Morena renueva su dirigencia en el momento más crítico de su historia por la sacudida de Trump contra la corrupción de políticos ligados a sus filas y la pérdida de aura de su proyecto. En esa encrucijada, Sheinbaum toma control del partido con el dilema de usar el poder presidencial para corregir el rumbo o reducirlo a una maquinaria electoral.
El caso Rocha Moya es un parteaguas: usar el ataque como oportunidad para enfrentar la corrupción en las instituciones o dar giros cosméticos del gatopardismo para que todo siga igual, recuperar sus principios: dignificar la política y regenerar la vida pública, que han ido perdiendo junto con la mística de su proyecto desde la salida de López Obrador.
En la solicitud de licencia de Rocha Moya y el alcalde de Culiacán se ve la autoridad Sheinbaum, a pesar de su posición defensiva. Pero no puede permanecer ahí porque la acusación de “narcopolítica” contra el primer mandatario en funciones en la historia pone en entredicho la credibilidad institucional del país. Morena ha sido cuidadosa de respaldarlo como hizo con otras denuncias de ganar con el apoyo del narco en 2021, o de su implicación en el caso de El Mayo Zambada y el asesinato del exrector Héctor Melsio Cuén.
La orden de extradición de EU coloca otra vez el foco en la zaga de escándalos de corrupción y ostentación de riqueza de liderazgos morenistas, relacionados con denuncias de redes de huachicol fiscal o aquiescencia con el crimen desde gobiernos en otros estados. Su promesa de acabar con la corrupción con que llegó en 2018 está muy lejos de alcanzarse, como admite Citlalli Hernández cuando dice que no se trata sólo de ganar 2027, sino de ser un partido de “gente honesta”.
Hoy en la política nacional casi todos los caminos llevan a Washington. La exigencia de extraditar a Rocha Moya pone al gobierno en la decisión crucial de entregarlo o investigarlo en México, ya sea para inculparlo o protegerlo; a riesgo de echar fuego a la presión de Trump y gasolina a la oposición interna que ve en el hostigamiento estadunidense una oportunidad de remontar contra Morena; sin reparar en casos de evidente intervencionismo de los agentes de la CIA en operaciones en Chihuahua por acción u omisión del estado.
Los caminos de Sheinbaum han venido cerrándose por inacción contra la impunidad cuando conoció de denuncias contra Rocha Moya y otros liderazgos morenistas. Ahora la estrategia de ganar tiempo en el escenario del proceso legal y político conlleva el riesgo de paralizarla en la bifurcación del camino. Primero, por el temor a que la tachen de entreguista si finalmente accede a extraditarlo. Y segundo, no tiene espacio para aguantar la presión de Trump en la antesala de T-MEC sin debilitar más su posición para negociar los términos de continuidad del acuerdo. La campaña contra la narcopolítica en México ya está en el Congreso de EU, y según los republicanos apenas comienza.
En ese contexto tan complejo, Sheinbaum reclama pruebas a la justicia de EU o que desestime la acusación como asunto político, aunque la FGR ya abrió una investigación. El problema es que para EU la motivación es la presión misma, que se encenderá más con una respuesta sólo reactiva; aunque casi nada de lo que ha hecho para agradarlo, como enviar a EU decenas de capos del narco sin cumplir procedimientos legales, calman sus demandas.
La presión sobre un socio estratégico apunta a rebajarlo como poco confiable, si no accede a sus designios. Llegar con la imagen abollada a la negociación del T-MEC es el peor escenario para México, dado que su futuro está atado a ella. EU ha puesto en jaque la credibilidad del gobierno de Sheinbaum y Morena, a pesar reconocer avances en seguridad en golpes notables como la caída de El Mencho, y otras concesiones a Trump. Pero, en efecto, es difícil saciar porque a cada concesión incluye la siguiente demanda de un menú de asuntos económicos y de seguridad, o de corrupción, que debía haberse afrontado antes internamente.
Ahora el caso reaviva el temor a la desestabilización por una injerencia de EU, y por ello la forma de enfrentar este asunto dejará una huella indeleble en su gobierno y en el proyecto de Morena.
