mueve no sale en la foto. Cada posible candidato presidencial mencionado en sondeos y cafés responde al unísono: No son tiempos de pensar en el futuro — entonces ¿cuándo?—, estoy concentrado en cumplir con la encomienda recibida, respondiendo a la confianza en mí depositada por el Presidente de la República. Miguel Ángel Osorio Chong ha realizado un par de spots personalizados, hasta allí.
Es inadmisible que tras tanto ahínco y empellones por ser electos surjan gobernadores —sin distinción partidista— que sacrifiquen su trascendencia histórica por satisfacer desmesuradas apetencias monetarias personales. El PRI, presionado, auspició la salida —casi en la meta— del desprestigiado y cínico Javier Duarte, del gobierno de Veracruz. Proseguirá la rebatinga por los siguientes exgobernadores en turno, el sonorense Guillermo Padrés oye pasos en la azotea. El gobernador entrante de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, habrá de esquivar ahora la metralla y no le va a ser fácil.
Sin duda, habiendo demostrado que sí se puede, las candidaturas independientes serán viables para 2018, encabezando tal posibilidad Jaime Rodríguez El Bronco —antes debe convencer— seguido por Jorge Castañeda.
En época de innovación y cambios resulta por demás interesante el planteamiento de Juan Ramón de la Fuente, sugiriendo replantear la propuesta de los partidos políticos, construyendo una coalición centro-progresista, fusión del centro–izquierda con los liberales menos radicales.
Consideremos también que en las elecciones de 2018 participará la generación de millennials, los nacidos entre 1980 y 1994, cuyo chip tecnológico no checa con rollos doctrinales. Este segmento significa aproximadamente 24 millones de ciudadanos, de los cuales podría sufragar 40%, más de nueve millones y medio de votos.
La democracia no tiene palabra de honor y por experiencia sabemos que lo constante es el cambio.
