México ilusiona en la fase que no perdona

Señoras y señores, estamos en la etapa del Mundial que no perdona, aquella en la que ya no importa cómo llegaron los equipos, sino su capacidad para reaccionar ante la adversidad. 

No hemos visto una ronda de favoritos aplastando a sus rivales, hemos presenciado partidos definidos por detalles y segundos. Han sido encuentros de remontadas, tandas de penales, goles de último minuto, decisiones polémicas y, quizá, hasta injustas. Forzosamente tengo que empezar hablando del juego más importante para nosotros: México contra Ecuador. Un duelo que se esperaba muy parejo, pero que el equipo de Javier Aguirre resolvió con autoridad desde la primera mitad gracias a los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez. Después manejó la ventaja con solidez defensiva que ya se ha convertido en su principal fortaleza. Más allá del 2-0, el verdadero mérito está en que sigue invicto, sumó cuatro partidos sin recibir gol y, por primera vez desde 1986, volvió a ganar un encuentro de eliminación directa en una Copa del Mundo. No fue una exhibición maravillosa, pero sí una actuación madura y convincente. Un triunfo que devuelve la ilusión a un país que cree que su selección puede aspirar a algo más que competir como anfitriona.

Inglaterra será la prueba definitiva. México llegará el domingo al Estadio Azteca atravesando su mejor momento futbolístico de los últimos años. Sí podría ser… 

El triunfo de México volvió a dar lugar a celebraciones en todo el país. Miles de aficionados se reunieron en calles y puntos específicos para compartir la alegría de una selección que los ilusiona. Sin embargo, la pasión por el futbol nunca debe convertirse en tragedia. El entusiasmo colectivo exige responsabilidad y ninguna victoria justifica poner en riesgo la vida de las personas. 

Inglaterra estuvo muy cerca de protagonizar el primer gran fracaso de una potencia europea. La República Democrática del Congo sorprendió al adelantarse en el marcador y mantener la ventaja durante gran parte del encuentro. Sin embargo, la calidad individual y la profundidad del futbol inglés terminaron marcando la diferencia. Inglaterra remontó y aseguró un enfrentamiento frente a México en octavos de final. 

El partido más loco de la semana fue el de Bélgica contra Senegal. Cuando todo indicaba que los africanos conseguirían una de las grandes sorpresas del torneo tras colocarse dos goles arriba, Bélgica encontró fuerza para remontar en la prórroga. Fue un recordatorio de que en el futbol ningún resultado está asegurado hasta el final y de que la experiencia suele imponerse cuando la presión llega a lo más alto. 

La mayor sorpresa la protagonizó Paraguay. Alemania, una selección acostumbrada a ganar y a sobrevivir en los momentos difíciles, terminó eliminada en penales. Los paraguayos obtuvieron una de las victorias más importantes e impactantes del Mundial y demostraron que la historia pesa, pero no garantiza nada. 

Después de sorprender al mundo hace cuatro años, Marruecos confirmó que su actuación en Qatar no fue una casualidad. Su clasificación frente a Países Bajos, conseguida en tanda de penales, reafirmó el crecimiento de una selección disciplinada, valiente y con un enorme carácter competitivo. 

España presentó su mejor versión. Dominó de principio a fin a Austria, sin conceder espacios, golpeando con precisión y mostrando una ofensiva eficaz. Dejó pocas dudas sobre su candidatura al título. Ahora le espera Portugal, quizá el duelo más atractivo de los octavos de final. 

El partido más agónico fue el que se jugó entre Portugal y Croacia. Los portugueses sobrevivieron gracias a la experiencia de Cristiano Ronaldo y al gol de Gonçalo Ramos, mientras Croacia veía escapar una clasificación que tenía en las manos. Pero la imagen que nos queda en la memoria es la de Luka Modrić despidiéndose de su último Mundial. Una leyenda abandona el torneo, otra mantiene viva la ilusión de conquistar el único título que le falta a su extraordinaria carrera. Ese contraste convirtió al encuentro de Portugal contra Croacia en el más emotivo de la semana.

Los partidos de eliminación directa han confirmado por qué el Mundial es el torneo más apasionante. Ningún partido ha sido sencillo. Remontadas imposibles, penales, goles en el tiempo extra, expulsiones, despedidas y muchas lágrimas han convertido a estos dieciseisavos en una sucesión de auténticas finales.