Fin de El Mencho: la fuerza de tareas

La cooperación con EU no significa un retroceso en nuestra soberanía.

No sabemos con precisión todo lo sucedido en el durísimo y exitoso operativo militar que acabó con el abatimiento de El Mencho y con algunos de sus principales lugartenientes en Tapalpa, Jalisco.

Me quedó con varios puntos que son centrales en todo esto: en primer lugar, el riesgo y la entrega de los soldados y oficiales que participaron en el operativo y que pagaron con su vida, muchos de ellos, ese arrojo. Me quedo con los soldados, guardias nacionales y policías que fallecieron, junto con un número indeterminado de civiles, víctimas de las agresiones de los criminales en los 252 bloqueos que se dieron en las horas posteriores al operativo en Jalisco. Me quedó con el gesto de humanidad profundo, que lo honra, del secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo, recordando a los que perdieron la vida en ese operativo y en esos enfrentamientos.

Cuando se asegura que el Estado mexicano es más débil que los criminales, lo sucedido el domingo les demuestra que no es verdad. Lo que sucede es que se requiere la voluntad política y la convicción de asumir los costos que una acción de este tipo exige. Siempre son costos altos, pero los beneficios son mayores: pocas cosas le han costado más al Estado y a la sociedad que la política de abrazos y no balazos, que el empoderamiento de los grupos criminales, que les permitió en los últimos años incursionar en muchos ámbitos muy alejados de sus actividades originales del tráfico de drogas, los que más han afectado a la sociedad, desde la extorsión hasta el contrabando de combustibles.

Sin duda, y es lógico que así sea, para Estados Unidos el tráfico de drogas (en particular de fentanilo) y de personas es lo más urgente, aunque su interés pasa también por muchos otros ámbitos que involucren la actividad criminal organizada, conscientes, a ambos lados de la frontera, que todo lo que enriquezca a los grupos criminales se convierte en un potenciador de esas mismas organizaciones.

Hay un capítulo central en lo ocurrido el domingo, que es la cooperación del Ejército mexicano con sus pares de Estados Unidos a través de una nueva fuerza de tareas creada en el contexto del Comando Norte del Departamento de Guerra de la Unión Americana. EU y México han establecido la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Anticárteles (JIATF-CC), bajo el paraguas del Comando Norte (Northcom), para combatir cárteles de droga en la frontera común, como se divulgó, en forma oficial y en ambos países, luego del operativo del domingo.

Esta unidad, en funciones desde hace un mes y con sede en Tucson, Arizona, y dirigida por el general Maurizio Calabrese, se enfoca en inteligencia para mapear redes de cárteles a ambos lados de la frontera, involucra a múltiples agencias de EU y colabora directamente con el Ejército mexicano, como ocurrió en el operativo que abatió a El Mencho.

Su creación desde la lógica estadunidense está íntimamente ligada a la designación de los cárteles como organizaciones terroristas (de la que el sábado se cumplió exactamente un año), permitiendo mayor cooperación militar y de seguridad. Siempre hemos pensado que México tendría que acompañar esa designación, y lo ocurrido el domingo lo confirma: los cárteles son organizaciones terroristas. Me pregunto qué dirán los epígonos y bots que nos acusaron como traidores y violentadores de la soberanía, a quienes siempre hemos destacado la importancia de este tipo de cooperación militar. Nada fortalece más la auténtica soberanía nacional que detener o acabar a estos criminales que la usurpan cotidianamente.

La Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Anticárteles proporciona inteligencia estratégica, paquetes de objetivos y apoyo logístico, y México ejecuta las acciones en su territorio, como lo vimos el domingo pasado con el abatimiento de El Mencho, con sus propias fuerzas militares.

Vamos a ver a esta fuerza de tareas conjunta en operaciones en muchos más casos, porque a pesar de los costos pagados, ha demostrado con el abatimiento de El Mencho, su eficacia y las enormes posibilidades que le ofrece al Estado mexicano en su lucha contra el crimen organizado, si ésta se asume plenamente.

La cooperación en estos y muchos otros temas con Estados Unidos y otros países no significa un retroceso en nuestra soberanía, ni tampoco la cancelación de nuestra autonomía en términos de seguridad. El crimen organizado, en particular los cárteles, son grupos que tienen un carácter global (el CJNG controla unos 15 estados de la República, pero tiene presencia en cerca de 40 países de todos los continentes) y la lucha contra ellos también debe serlo. Por eso es realista confrontarlos desde una cooperación binacional que sirve, además, para atemperar las demandas, algunas justificadas, otras no, de la administración de Trump. Lo ocurrido el domingo con el abatimiento de El Mencho es parte de asumir esa realidad y, no nos equivoquemos, también una decisión personalísima de la presidenta Sheinbaum. Hay que celebrarlo.

 

Ni venganza ni perdón

La presentación del libro Ni venganza ni perdón, que escribimos Julio Scherer Ibarra y un servidor, podrá ser presenciada por streaming el día de mañana a las 19 horas, vía los canales de You Tube de la editorial Planeta y de ADN Noticias. El moderador será nuestro gran amigo y mejor periodista Leonardo Curzio.

X