Mi democracia

La democracia es un pacto que los mexicanos hemos venido construyendo a lo largo de muchos años y que implica que todos puedan acceder a los cargos públicos bajo las mismas reglas, pero también respetar la Constitución y la división de poderes. Hoy se quiere ...

La democracia es un pacto que los mexicanos hemos venido construyendo a lo largo de muchos años y que implica que todos puedan acceder a los cargos públicos bajo las mismas reglas, pero también respetar la Constitución y la división de poderes.

Hoy se quiere construir una visión personal de democracia, y eso debe alertarnos porque se hace a base de mentiras. Las recientes resoluciones del Tribunal Electoral y del INE, que retiraron la candidatura a los morenistas Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón, se basaron en que violaron la ley electoral y eso no se puede permitir, no porque respondan a una mafia del poder que no existe.

Calificar eso como un atentado a la democracia es manipular a los mexicanos. Decir que “el conservadurismo opta por el derecho; el liberador —y somos parte de un movimiento transformador— opta por la justicia…”, como lo fraseara el coordinador de los diputados de Morena, Ignacio Mier, es un escándalo que desvela una acción consciente y persistente por hacerse del poder a toda costa, minando la democracia y el Estado de derecho.

Morena construye su propia narrativa de “Mi Democracia”, es decir, la que se ajusta a “mis propósitos y visión”. Justo por eso la democracia de los mexicanos surgió para erradicar tales tentaciones autoritarias.

Quizá subestime a la y el lector, pero me imagino la existencia de una confusión ante tanto ruido político y reclamos de un complot de una mafia del poder que, si existiera como tal, debe ser muy poderosa porque un gobierno no ha podido desmontarla en los tres años que lleva.

La cosa es más simple. No existe fraude electoral y la justicia, cuando se aplica, no defrauda a nadie, pero sí provoca reacciones naturales en aquellos que pierden y por ello hay que defender tanto la justicia como la democracia.

¿Usted le llamaría injusticia si a la persona que le quiso robar una “x” cantidad de dinero —en este caso, defraudar la ley— o que han señalado de cometer un presunto abuso sexual, no la dejaran ser persona funcionaria pública?

Es justo lo que se hacía en el pasado y que hoy Morena quiere revivir para continuar en el poder. Es una pena para sus electores, pero México y su futuro son más importantes.

Es claro que son los mexicanos los que deben elegir su rumbo como nación y no un partido en el poder.

Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral, tiene un mandato constitucional, al igual que los consejeros que lo integran, y un compromiso con los mexicanos, el de salvaguardar nuestra democracia electoral.

Lo mismo ocurre con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Cuando sus resoluciones no son favorables a algún contendiente, suelen estar bajo ataque, como lo han estado luego de sus recientes fallos, quizá el más importante el que tiene que ver con eliminar las mayorías artificiales en el Congreso. Esto, sin duda, fortalece el equilibrio de las fuerzas.

Si bien se entienden las descalificaciones de Morena, definitivamente no es sano para la democracia la desproporcionalidad con la que se actúa desde Palacio.

Pero un llamado a la mesura es infructuoso, porque el construir a partir de las resoluciones es la pista donde mejor se desempeña. El problema es que hoy no se puede acusar al Presidente de la República de cooptar las instituciones ni de confabular contra la voluntad del pueblo, porque él mismo es esa autoridad.

El Presidente de la República no compite en esta elección, es él el evaluado. Y su movimiento Morena será el que se sacrifique por causa de un discurso que a los mexicanos ya no convence. Hay democracia.

Lo que sin duda no bajará de intensidad es la consecuencia pública nacional e internacional de intentar vulnerar la independencia de la Suprema Corte, causando una disrupción al propiciar que sus integrantes revisen un transitorio inconstitucional.

Acusar a las y los ministros de ser cómplices de la misteriosa mafia del poder si no resuelven de acuerdo con su interés, revela su total desconocimiento de cómo se procesan las cosas al interior del Tribunal Constitucional.

Cada gestión judicial dura 4 años y, por consecuencia, cada programa de trabajo se planea para realizarlo en el curso de ese mismo periodo.

Agregar mayor tensión al sistema de equilibrios provocará que los ciudadanos caigan en cuenta de que el personaje es el mismo, no importa si marcha por las calles u ocupa una altísima posición.

Joe Biden no aprobó el programa centroamericano de Sembrando Vida porque se trata de una iniciativa para fortalecer al eje populista. Así o más claro.

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